Uno que no va al cielo

Luego de sufrir una falla multiorgánica este miércoles 23 de noviembre, el represor Antonio Domingo Bussi fue internado y finalmente falleció este jueves 24.

Ayer llegaron a la provincia de Tucumán las dos hijas del ex gobernador de facto y estuvieron con su padre en el Instituto de Cardiología, donde permanecía internado. Según anunciaron, antes de que el ex militar muera “no habrá velatorio y sus restos serán trasladados a Buenos Aires”. Según fuentes médicas, su condición era irreversible, ya que permanecía inconsciente y con fallas cardíacas, renales y pulmonares.

Desde el año 2008 Bussi está condenado a prisión perpetua domiciliaria por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar. El represor, de 85 años, fue interventor de la provincia de Tucumán en el período entre 1976 y 1978 y luego, en el año 1995, fue electo democráticamente como gobernador de la misma provincia.

Comandante del Operativo Independencia, fue uno de los cerebros del plan sistemático de tortura y desaparición de personas en la Argentina. Con el objetivo explícito de “aniquilar a la guerrilla” a partir de febrero del año 1975 se desarrolló el operativo que fue antesala del golpe militar y que tuvo su epicentro y base de operaciones en la localidad tucumana de Famaillá.

Apenas después del 24 de marzo de 1976, asume como gobernador interventor de esa provincia y agudiza la situación de persecución política y militarización, unificando el accionar del Ejército y la Policía, convirtiendo a al Jardín de la República en uno de los territorios más radicalizados en cuanto al accionar militar.

Tucumán era una provincia que venía con altos índices de protesta social y combatividad (entre otras cosas, por el accionar de FOTIA, el sindicato de los trabajadores de los ingenios azucareros, o de la guerrilla del PRT-ERP, que tenía una compañía entera en el monte tucumano). Antonio Domingo Bussi comprendió que la batalla que tenía que dar no era sólo militar sino principalmente cultural y arremetió contra toda forma de organización popular, amedrentando a los dirigentes estudiantiles, sindicales y políticos.

Una de las medidas más recordadas que impulsó como interventor de la provincia fue la expulsión de todos los mendigos y dementes que habitaban las calles de San Miguel de Tucumán con el objetivo de hacer a la ciudad “más presentable” para una visita del entonces presidente de facto, Jorge Rafael Videla.

En 1981 dejó la intervención de la provincia, contando con un alto grado de apoyo en la sociedad civil, lo que le permitió, ya en democracia, presentarse como candidato para distintos puestos. En 1991 Bussi compitió y perdió con Ramón “Palito” Ortega, candidato menemista, y se afianzó como líder provincial. En el año 1995 ganó la Gobernación de la provincia, con un discurso basado en la defensa de la dictadura militar, presentándose como la “reserva moral” de la provincia.

En 2003 fue electo intendente de la capital tucumana, cargo que finalmente no pudo asumir ya que a tres meses de la elección fue detenido por la desaparición de Guillermo Vargas Aignasse, senador peronista secuestrado en 1976. Bussi posee al día de la fecha más de 600 causas abiertas por crímenes de lesa humanidad y corrupción. Fue juzgado recientemente también en la llamada Megacausa ESMA, que lo condenó, nuevamente, a prisión perpetua.

Finalmente le llegó el día a uno de los íconos del terrorismo de Estado de nuestro país.

Bình Luận

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