107 Faunos: el imán de lo nuevo

Por  Mauro Petrillo*.

La escena del rock platense revivió desde hace un tiempo. Como un cometa que deja ver su cara cada 20 años la “ciudad de las diagonales”, renace de la mano del sello Laptra y resignifica el rock post Cromagnon. Ahí está 107 Faunos, colectivo sensible que reflota premisas y promesas que el mainstream deformó.

 Aunque las cosas como están no nos gusten,
aunque parezca imposible cambiarlas,
hay algo en nuestras almas que nos hace intentar y seguir.

(“Movimiento de las montañas”, 107 Faunos)

 A las puertas de la antigua casa de Villa Crespo devenida en centro cultural, se instala fluctuante la pequeña marea adolescente. Espíritu, energía, pertenencia ante todo. Mochilas y muchachos, mujeres bellas y fuertes. Estalla su universo ante los ojos, algo sucede y no hay dudas de ello. Qué, es aún incógnita. Despuntan el precoz e ingenuo vicio de la cerveza. Comunión etílica circulando. Espacio ameno, ajeno en principio. Pinta alegría. El calor de la manada. 

El asunto comienza a suceder ante mis ojos. El grupo se nutre de la energía de los otros, de nosotros. Acordes básicos, pifias, desafinaciones. Seduce el error, hipnotiza la palabra, el decir encadenado, coloquial, poético que desgrana experiencia compartida, evidente, con un todo magnánimo que acompaña y repite las palabras. Un rezo, mantras de un segundo al corazón.

Miran La Plata, esa cuna de Redondos, Virus y Gorriones, desde propios y melancólicos ojos. Despacio pero con prisa. Travesías constantes y un mundo hostil mirado, escrutado, con prisma vital. Las paredes de las calles del pueblo están llenas de posters de bandas tributo y para la falsa aristocracia que llena los lugares, nosotros somos lo menos. Los faunos, seres mitológicos, mitifican su hábitat. La sencillez de un sentir opacado por los maestros del rock. Toda premisa nostálgica de la niñez y la pubertad expuesta y reivindicada, no hay enojo, ¿hay rock?

Contemplación onírica y citadina. Un dejo de saudade desterrado, no ajeno al tiempo y al espacio. La ciudad y su paisaje decadente, toma forma y construye un mundo nuevo. Belleza sin metáfora. Este día el sol me premia, cubre de naranja los monoblocks y las palmeras. El barrio, tan rock, tan re-tomado, adquiere fuerza, se reincorpora ridículo y paródico, en un nosotros por fuera del rock, quizás tan propio que asusta. La pertenencia en la frustración, una nueva decadencia. Sentado en el cordón, tomando Pepsi en lata.

Frustración, soledad y depresión. Desconcierto ante el mundo de grandes. El mundo, a secas, repele al distinto, así es, así será. La jactancia del distinto, tan rock, tan efusivamente rock, aparece solapada, desconcertante. No sé qué está pasando, pero a todos mis amigos les va mal. No sé  cómo entender la libre competencia ni el mercado laboral. El fracaso de los otros es un triunfo tuyo. Pero hay algo que yo se: Saltás con el A y disparás con el B. Antiguas consolas de video como escape, juego y comunión. No hay futuro, está muerto o, mejor aún, volviendo. Todas las mañanas empezamos de cero, tirados como animales muertos. Se reescribe así la máxima más regurgitada y diluida del movimiento punk (Antolín amigo y parte de la pandilla Laptra reza apocalíptico, voraz y contundente: La vida es cíclica nena, yo le di vuelta al pac-man)

La primera experiencia contemplativa muta. Transformación del ser experencial que de espectador contemplativo, flauneur Baudeleriano, metamorfosea en espíritu común, en un todo alegre y despreocupado que salta y grita, que es parte, que se siente parte, que integran con amor vital.

Mochilas Jansport bamboleantes, frentes sudadas, mi frente sudada como antaño. Fuera del recinto el otoño melancólico tirita y espera que la pequeña turba, no iracunda pero agitada, se disperse y continúe, cíclica y atónita, con sus quehaceres.

Autogestión, punkitud satírica pero real, acoso total al colectivo rockero, puesta en escena y autodeterminación. Mirada firme y directa, de frente, a los ojos. Es rock, esos corazones jóvenes, apenas en número, tan en actitud, lo comprueban, aunque no suene como AC-DC.

 

*Investigador del Centro Cultural de la Cooperación- Departamento de Literatura. Miembro del seminario “Las letras de rock en Argentina. Crónicas de la revolución perdida”.