El kirchnerismo buitre, otro signo de un cambio irreversible

Por Mauricio Polchi – @MauriElbueno

El debate por el acuerdo con los fondos buitres dejó al desnudo las internas y disputas que atraviesa el Frente para la Victoria. En total, 6 diputados y diputadas votaron junto al macrismo y otros sectores de la oposición. Uno de ellos lo hizo después de abandonar el bloque parlamentario. Con deserciones, traiciones, falta de disciplina partidaria y un pase de facturas constante, el kirchnerismo atraviesa un fenómeno de divisiones y deslealtades, tan inevitable como irreversible.

Los votos

El martes de 15 de marzo, a las 12.26, el presidente de la Cámara, Emilio Monzó, anunció que con 147 diputados presentes arrancaba la sesión especial para analizar el proyecto del Poder Ejecutivo de “Normalización de la Deuda Pública y Recuperación del Crédito”. La iniciativa del gobierno nacional, con aval parlamentario, permitirá convalidar al acuerdo para pagarle a los fondos buitres, con una deuda de más de 12 mil millones de dólares, a partir de la derogación de la Ley Cerrojo y la Ley de Pago Soberano.

El quórum para habilitar la sesión se lograba con 129 miembros en el recinto, y esa misma cantidad se requería para aprobar la norma. A Monzó, efectivo operador del PRO, le sobraron 18 legisladores y legisladoras para iniciar el debate. El primero en sentarse en su banca fue el socialista Hermes Binner. Luego, ingresaron al recinto los miembros del Bloque Justicialista que encabeza Diego Bossio. Minutos después apareció el Frente Renovador de Sergio Massa.

Al mediodía, con esas presencias opositoras, y con esos gestos, el macrismo comenzaba a saborear un triunfo que sobrevendría 20 horas después, tras una jornada maratónica que culminaría con un resultado final de 165 votos a favor y 86 en contra, tal como quedó registrado en el tablero del parlamento, clavado en las 8.35hs del miércoles 16 de marzo. En esa misma pantalla luminosa también figuraba la cantidad total del cuerpo, con 252 presentes y 5 ausentes. Sin embargo, lo que no reflejaba el cartel electrónico era la débil y precaria unidad del Frente para la Victoria en el Congreso, que ya no convivía con una grieta interna sino con una implosión incontrolable que dividía al bloque.

Con Maurice Closs, Silvia Risko Jorge Franco, Ramón Bernabey, Myriam Gallardo y Graciela Caselles, devenidos en aliados circunstanciales, la restauración neoliberal se aseguraba endeudar al país bajo el argumento del equilibrio fiscal y las futuras inversiones, tal como lo explica la inoxidable obra “Los Vendepatria. Las pruebas de una traición”, de su líder histórico, el ex presidente Juan Domingo Perón. En esas reflexiones, editadas hace casi medio siglo, en Caracas, Venezuela, Perón advierte que “el capital extranjero aparece como una especia de ungüento curalotodo que se ofrece gratuitamente para curar nuestros males”.

Los votantes

“A mí me pagan para venir a laburar acá. Y este tema lo tenemos que resolver”, dijo el diputado por Misiones, Maurice Closs, cuando fue consultado por Marcha acerca del quórum en los días previos a la sesión. De esa manera, el ex gobernador descartaba bloquear el debate y exponía diferencias con el Jefe de su espacio, el experimentado Héctor Recalde. Sin embargo, el objetivo principal del misionero era despegarse de la línea que bajaba la agrupación La Cámpora. “Que el quórum lo consiga Paul Singer”, había lanzado Andrés Larroque, referente de la organización que conduce Máximo Kirchner. En concreto, Maurice Closs, Silvia Risko y Jorge Franco, fueron los representantes de la provincia mesopotámica que rompieron el acuerdo de su partido y votaron junto al oficialismo.

Casualmente Closs, junto al ex titular de la Anses, Diego Bossio, se convirtieron en la postal de un cambio tan inesperado como irreversible. Ambos, que habían sido elegidos para ocupar algún Ministerio ante un posible triunfo electoral de la formula Scioli-Zannini, ahora salieron a respaldar una controvertida medida de la alianza Cambiemos. A Bossio le adjudican, a partir de la publicación de un mensaje por whatsapp, haber canjeado su posición por impunidad, más allá de los conocidos sanguchitos o los mates fríos. Al otro, beneficios para su región.

El cordobés Ramón Bernabey, a contrareloj anunció que también dejaba el kirchnerismo para crear el monobloque “Brigadier General Juan Bautista Bustos”. Su partida desembocó en un fenómeno inalterable, el FpV baja su marca, suaviza su intervención, deja de gravitar, y solo se sostiene en la mística que inspiran la figura de Néstor Kirchner y el liderazgo de Cristina Fernández. Por ahora cuenta con un total de 80 diputados, pero indefectiblemente el número se achicará con el correr de las semanas.

Otra postura cambiante se expuso con la diputada tucumana Myriam Gallardo, que responde al actual gobernador Juan Manzur. Cuando ganó las elecciones en 2015, el ex Ministro de Salud fue acusado de fraude por el actual presidente Mauricio Macri y debió soportar duras acusaciones en su contra, principalmente por su rival y actual integrante del gabinete nacional, José Cano. “Hubo irregularidades”, cargó Macri en aquella instancia y puso en duda los comicios provinciales, en un contexto de movilizaciones callejeras que exigían claridad en las urnas y evidenciaban una crisis institucional. “Quieren generar un clima de violencia”, le respondió Manzur. A pocos meses de esos hechos, todas esas imputaciones cruzadas quedaron en el olvido y por eso Gallardo, del FpV, por sugerencia de su conductor, también se pronunció a favor del acuerdo con los buitres. Los otros tres diputados tucumanos que componen esa fuerza, lo rechazaron.

Un camino similar, y exótico, transitó la sanjuanina Graciela Caselles que responde a José Luis Gioja, uno de los hombres apuntados para conducir el PJ Nacional. La postura de Caselles sorprendió a propios y extraños porque confrontó con su propio padrino político, ya que Gioja se opuso a la hora de la votación. Ese acto de indisciplina, impactará en un futuro reacomodamiento de los congresales cuyanos.

En total, los que rechazaron el proyecto fueron 74 diputados del Frente para la Victoria, 4 legisladores del Frente de Izquierda y 3 de Libres del Sur. También lo hicieron Alcira Argumedo, Carlos Heller, Juan Manuel Pereyra, Oscar “Cachi” Martínez y Omar Plaini.

Ahora las expectativas sobre el devenir de la deuda y el pacto con los buitres se tramitan en la Cámara de Senadores, donde la bancada del FpV tiene mayoría, con 40 de 72 miembros. El ex Jefe de Gabinete K, Juan Manuel Abal Medina, al igual que su superior, Miguel Angel Pichetto, pidieron contribuir “a la gobernabilidad”, en un claro guiño al ejecutivo.

Aunque tenga los números a favor, la construcción de una resistencia antibuitre en el Parlamento se diluye. Condicionados por las provincias que los eligieron, los senadores conviven con las presiones de las clases dominantes territoriales y las exigencias de sus representados, quienes se identifican con los empoderados de CFK. Sus votantes, mientras aguardan por la reaparición de La Jefa con encuentros sueltos en plazas y parques, dilatan su repliegue y el ansiado contrataque. Con migraciones y divisiones constantes, parafraseando el slogan camporista, el kirchnerismo vive un cambio #irreversible.

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