Venérea (Primera parte)

Por Fernando Catz/ Ilustraciones por Fernando G. Ramos

Relato preapocaliptico donde una periodista toma el encargo de investigar una extraña droga sexual. Cuanto más se acerque, más cambiará su vida.

Una droga comienza

“Esta noche, un minuto después de las doce, nacerá una nueva nación. El demonio de la bebida hace testamento. Se inicia una era de ideas claras y limpios modales. Los barrios bajos serán pronto cosa del pasado. Las cárceles y correccionales quedarán vacíos; los transformaremos en graneros y fábricas. Todos los hombres volverán a caminar erguidos, sonreirán todas las mujeres y reirán todos los niños. Se cerraron para siempre las puertas del infierno. ”                                        

Andrew Voldstead, impulsor de la ley seca, 1920

 

-Para vos va a ser fácil meterte en esto del sexo, sos minita, joven, no estás mal- Beatriz salió del despacho un poco consternada. Le repicaban en la nuca las palabras de Black. -La cosa ya se está volviendo tema del día y dicen cualquier pavada. No quiero la mierda que hacemos siempre. Esta vez vas a poder hacer lo que reclamabas. Tomate tu tiempo, juntá datos, testimonios, entrevistá funcionarios, especialistas, pedíme si necesitás algo. Tanto hinchás con el periodismo de investigación, vas a ser mi investigadora. Después vemos qué publicamos. Pero yo quiero saber qué está pasando.

La oferta de su jefe era jugosa, lo que la hacía tentarse tanto como desconfiar. Era una oportunidad para demostrar su capacidad. En una de esas podía romper el techo de cristal que no le dejaba subir más allá de las notas sin firmar o las boludeces de color. Y sobre todo, ella también quería ver de qué se trataba.

Hace un par de días había escuchado una discusión sobre el tema entre dos amigos. Uno tenía un pesimismo conspiranoico, el otro, una esperanza romántica. Para uno era una forma de animalizar y enganchar a las personas para hacerlas más domesticables, para el otro, un portal a una nueva era de amor y consciencia universal. Gritaban apasionadamente mezclando todo. Uno hablaba de las investigaciones de Wilhelm Reich, la SexPol comunista y la energía universal del Orgón. El otro le respondía con la Bomba Gay que había desarrollado el Pentágono para que sus enemigos no pudieran resistirse a la atracción que sentían entre ellos en las trincheras. Entonces el primero le retrucaba con las ceremonias bwiti y el uso de la raíz de Iboga con fines curativos de las adicciones, afrodisíacos y enteógenos. Se basaban en rumores, especulaciones y proyecciones propias. Del eje del debate era poco lo que sabían en concreto: que circulaba clandestinamente una droga desconocida, era de un nuevo tipo, afectaba el deseo y la satisfacción sexual.

Beatriz decidió juntar unos datos antes de darle una respuesta al jefe. Arrancó con el trabajo de escritorio. Buscar en internet, en los archivos del diario, escribir por información a las oficinas estatales. Había mucha carne podrida, data poco jugosa. Pero si una sabe buscar, discriminar, leer entre líneas, puede reconstruirse el trazo grueso del dibujo.

La información oficial era escueta: “Las autoridades advierten a la población la circulación de una sustancia no autorizada que presenta riesgos para la salud. Lo que se conoce como una droga sexual no se trata de un medicamento, suplemento o alimento beneficioso para la salud sino de elementos desconocidos, ilegales y/o adulterados distribuidos por personas inescrupulosas que lucran en perjuicio de la salud de la población. En caso de ser ofertados o contar con información al respecto, se recomienda evitar el contacto o consumo y denunciar inmediatamente a las autoridades competentes”.

Cuando llegó a su casa se puso a ver informes de noticieros en relación a la droga. Eso la llevó a encontrar videos de personas hablando supuestamente bajo sus efectos. Iba registrando fragmentos:

“Un mundo nuevo. Me siento parte. Consciencia. Las instituciones humanas se desdibujan, son ridículos tigres de papel. Nada parecido. No es sexo, va más allá. Es alucinar otro mundo con el cuerpo, en este mundo. Es un trance calmo, sin frenesí, muy despierto. Romper las barreras del yo sin perderse, trascender el cuerpo sin despegarse, transformándolo. Tu mente pega saltos sin perder nada, focaliza todo lo importante. Dudás todo lo que sos, lo que pensabas que eras. No hay miedo ni angustia. Te da poder, libertad. Siento que por primera vez entendí qué era la comunicación, no sólo con otras, otros, con algo que fluye de adentro mío, a través mío”.

Eran muy distintos pero algo los hermanaba, no podía distinguir qué, como una especie de tribu urbana que no se identificaba por la ropa ni la música. Era raro ver gente escrachándose así frente a una cámara. Sonaban como personas que consumieron drogas alucinógenas pesadas, aunque hablaban con lucidez, manejaban muy bien la retórica, emanaban carisma, encanto en cada gesto. ¿Los videos estaban trucados, actuados? ¿Eran profesionales? ¿Quién estaba atrás de esto?
Anotó en su cuaderno: “¿Qué es esa droga? ¿Quiénes la consumen, en qué ámbitos? Las otras drogas legales o ilegales son de uso recreativo: divertirse, expandir la experiencia, estimularse… También hay otras sustancias a las que no llamamos drogas pero se usan ilegalmente: suplementos para transformar el cuerpo, anfetaminas para que el cerebro funcione más rápido, píldoras para despertarse, para dormirse, para no deprimirse, anabólicos para que crezca la musculatura, viagra para tener erecciones, hormonas para transformarse en el otro género… Esta parecía tener un poco de todo eso, y también algo más, diferente a todo lo conocido.”
A las 6 de la mañana escribió un mail a Black: “Mañana llego tarde. Por favor no me asignes tareas. Acepto el trabajo que me propusiste”.

La siguiente jornada laboral fue corta e intensa. Recopiló, filtró, ordenó mucha información. Y era solamente lo primero que aparecía en público. Se detuvo en un estudio científico:
”Se observa en los experimentos una gran estimulación del deseo. Los individuos señalan también un aumento de la satisfacción y la performance sexual en general (aunque se discute si es un efecto físico o derivado de los otros).
En el mediano plazo se observaron transformaciones en la identidad y atracción de género de los individuos. Varía de persona en persona, pero se señalan cambios físicos y emocionales. Aparición de los caracteres primarios del sexo opuesto. Crecimiento de los senos en los hombres, de la musculación y vellosidad en las mujeres, etc. Las mujeres se vuelven más agresivas, tienen más iniciativa. Los hombres se vuelven más sentimentales, les gusta recibir placer. En ambos sexos crece la homosexualidad. Los cuerpos cambian, sin embargo el mismo uso de la droga produce indiferencia en los propios usuarios, quienes aceptan el cambio en el cuerpo propio o ajeno. Se observan también conductas de desapego y promiscuidad.”

Antes de irse, se reunió brevemente con su jefe. Negoció sin resistencia la disponibilidad de recursos. Era hora de salir a la calle.

*  *  *

-Hola preciosa, pensé que no me ibas a llamar más…
-Necesito verte.
-Claro. ¿Qué querés que te lleve?
-Ahí lo hablamos. Te pago el viaje.
-No te preocupes, ya me lo voy a cobrar.

El Choco había sido su dealer. Lo citó en un bar del centro, lleno de ruido, recambio de gente todo el tiempo. Ideal para estar escondidos a la vista de todos. Apenas la escuchó, al Choco le cambió la cara. Se rió nervioso y le dijo:

-Nunca pensé que vos, la recatadita, ibas a venir a pedirme una cosa así. Y menos que iba a ser yo el que te dijera que no te metas algo. Primero, eso es cosa de putos y a mí, los putos me dan asco. Segundo que yo tengo mis límites, capaz ya estoy viejo y quiero cuidarme un poco. Prefiero a los paqueros. Se descontrolan, pero se van poniendo flojitos, vacíos. Pierden la cabeza, entonces si los sabés llevar los convencés de lo que quieras. Vos tenés lo que necesitan. Por vos hacen cualquier cosa. En cambio uno de estos putos dados vuelta, se ponen todos anabolizados, la lechita los pone fuertes, ¿viste? –otra risa nerviosa, y después una cara muy seria- y encima se ponen muy pillos, y no los para nadie. Te engatusan y vos terminás laburando para ellos. Yo no quiero terminar con el culo roto.

-Te agradezco el aviso. Yo lo que quería es investigar, no consumir. No te preocupes, vos me conocés, sabés qué quiere decir eso viniendo de mí. No soy buche, no quiero mandar a nadie en cana. No más contar las cosas como pasan. Quién la toma, cómo pega, dónde la mueven. Quiero contar cosas nuevas.

-Si lo que querés es investigar cosas nuevas, yo te recomiendo un clásico, la pepa, o el éxtasis, ya no hay tanto, yo igual te consigo. Ahí vas a tener muchas cosas nuevas para contar –esta vez la risa fue espontánea, fuerte y sincera.-Ahora se usan mucho las sintéticas, para vos te separo algo que puedas confiar, que pegue fuerte y no sea peligroso. Por los viejos tiempos.

-No te pongas pesado. Quiero saber de la droga sexual. ¿Cómo pega esto?
-¡La droga sexual! –largó una carcajada. –Hablás como un médico nena. Esto no es viagra. Estamos hablando de droga. No es la farmacia. Si querés conseguir tenés que saber cómo pedirla. Afrodix, afrodita, frotadita, frutita, manzanita, conejito, penetril, pingui pongui… Te la ponés en gotas sublinguales, supositorios, si te das maña te la inyectás y si tenés la suerte de conseguir la original, te podés poner parches de gel dérmico, aunque eso ya es casi imposible. Ahí tenés, palabra de especialista.

-Bajá un poco la voz boludo. ¿Hace cuánto que circula esto? ¿Quiénes la toman?
-Mirá, al principio fue medio como siempre. Gente de guita la empezó a sacar de la galera, la traían de afuera o le metían plata encima a alguien que labura en laboratorios. En seguida se notó que no era una pildorita para ponerla. Hasta ahí no pasaba nada, no era ilegal, apenas se conocía. Mientas era una diversión o un experimento para los chetos, nadie le daba bola. Los canas se hacían los boludos, después empezaron a hacer sus cositas, a tirársela a los barrios que querían manejar para hacer unos pesos extras. Empezó a circular más, a fabricarse acá y traerse en cantidades. Ahí la cosa se puso rara, la gente piraba, largaba el laburo, se iban a la mierda. Parece que a la hija de un político la agarraron choreando con gente de la villa, ahí rodaron algunas cabezas, así y todo seguía siendo algo que no salía en la tele.
Ahora hay por todos lados, ni sabés qué mierda le meten. Se está poniendo pesado, se les fue de las manos. Empezaron con operativos, a reventar los bunker. El otro día entraron con un bazukazo. Se los llevaron y no los vio más nadie. Ser transa ya no es como antes, no es más un laburo digno. Yo estoy grande, me quiero jubilar, ¿viste? Medio como vos. ¿No puedo poner un kiosquito ahí en el diario?

-Pará, no entiendo cómo pega, qué tiene de nuevo, de diferente, que todos hablan.

-Yo tampoco entiendo qué le ven. Al principio no parece que estén drogados, se ponen simpáticos, te chamuyan. Casi sin darte cuenta te están queriendo coger, que ya ni sabés si son hombre o mujer.

-¿Y ellos qué sienten?
-No sé. Cuando te cuentan hablan como evangelistas. Evangelistas del garche.

-Necesito conocer más de cerca. Decíme adónde voy, con quién hablo.
-Ya estas vieja y careta, ¿eh? Antes no hacía falta que nadie te contara dónde estaba la movida. Andá a La Sivia, es un boliche, ahí andan con eso. Cuidate, no digas que no te avisé. Además no te va a gustar, no es tu estilo. También averiguate dónde queda la Clínica de Rehabilitación “Nuevo amanecer”, y andá a hablar con el Doctor Florente. No me preguntes cómo lo conocí, ni le cuentes a nadie cómo lo conociste vos. Andá y preguntale sobre las cosas que vio, a ver si te saca las ganas de andar haciéndote coger por cualquiera. A él sí podés decirle que vas de mi parte, es menos careta de lo que parece.

                                       *  * *

Todo estaba rojo. El humo, la ropa de cuero, los desechos industriales en las paredes, los implantes subcutáneos, apenas se distinguían bajo esa luz intensa que de a poco fue mutando al verde. Descontrol de revista de diseño. Se dejó llevar a través de ese laberinto por el RRPP, que para hacerse el simpático cada tanto le gritaba algo al oído que ella no entendía. Nunca le gustaron los boliches y este era de los más exclusivos, es decir, de los más excluyentes. La habrían rebotado en la puerta si no fuera por el pase de la sección de entretenimiento del diario. Eso ayudó a entrar, no a sentirse cómoda.

El RRPP la invitó a pasar al área VIP. Había una onda sadomaso y varios espacios privados. Ya conocía el circuito. Los negocios del placer la podían incluir como un producto más entre el sexo y las drogas. Había colaborado en una investigación sobre el tema y sabía que tenía que andar con cuidado. Por ser mujer ya aprendés que siempre tenés que andar con cuidado, pensó, y ella merecía un diploma especial de eso, con las que vivió. Pero no buscaba consumidores de elite; además de ser los más peligrosos, ella quería conocer a los usuarios promedio.

Resolvió dar unas vueltas por la zona común. Pidió un trago. Miró y se dejó mirar. Otras mujeres eran abordadas una y otra vez, escuchaba repetir los mismos chistes, las sonrisas impostadas, las miradas punzantes, el hablar demasiado cerca, el insulto después del rechazo. Unos jóvenes llamaban la atención. Bailaban exponiendo sus cuerpos trabajados y una sensualidad actuada, exagerada con la música. Eran habitués contratados para simular un ambiente de porno soft. Hasta acá, todo como siempre. Decidió pasar a la fase II. Fue al baño a maquillarse más provocativamente, acomodó la ropa de una forma más sugestiva. Recursos.

Un hombre se acercó a hablarle. No era el perfil que buscaba. Después, una mujer. El tercero le llamó más la atención.

-Vení con nosotros, estamos con unos amigos y unas chicas que conocimos y nos falta una para equilibrar.
Llegaron tragos, risas y más tragos. Uno de los tipos propuso ir a otro bar que él conocía, los llevaba a todos en la camioneta. Cuando iban saliendo empezó a notar algo raro. Se impacientó, quiso irse, uno la retuvo del brazo. La cosa se estaba complicando.

-Soltame hijo de puta- gritó. El que estaba frente a ella se dobló, con los huevos de moño. La cara del que la agarraba sangró por el arañazo. No consiguió agarrar el gas pimienta del bolso, el mundo se ponía borroso. -De esta no salgo, me dieron algo- fue lo último que articuló su cerebro. Sintió gritos y que la llevaban a la rastra, casi flotando.

 

Continuará…

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*podes leer mas trabajos del autor en :Ya está pasando