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Por Diego Piedrabuena. Grondona no solo vivió toda una vida, sino que también, gobernó toda una vida. Por ejemplo, la del cronista de la nota.

 

35. Tengo 35 años. Los mismos que llevaba Julio Grondona siendo el presidente de la AFA.

Se vaciaron las canchas, se empobrecieron los clubes, se arruinó cada vez más el juego, el jugador común, el laburante de la pelota, es cada vez más un convidado de piedra. Todavía menos importancia tiene el hincha: hoy se prefiere que sea espectador de un circo que lo excede y del que no tiene la mínima conciencia.

Eso sí: hay dirigentes, asociaciones –como la AFA y la misma FIFA-, empresarios y políticos aledaños cada vez más ricos. Intermediarios, y canales de tv millonarios, supuestos periodistas deportivos que en el mejor de los casos son chimenteros del deporte u operadores a sueldo.

“¿Qué tiene que ver la AFA con los barras bravas?” leía hace un par de años en La Nación.  Sí, lo decía el mismo Grondona. Las barras, los grupos de choque de la burocracia sindical, de los intendentes pejotistas, de los radicales y del intendente PRO de la CABA. Grupos de choque del poder de turno.

¿Qué tiene que ver Julio Grondona con esto? Era el último recuerdo vivo de la dictadura. Hoy se fue. Nos queda su legado. Que nos aplasta, nos ahoga y que sufrimos como amantes del deporte. 35 años.