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Por Lucas Peralta. Poema perteneciente al inédito libro Escombros, enviado por el autor especialmente para Marcha.                  

I

Ni siquiera quedará el encapotado lenocinio de bravura y
brea frecuente. Las versiones de la soledad -y zanja- ladean
por el indebido tumulto de voces no cerebrales de intuición e
instinto que glosa este linaje más allá de ciertos poemas
que crecen en el anverso, y que rajan la cara.

Por dónde empezar en estos días de resultado abolido,
de tarascones en la herida estéril creada hasta el hartazgo.
Origen. Pacto forzoso atinado. ¿Habrá acaso que flaquear
en la desrauda e insondable quietud de las primeras palabras?

Por favor, alguien que plasme estos derrames.

II
Escribir como con ruido. A gritos. A pedradas de fusta apariencia
en el departir tácito del pregón en el cogote. Por lo oscuro,
son voces las que ensayan al reparo de la sombra de las palabras y,
al cobijo bebido del río, el atolondrado pedazo textual considerado.

¿Los dos versos de Comentario XVII? Sencillo el intervalo en
medio de la turba. No obstante, el intervenir la limosna hará
reponer la recaída, bailotear en óbice yunta, y, en posible yunta,
abrigar aquellos párpados que el baldío mujeril fechó.

III
¿La página sesenta y seis de Trilce? Sí, y toda la pobreza atardecida
bajo vinos y versos interminables como alhaja digna plausible en los
desatinados decesos de mesas y preguntas. Ánimo y lenguaje previo
en medio de una no seca, sino chorreada realidad para regular el
habla como instrumento y laburo comunicativo.

Encauzar y emitir con descaro la palabra desencajada en bloques léxicos
y visión de totalidad. Así, como fragmentos aislados latentes, o esquemas
e intuiciones agotadas rigen las bases que, a los ponchazos,
comunican la densidad única e irrepetible de toda obra que sueña
explotar por ahí.

IV
Métrica, estructura sonora, ritmo, imagen o propósitos desestimados
de jerarquías en impío orden, coso este, o resabio guacho de escuelas.
En este incalculable amasijo de términos macilentos y depuestos, se decomisa
el habla infecunda y voraz, las infringidas y desharrapadas unidades léxicas,
o los tropiezos incurables y semánticos.

¿Y todo esto? Ecos descocidos o roturas cargantes en árido papel frente a palabras
ya ajadas por el color y el dolor de la grieta; solo un puñado de significados al ras
que, en preces, se debaten el signo en medio de una maraña que arropa los límites en
acto y carga; vestigios que por falta de tiempo –aunque cautos- recapitulan toda esta
sarta de palabras al pedo arrojadas como imagen; sobras, nómina precisa de sombras.
Nada más. Palabras, nada más, o sombra de palabras como faca y canto. O versos
raptados y emitidos como bastón siquiera.

V
Alboroto aprensivo y puntilloso en discurso repetido subyacente, mensaje y objeto
que deriva y funda todo lenguaje aislado como resonancia poética y razón de ser en
ambos planos de abolida petición. Los golpes reclaman imposibilidad, creación y
comentarios de lo que casi logramos. Exégeta por los resquicios; las rendijas de una
voz que comienza.

O fragmentos de pura prosa que basan el secreto áspero y descreído de la intemperie
en la sola explosión de un lenguaje ajado y harto ya de docilidades, obedientes al
tanteo, embrolladas. Seres sin palabra, acá. Afuera se constituye la tentativa de
secuencias que hombres deshablados tienen como opción.

VI
Desmembrados. En páramos sémicos se adquiere el relieve por la mitad del poema
que chilla. Entonces escombros. Y el color de la intemperie y el hambre que ocluye la
posibilidad de comunicar. Ir por los bordes, rescatar los pedazos en el equilibrio de
un corpus ya abatido. Solo humanos, insignificantes fragmentos de lo que nos queda.
Deshechos como sustancia sonora más allá de toda escucha posible en la recuerencia de
engendrar signos.

 

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