Chile: “Tenemos fuerza para ser una alternativa de gobierno”, Jorge Sharp

Por Gerardo Szalkowicz y Lucio Garriga*

En octubre pasado, con apenas 31 años, saltó al centro de la escena política al ser electo alcalde de Valparaíso. Jorge Sharp es uno de los principales exponentes de la nueva izquierda chilena que conformó recientemente el Frente Amplio, un novedoso espacio que viene pisando fuerte y busca darle pelea en las presidenciales de noviembre a los dos bloques que hegemonizan el poder desde la caída del pinochetismo.

Después de las primarias del domingo pasado, el camino electoral muestra al empresario y ex mandatario Sebastián Piñera rankeando más alto. Detrás, aparecen en los sondeos la periodista Beatriz Sánchez (ganadora en la internas del Frente Amplio) y el candidato oficialista Alejandro Guillier. En esta entrevista, Sharp describe la mirada latinoamericana de la debutante coalición y se muestra optimista de cara al futuro, aunque advierte que “ninguna fuerza en la historia se constituyó de la noche a la mañana”.

– ¿Cómo podrías caracterizar al Frente Amplio? ¿Cuál es su composición?

– El Frente Amplio es una coalición de movimientos políticos y sociales de muy reciente conformación. Expresa un proceso de maduración que han vivido diversos sectores movilizados de la sociedad chilena desde las manifestaciones estudiantiles de 2006 hasta las más recientes contra el sistema de las AFP. Parte de esos sectores movilizados fueron avanzando en procesos de constitución de diversas fuerzas políticas que hoy confluyen en el Frente Amplio. Existen organizaciones de izquierda pero también hay otras fuerzas que no necesariamente tributan a una tradición izquierdista, como algunos grupos progresistas o socialdemocráticos.

Es una fuerza política nueva que surge con total independencia de los dos bloques tradicionales, tanto la derecha de Piñera como la Concertación o Nueva Mayoría de Michelle Bachelet.

– Chile se ha mantenido, tanto con Piñera como con Bachelet, dentro del bloque de gobiernos conservadores y aliados a EE.UU. en el ajedrez internacional, siendo punta de lanza de la Alianza del Pacífico. ¿Cómo sería la política exterior de un eventual gobierno del Frente Amplio?

– Es justamente una de las discusiones que estamos teniendo dentro del Frente. Mi opinión es que sería una política exterior que pondría su énfasis en la integración regional, latinoamericana, por sobre un énfasis en Europa o en Asia-Pacífico. Chile ha estado fuera del circuito de los gobiernos de izquierda o nacionales-populares de la década dorada de Latinoamérica y creo que el país debería volcar sus relaciones hacía allí.

La tendencia mundial es precisamente esa, la articulación continental más que nacional. Eso pasa hoy en Europa, distintas fuerzas se disputan el continente: la Europa de (Angela) Merkel o la Europa de los movimientos del sur. Chile tiene deudas con sus vecinos, particularmente con Bolivia pero también con otros, y eso ha terminado poniendo al país en un plano más de aislamiento que de integración.

– Y en cuanto al eje bolivariano, ¿se podría pensar en un mayor acercamiento a los países del ALBA? Y de la mano de esto, ¿cómo analiza la situación en Venezuela?

– El ALBA jugó un rol muy importante como un contrapoder internacional a la influencia estadounidense a través de la OEA, el aporte del ALBA fue clave para poder articular una voz no subordinada a los intereses del Norte. En materia de integración con los países vecinos, Chile todavía tiene mucho por avanzar. Con Bolivia tenemos que realizar una integración mucho más estrecha. La economía chilena tiene el dilema de cómo sigue creciendo, y para eso debemos diversificar nuestras matrices energéticas; Chile hoy requiere más energía para poder crecer y Bolivia es una mina de oro para cualquier economía por su riqueza en hidrocarburos. Una integración debe poner énfasis en eso.

El proceso de la Revolución Ciudadana en Ecuador es muy interesante en muchos aspectos porque ha permitido modernizar el país. Chile tiene mucho que aprender de estas experiencias. El acercamiento a Venezuela tiene que ser puesto en una mirada más larga y no una mirada sólo concentrada en lo que ocurre hoy. Nadie puede negar que Venezuela atraviesa una crisis económica y social brutal, pero el proceso venezolano no se puede definir sólo por el momento actual. El aporte que hizo a Latinoamérica y a la inclusión de amplios sectores sociales que estaban excluidos es incuestionable, y el que lo niega sólo está viendo lo que ocurre con ojos interesados.

– ¿Qué postura tienen sobre el reclamo boliviano de una salida soberana al mar?

– Pienso que hay que hacer un acuerdo multinacional que permita articular a Chile, Bolivia y Perú en un acuerdo de hermanamiento integral de pueblos latinoamericanos. En ese sentido, soy de la idea de que Chile debería dar una ayuda mucho más clara en materia marítima para Bolivia. Es justo y legítimo el reclamo boliviano. Nuestros países tienen mucho más que aprender de lo que nos une que de las diferencias. Bolivia cuenta con una riqueza gigante que es fundamental para cualquier economía del mundo, es posible articular un gran emprendimiento histórico entre nuestros pueblos que nos permita superar el pasado y mirar al presente.

– Volviendo al escenario local, ¿qué expectativas tiene el Frente Amplio para las elecciones de noviembre?

– Debemos tomarnos estas elecciones con calma. El Frente Amplio debe mirar los años que vienen y constituirse como una fuerza política madura y una propuesta de transformación clara, pero eso va a tomar tiempo. Las primarias fueron el primer paso. Creo que es posible tener un buen resultado parlamentario y naturalmente hay que ir a pelear la presidencial, pero también bajando la ansiedad. La derecha demostró en las primarias una determinación muy grande para volver al gobierno, tuvo una buena convocatoria y es un llamado de alerta para nosotros y para aquellos que se sientan convocados a nuestras ideas de izquierda y de cambio. Estamos recién partiendo y ninguna fuerza en la historia en cualquier país se constituyó de la noche a la mañana. Los procesos de llegada de los gobiernos progresistas o de izquierda en América Latina se dieron luego de un largo proceso. Evo Morales llegó a la presidencia de Bolivia tras muchos años de lucha social, lo mismo en Venezuela, en Brasil con Lula, en Ecuador o con el Frente Amplio en Uruguay.

Creo que tenemos fuerza para ser una alternativa de gobierno que busque cambiar el modelo neoliberal, aunque todavía nos falta mucho trecho por recorrer. Hay que generar las mayorías sociales y políticas para poder hacerlo y creo que estamos en el camino correcto.

– La izquierda siempre ha tenido problemas para interpelar a sectores más amplios y generar mayorías electorales. Hace poco decías en una entrevista que “el desafío nuestro es hablarles a los que no son de izquierda”. ¿Qué estrategias se están planteando en ese sentido en un contexto, además, de gran apatía y descrédito en la clase política chilena?

– El desafío nuestro es primero lograr convocar a los que no están, a los que no se sintieron convocados en las primarias. Hablo de los sectores sociales organizados y movilizados. Las marchas por un cambio en el sistema de pensiones convocan a más de un millón de personas, las movilizaciones estudiantiles convocan a multitudes, sin embargo esos sectores aún no se sienten identificados con el Frente Amplio. El desafío es construir el instrumento político de esos sectores sociales organizados. También tenemos que ser capaces de convocar a aquellos que no están organizados, que es la gran mayoría de las chilenas y chilenos que viven día a día las contradicciones de este modelo económico. Creo que la estrategia principal que tenemos que asumir en los meses que vienen es la construcción de una fuerza política de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo.

 

*Publicado inicialmente en Diario Tiempo Argentino.