24 de marzo de 1976: desde qué lugar se cuenta la historia

Por Noor Jimenez Abraham* – @noor_j_abraham

El golpe de Estado que llevó al país a una dictadura se autoproclamó Proceso de Reorganización Nacional; a partir de ese nombre, se continuaron terminologías con las que se intervino la racionalidad popular. Para las mujeres, el “Nunca Más”, 39 años después de ese 24 de marzo de 1976, fue el “Ni una menos” del 3 de junio de 2015 porque con la democracia no se come ni se vive, si una de las mayores deudas del sistema es con ellas.

Operar la realidad a través del modo que se elige para contarla es parte de las manipulaciones cotidianas con que se pretende distorsionar la apreciación de los delitos, de calculado efecto cuando ese relato viene desde quienes detentan el poder:

Desaparecidos – insistiendo en disipar los motivos de las ausencias. Tal lo expresó el presidente de facto Jorge Rafael Videla: “es una incógnita el desaparecido…no tiene entidad. No está ni muerto ni vivo, está desaparecido… Frente a eso no podemos hacer nada”.

Por algo será –justificando las brutales violaciones a los derechos humanos.

Algo habrán hecho – con la intención de penetrar en el inconsciente colectivo la idea de culpabilidad de un enemigo.

Los argentinos somos derechos y humanos –invisibilizando atrocidades contra las personas.

La teoría de los dos demonios –buscando poner en plano de igualdad la responsabilidad del Estado frente a la de la ciudadanía.

Los vuelos de la muerte –una clasificación de crímenes como si fueran una práctica de aventuras, dentro del paracaidismo o de la aviación

Eslóganes, frases hechas, repetidas como mantras hasta vaciarlas de contenido; un pueblo inconsciente, dormido, callado, que no molesta. Y los discursos que se convertían en propaganda política que buscaba anestesiar las voces. Eran épocas de comunicados, que no dejaban margen para el pensamiento ni opciones para disentir; forma aletargada de bloquear la libertad de prensa y la libertad de expresión, y aún peor, la libertad de pensamiento.

En vísperas del retorno de la democracia, que se concretó el 10 de diciembre de 1983, Raúl Ricardo Alfonsín acostumbraba a recitar el preámbulo de la constitución nacional en los actos proselitistas: constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que deseen habitar el suelo argentino; él arengaba al pueblo con frases como  “con la democracia se vota, pero también con la democracia se come, se educa y se cura“.

Las palabras de cierre del alegato del fiscal Julio César Strassera en 1985 cuando se realizó el juicio a las juntas se basaron en el trabajo  de la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) que investigó las violaciones a los derechos humanos. Este informe final fue publicado en forma de libro bajo el nombre de Nunca más, título  elegido porque era el lema utilizado por los sobrevivientes del Gueto de  Varsovia para repudiar las atrocidades cometidas por los nazis.

Strassera quedará en la historia con estas palabras: “Señores jueces: quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar  una frase que no me pertenece, porque pertenece ya  a todo el pueblo  argentino.

Señores jueces: “Nunca más”.

A cuarenta años de ese golpe, se resignifica el discurso para poder contar la verdad de los hechos. Así, comenzando por el nombre de la efeméride, Día Nacional de la memoria, por la verdad y la justicia, al hablar de lo sucedido se hace referencia a crímenes de lesa humanidad para dejar en claro que fue un ataque integral, con motivos ideológicos, carente de humanidad, perpetrado por el Estado, en forma generalizada y cuyas consecuencias no prescriben.

Hoy esa dictadura es reconocida como cívico, militar, empresarial y eclesiástica, porque sin la complicidad de todos esos estamentos, hubiera sido imposible de llevarse a cabo. Como sucede con todos los delitos cometidos en grandes proporciones.

El poema de Mario Benedetti, Por qué cantamos, termina:

Cantamos porque el grito no es bastante; Y no es bastante el llanto ni la bronca;
Cantamos porque creemos en la gente; Y porque venceremos la derrota.

Que las palabras no queden vacías de contenido nuevamente, porque todavía hoy las llamadas desaparecidas en democracia tienen una identidad que debe ser reconocida, las mujeres maltratadas muchas veces deben permanecer en sus casas no porque les gusta sino porque no tienen forma de auto-sustentarse y las prostitutas son de hecho  mujeres y niñas en situación de prostitución que elegirían otra vida de tener posibilidades.

Las mujeres fueron doblemente víctimas durante el terrorismo de Estado, porque en su condición de género eran obligadas a parir sobre mesas, solas, maltratadas y debieron entregar  a unos hijos recién salidos de sus úteros aún dilatados. Ellas fueron abusadas y así sigue sucediendo con tantas otras en un país que se reconoce como que otorga la potestad social de transitar libremente por su suelo.

Es un genocidio el crimen de mujeres si se reconoce que una cada 30 horas puede morir en manos de personas que son o fueron de su circuito íntimo. Y el Estado, las empresas, las instituciones y la sociedad en general deben comprometerse para que no se repita el algo habrán hecho cuando una adolescente es asesinada y se pretende juzgarla por haber ido a bailar, usar ropa propia de su edad o disfrutar del amor libre.

Son humanas pero sus derechos se ponen en duda. No hay dos demonios, sino uno sólo, el machismo, tan metido en las entrañas de donde se debería proveer la defensa común. El informe final de cada año de la ONG Casa del Encuentro deja en claro los números de los crímenes que se dan en los territorios de Argentina, en todas las clases sociales y a cualquier edad.

El Nunca más 39 años después de ese 24 de marzo de 1976 fue el NiUNaMenos del 3 de junio de 2015 con el que se llenaron las mismas plazas que exigieron la vuelta a la democracia. Debería arengarse desde la política, entonces, que tanto en la ley como en los hechos se concrete la igualdad de salario ante el mismo trabajo, el derecho a una reproducción libre  y a una educación plena además de contemplarse el reparto de tareas de asistencia como un bienestar general. Porque no se promueve la justicia cuando no se permite a las mujeres cumplir con los cupos para los cargos públicos y se las aleja de las altas jerarquías en los privados.

Con la democracia no se come ni se vive, si una de las mayores deudas del sistema es con las mujeres, ya que sigue siendo una gran vulnerabilidad serlo, en el siglo XXI, en el que además, todas, en algún momento, fueron, son o serán, migrantes, analfabetas, pobres, niñas, con alguna discapacidad, de pueblos orginarios, del colectivo trans, adultas mayores o alejadas de los parámetros de belleza, y una vez más doblemente vulneradas a través de características vitales que hoy, son también la dictadura.

 

*Doctora en Ciencias de la Comunicación Social