Los primeros pasos de mister Trump

Por Lucio Garriga Olmo

Un repaso por la primera semana de Donald Trump como presidente electo de Estados Unidos. Cómo se perfila el armado de su gobierno y su política de alianzas en la arena internacional. Algunas certezas y el mar de incertidumbre que su triunfo abrió en el mundo.

El discurso de Trump de cara a las relaciones internacionales estuvo marcado por un intento de aislacionismo, amenazó con salir de la OTAN  y de los Tratados de Libre Comercio (TLC). Este jueves tuvo su primera reunión con un mandatario. Fue con el primer ministro japonés, Shinzo Abe, y no es casual: durante su campaña amenazó con retirar a las tropas estadounidenses de Japón, Corea del Sur, y otros países, sino pagan más por la presencia de ellas.

Otros grandes aliados internacionales que tendrá Trump serán los nuevos movimientos políticos de derecha de Europa que basan su discurso, al igual que él, en el cansancio de la política tradicional. El domingo se reunió con el británico y pro-brexit Nigel Farage y la líder del derechista Frente Nacional francés, Marine Le Pen, quien fue una de las primeras personalidades en felicitarlo y aseguró: “Está claro que la victoria de Donald Trump es una piedra adicional en la construcción de un nuevo mundo, destinado a sustituir el viejo”.

Habrá que esperar para confirmar si Trump modifica las relaciones con Rusia. Hoy en días las relaciones bilaterales atraviesan un momento de alta tensión y el primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, aseguró que las relaciones “han tocado fondo”. Cabe recordar que Trump, a lo largo de su campaña, elogió constantemente al líder ruso Vladímir Putin y en septiembre manifestó “estimo que tendría una muy buena relación con Putin. Ha sido un líder mucho más que lo que ha sido nuestro presidente”. Además, afirmó que podría reconocer a la península de Crimea como territorio ruso.

Este lunes ambos líderes mantuvieron un primer contacto telefónico y coincidieron en unir esfuerzos para combatir al terrorismo mundial. Lo cierto es que Rusia se encuentra ante una situación ventajosa ya que una posible retirada de EEUU de los conflictos actuales, como puede ser Siria o Ucrania, y como prometió Trump, le permitiría al gigante europeo tomar una posición ventajosa de los mismos y ocupar los lugares que dejaría vacante la administración Trump.

El mundo está en la obligación de acomodarse a la victoria de Trump  porque a partir del próximo 20 de enero comandará a la principal potencia económica y militar de hoy en día cuyo papel en las decisiones mundiales es trascendental y difícil de no escuchar. Cuenta con capacidad de veto en la ONU y muchos países dependen de la ayuda del gigante americano para subsistir. Ya habló telefónicamente con 30 mandatarios y la mayoría de los países expresaron que esperan tener buenas relaciones con su administración. Uno de los pocos países que salió a criticarlo es la Bolivia de Evo Morales.

El tejido de la administración Trump

El presidente electo de los Estados Unidos, Doland Trump, ya empezó a formar el gabinete de su futuro gobierno. Ante esto, se enfrenta a un primer problema: durante toda su campaña criticó al establishment político, pero por el otro lado tiene que acudir a él, y ya lo hizo, para poder completar los 4.000 cargos que tiene que decidir antes del 20 de enero, día en que jurará en su cargo.

Trump se reunió el pasado jueves con Obama para comenzar la transición y este martes con su futuro vicepresidente, Mike Pence. Ya designó como Jefe de Gabinete, un puesto de mucho peso, al actual presidente del Comité Nacional Republicano, Reince Priebus, y como estratega jefe y consejero sénior de la Casa Blanca -otro puesto clave- al ultraderechista Steve Bannon.

Ambas designaciones son un claro ejemplo del problema que enfrenta. Priebus es un hombre histórico del Partido Republicano y de la política tradicional, un hombre del establishment político que sabe manejarse muy bien en el Congreso. Por su parte, Bannon no viene de la política, era el director de la publicación Breitbart News, extremadamente conservador, acusado de antisemita, defensor de la superioridad blanca y acusado de violencia doméstica en la década del ´90.

Lo cierto es que Trump no puede alejarse del establishment político de los Estados Unidos. Necesitará al Congreso, donde tendrá mayoría, para impulsar sus políticas y para ello deberá acudir a los históricos hombres del partido. Ejemplo de esto es Priebus. Por otro lado, Bannon es la caracterización de su discurso más polémico, el alejado de la política y el cercano a los comentarios ofensivos y racistas. Busca contentar tanto al partido como a sus electores más “apolíticos”.

La gran pregunta que se hacen los estadounidenses, y el mundo entero, es si Trump cumplirá con sus promesas de campaña. Se sabe: una cosa es lo que prometió y otra cosa lo que hará o podrá hacer. Por ejemplo, una de sus promesas fue aumentar los aranceles a los productos chinos hasta un 45%, pero esta decisión tendrá que ser aprobada por el Congreso. Ahí estará el primer escollo, pero lo cierto es que contará con mayoría republicana en las dos cámaras. Ante esto, el actual presidente del Congreso, el republicano Paul Ryan, quien estuvo enfrentado con Trump durante tramos de la campaña, esta semana aseguró que “está en sintonía” con las propuestas del electo presidente.

Durante esta semana, y en su primera entrevista desde que fue electo con la cadena CBS, Trump bajó el tono de sus promesas. En relación al famoso muro aseguró que quizás “sea una valla” y su política de expulsar a todos los inmigrantes ahora es expulsar a los inimigrantes criminales. “Vamos a echar del país o vamos a encarcelar a todos los que tienen antecedentes criminales, podrían ser hasta tres millones”, aseguró. Cabe recordar que Obama fue el presidente que más personas deportó, casi tres millones, y que parte del muro ya existe desde la administración de Bill Clinton.

Trump gobernará hasta el 2021 una potencia cuyo rol en el mundo es fundamental sin nunca haber ocupado un cargo público. Son muchos los problemas que deberá enfrentar tanto dentro de Estados Unidos como fuera. La política no es matemática y habrá que esperar para ver cómo se desarrollan los acontecimientos, pero por ahora se vislumbra un cambio significativo en relación a la administración Obama.