Una estación con identidad colectiva

Por Laura Cabrera – @LauCab/ Foto por Anita Pouchard Serra

Hoy se estrena en el cine Gaumont “Estación Darío y Maxi”, documental del realizador Ricardo Von Muhlenbrock, que refleja cómo Avellaneda no sólo dejó de llamarse así, sino cómo su estructura fue mutando hasta hoy, con una identidad nueva reflejada en las paredes que hablan desde aquél 2002 de la Masacre. Desde las 19, la puerta del cine estará cargada de música y poesía en homenaje a quienes lucharon y a quienes lo hacen hoy. 

Darío y Maxi nunca más podrá llamarse Avellaneda. No es por lo que la ley ordena, es por lo que compañeros y compañeras de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki junto a tantos que no llegaron a conocerlos, hicieron para que hoy la estación se vea así, sublimada y despojada del dolor, convertida en lucha y alegría, con paredes coloridas y cargadas de sentido. “Con el trabajo de los compañeros y de los artistas, ese lugar se ha convertido en un lugar vivo, con una vida que está en constante transformación y crecimiento”, destaca Ricardo Von Muhlenbrock, realizador y director de Estación Darío y Maxi, documental que se estrenará hoy en el cine Gaumont (Rivadavia 1635, CABA) y tendrá dos funciones diarias (12.30 y 19.30 en la sala 3).

Si bien en la esencia del film sobrevuela la figura de los dos militantes asesinados en la llamada Masacre de Avellaneda, la protagonista de la historia es la estación, esa que después de 2002 comenzó a ser llamada Darío y Maxi. ¿Cómo reflejarlo entonces? Lejos de utilizar material de archivo sobre la evolución de las obras y el crecimiento de los movimientos sociales que año tras año se acercan a ese lugar, Muhlenbrock decidió ponerse al hombro seis años de trabajo en donde todo fue cambiando, en donde los dibujos de las paredes se fueron acumulando como capas de un escudo enorme, el de cientos de militantes. “Hay obras que yo filmé y que ya no están”, comenta el realizador  que entiende ese espacio como algo “conquistado” por las luchas populares luego de  “años de peleárselo a la empresa, al Poder, al Gobierno, a la Policía, a la Gendarmería, quienes rompían las obras, mientras los compañeros año tras año volvían allí”.

La historia está contada por quienes año tras año vieron los cambios en la estación, por quienes pueden dar testimonio de quiénes fueron Darío y Maxi y de cuánto de ellos permanece allí, en la estación en donde de manera cobarde fueron asesinados. “Yo siento que los compañeros que aparecen hablan por todos los compañeros que no aparecen en la película. Eso es una construcción colectiva porque si bien en la película los testimonios tienen rostro, de alguna manera ellos hablan por los que no aparecen pero se reflejan en las paredes con sus obras”, explica Ricardo al hablar de un lenguaje que va más allá de las palabras y que se expresa en la simbología de las paredes, la fachada y cada rincón de esa estación que se convirtió en santuario.

La estación de corazón piquetero

Avellaneda es la localidad en donde hoy se encuentra la Estación Darío y Maxi, oficializada con ese nombre desde 2013 por disposición de la Legislatura. También es la estación en donde, en 2002, Kosteki y Santillán fueron asesinados por la Policía Bonaerense. La estación no sería hoy lo que es sin la existencia de ambos militantes, por eso el documental también habla de ellos, de lo que fueron esos dos que no se conocían y que se vieron unidos en la lucha. “Maxi era un artista, eso es interesante porque hacía dibujos, escribía, tocaba el bajo. Y  Darío se muestra como un compañero con ese gesto de quedarse con otro compañero herido a quien no conocía. Eso habla de él como ser humano, como militante, como revolucionario”, reflexiona el realizador de este documental al el testimonio de una compañera que lo conoció.

Y quizá fue todo ese arte del que estaba cargado Maxi y toda esa militancia revolucionaria que llevaba Darío lo que hizo que cientos de personas se movilizaran cada año hasta “Darío y Maxi”,como la llamaban a pesar de los dolorosos “estación Avellaneda”, que podían escucharse, por ejemplo, al ir a pedir un boleto a ventanilla. Pero un día algo de ese dolor se fue, algo se había logrado: la línea General Roca finalmente debía cambiar el cartel. Ya nunca más sería Avellaneda. “Esa jornada fue muy emocionante, nos tocó cuando estábamos con el rodaje. Fue una linda coincidencia ver a los compañeros tapando ‘Avellaneda’, pintando de negro el  cartel y escribiendo encima ‘Darío y Maxi’. Esas imágenes son valiosas, históricas”, recuerda Ricardo.

La cultura popular en movimiento y solidaridad

La puerta del cine Gaumont será desde las 19 de hoy el escenario en donde música y poesía re reunirán para rendir homenaje a Darío, a Maxi y a quienes hoy siguen luchando. En ese contexto tocarán La Combination y Rodiyon Mc, y se presentarán Vicente Zito Lema, quien recitará poemas sobre Darío y Maxi. Al finalizar la jornada se presentarña por primera vez Estación Darío y Maxi (desde las 20).

En un contexto socio histórico bastante particular en donde  las luchas populares resisten, el cine independiente se sigue movilizando pese al aumento de entradas, que fue de ocho a treinta pesos (en el caso del Gaumont). La cultura popular sigue resistiendo con documentales como este, en donde la historia más reciente se acerca para mostrar a los espectadores y las espectadoras cómo se construyó aquel lugar del conurbano bonaerense cargado de lucha y sentimiento, ese mismo lugar que algunos entienden con mística y otros como una simple estación de tren que por alguna razón año tras año deja mensajes en sus paredes.