A prenderle a cada santo una vela

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Por Gabriel Casas. San Lorenzo atraviesa una crisis institucional y deportiva que, de no mediar un brusco golpe de timón, lo depositará en la B Nacional. Una deuda económica que asfixia, una dirigencia sin ideas, un plantel devaluado y un técnico en la cuerda floja hacen un cóctel que sólo se aliviará con resultados inmediatos.

 

El comienzo del Torneo Clausura 2012 trajo otro cachetazo doloroso. Derrota contundente 4-1 ante Lanús de visitante que alimentaron los fantasmas propios y extraños. Es que el club de Boedo está repitiendo los pasos que a River lo llevaron al descenso. Para los de Núñez fue la primera vez, en cambio San Lorenzo ya sufrió una pérdida de categoría en 1981. En aquella oportunidad, salieron de la crisis con el apoyo multitudinario de una hinchada que reventó los estadios y produjo un boom tanto deportivo como económico.

Ahora el momento es distinto. Si bien su gente lo acompaña masivamente, no puede entrar a la cancha a jugar. Encima, cuando la conducción está desorientada, como es el caso del presidente Carlos Abdo, todas las movidas salen mal. Para esta difícil misión, el máximo dirigente eligió a un entrenador de la casa como Leonardo Madelón. Sin embargo, en apenas pocas fechas y sin buenos resultados, ya está pensando seriamente en despedirlo. Y por la crisis económica de la institución, Abdo ni siquiera pudo cumplir en conseguir los dos refuerzos que le permitía el reglamento. Sólo trajo al delantero uruguayo Carlos Bueno. Todavía se está pagando el pase de Néstor Ortigoza, adquirido a Argentinos Juniors en la pasada temporada y esa deuda casi impide el debut del futbolista uruguayo.

Abdo tampoco pudo seducir lo suficiente a Marcelo Tinelli, el hincha más famoso, para que junto a sus amigos empresarios ayudaran al club con el tema de los refuerzos. Quedó lejos en el tiempo la época que dirigía Ramón Díaz, en la que Tinelli y compañía contrataban jugadores de la talla de Andrés D’Alessandro, Santiago Solari, Gonzalo Bergessio o el Pitu Barrientos. Eran tiempos del Centenario del club, se venía de salir campeón y en donde se apostaba por intentar ganar la esquiva Copa Libertadores. Claro, en las buenas es más fácil poner la cara y las cámaras de televisión. En las malas es cuando se ven los que verdaderamente quieren a una institución. 

Es evidente que al plantel le pesa demasiado la situación ya que tiene mayor jerarquía en nombres que el resto de los equipos que pelean la misma situación: Tigre, Atlético Rafaela, Belgrano, Unión, San Martín de San Juan, All Boys y Olimpo. Los mencionados Ortigoza y Bueno, el Pipi Romagnoli, Emanuel Gigliotti, Jonathan Bottinelli, Juan Manuel Salgueiro, Enzo Kalinski o hasta el arquero Pablo Migliore podrían rendir mucho mejor sin tanta responsabilidad. También es cierto que en el resto del plantel hay demasiados jugadores que en otro momento no tendrían lugar porque no disponen de la jerarquía necesaria para ponerse una camiseta con tanta historia.

Encima a San Lorenzo se le viene una seguidilla de partidos difíciles ante Estudiantes, Argentinos en La Paternal y Boca, en la que estará en juego la continuidad de Madelón. Sí, aunque parezca mentira, un entrenador que apenas dirigió seis partidos oficiales puede ser despedido. Y eso que viene del riñón del club. Ya se menciona a Mostaza Merlo o Caruso Lombardi como posibles reemplazantes del actual DT cuervo. Es que ante la desesperación que invade a los que toman decisiones, nadie está a salvo. Cuando en estos momentos lo aconsejable es lo contrario. Darle tranquilidad al plantel y al cuerpo técnico para intentar conseguir los resultados positivos que les permita salir de la crisis futbolística y así regrese la esperanza de no terminar como River el año pasado.