Abandono para seguir con el negocio

Canadá anunció ayer su decisión de abandonar el Protocolo de Kioto, ante la imposibilidad de cumplir con sus compromisos. Lograría así seguir con la extracción de crudo en arenas bituminosas, altamente contaminante.

“Estamos invocando el derecho legal de Canadá de abandonar formalmente Kioto. Para Canadá ya es historia”, anunció el ministro de medio ambiente canadiense Peter Kent, tras la XVII Cumbre de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre el Cambio Climático (COP17). El protocolo de Kioto, firmado en 1997, obliga a los países adherentes a reducir, para 2012, en un 5% sus emanaciones de gases de efecto invernadero con respecto al promedio declarado en 1990. El gobierno canadiense habría tomado la decisión de abandonar el protocolo, único en el mundo en la preservación del medio ambiente, en vista de la imposibilidad de cumplir con este compromiso, y de esa manera evitar el pago de una multa de miles de millones de dólares. “Kioto no funciona” declaró Kent en una rueda de prensa en Durban, Sudáfrica. El funcionario explicó que el pago de la multa de 13.600 millones de dólares que prevé el protocolo, “representa 1.600 dólares para cada familia canadiense, ése fue el legado del incompetente gobierno liberal anterior”.

Sin embargo, ambientalistas reunidos en torno al COP17, aseguran que los motivos de Canadá para abandonar son otros. El país del norte es el tercer productor de petróleo mundial, después de Arabia Saudita y Venezuela. Su extracción, por las particulares condiciones en que se encuentra, es de las más dañinas para el medio ambiente, y sin embargo factor fundamental para la apuesta económica del conservador gobierno de Stephen Harper. La extracción del crudo hizo que Canadá aumentara un 35% sus emanaciones de CO2 desde 1990, en lugar de reducirlas tal como preveía Kioto. De esta manera, para Canadá cumplir con el protocolo hubiera significado “retirar cada auto, camión, tractor, ambulancia y vehículo de las carreteras, cerrar el sector agrícola y cortar la calefacción a cada hogar y edificio”, como explicó Kent ayer, quien no hizo mención a la extracción de petróleo en su país. A esto se le suma el descubrimiento de un nuevo yacimiento en la región de Alberta. Se trataría de petróleo en arenas bituminosas, con un importantísimo nivel de impacto medioambiental en su tratamiento. Esa sería, en síntesis, la explicación a la negativa canadiense a seguir en el acuerdo.

Industrializados y solos

Canadá se suma así a Estados Unidos y Australia, dos de los países más industrializados del mundo que rechazaron la ratificación del acuerdo. El caso de Estados Unidos es paradigmático. Tras haber fuertemente fomentado las discusiones que llevaron a la redacción del protocolo, decidió no ratificarlo aún siendo el mayor país emisor de gases contaminantes del mundo. El ex presidente norteamericano, George W. Bush, aseguró en 2004 que el protocolo es “demasiado costoso” y “excluye a las naciones en desarrollo”, representando así una amenaza para la economía de Estados Unidos, por permitir a países como China e India desarrollarse sin cuidar sus emanaciones, siendo este un factor de “competencia desleal”. Efectivamente los economías en vías de desarrollo no tienen las mismas obligaciones que los demás. Sin embargo, la negativa de Canadá y EEUU a someterse a las directivas del protocolo podrían generar un efecto beneficioso para ellos. Para Canadá, esto repercutiría en un aumento de sus exportaciones de combustibles fósiles, manteniendo un precio competitivo con respecto a sus rivales ecológicos. Para el mayor consumidor de este tipo de combustibles, la ventaja es evidente.

El protocolo de Kioto fue suscrito en 1997 en Japón, y entró en vigor en 2005, con 187 países adheridos. Su objetivo es promover la reconversión industrial, en pos de disminuir significativamente la emanaciones de gases que provocan el efecto invernadero.