Ataques neonazis y torturas policiales: muy lejos de “unir a los argentinos”

Por Francisco Longa*

Se multiplican los abusos policiales en barrios marginales y los ataques fascistas a locales partidarios de izquierda y kirchneristas. Este cambio de clima, ¿se explica solamente desde la llegada de la derecha al poder ejecutivo?

Durante los últimos diez días varias noticias alarmantes llegaron desde diferentes puntos del país. Claro que las más impactantes y graves tienen que ver con la ola creciente de femicidos que se expande por el país, no casualmente tras el histórico y masivo Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario, la semana pasada. Pero también dentro de este clima enrarecido de vulneración de derechos, se destacan una serie de hechos que si bien no han cobrado la plana mayor de los diarios de tirada masiva, sí dan cuenta de un escenario preocupante en la base de la sociedad: los reiterados abusos policiales y los repetidos ataques neonazis a locales partidarios.

Las fuerzas de inseguridad

Cualquier persona que mínimamente se preocupa en informarse acerca de la violencia institucional en nuestro país, sabe perfectamente que los abusos policiales y de las diferentes fuerzas de seguridad sobre la población, no son una novedad. Además de los informes de diversos organismos que denuncian los abusos institucionales, como el CELS y la CORREPI, existieron casos puntuales en donde tanto la gendarmería como las diversas policías mostraron que su lugar en el territorio está más asociado a controlar y amedrentar a la población pobre (y principalmente jóven), que a garantizar la seguridad y la paz social; solamente por mencionar un caso, en febrero de 2015 en la localidad bonaerense de Lanús, un gendarme violó a una niña de 15 años.

No obstante, desde 2016, y gobierno de Cambiemos mediante, el clima de hostilidades de las fuerzas de seguridad hacia la población pobre parece haberse exacerbado. Por un lado, es importante destacar la casi inutilidad jurídica y penal de la mayoría de los operativos de control de personas de modo rutinario: el periodista y titular del CELS, Horacio Verbitsky una semana atrás en Página/12 mostró que el 99,7% de los requisados y en muchos casos maltratados, resultaron insospechados de cualquier delito. Es decir que solamente el 0,3% de quienes son atrapados en los operativos de control callejeros terminó por ser detenido, en todos casos por delitos comunes y menores.

Pero a la inutilidad de estos actos en términos jurídicos, se le contrapone la utilidad que estas fuerzas policiales le asignan en cuanto al disciplinamiento de la sociedad. Este disciplinamiento, además, parece ser cada vez más feroz y desmedido, si tomamos los casos de la murga baleada a escopetazos a principio de años en el Bajo Flores, o las torturas a Iván y Ezequiel de la villa 21-24 por parte de la prefectura la semana pasada.

Si bien estos últimos días cobró visibilidad en los medios la violencia policial a raíz de esta situación, estos casos no son aislados. Varias organizaciones culturales, sociales y políticas nucleadas en la Red de Organizaciones Contra la Violencia Institucional (ROCVI) de Villa 21-24 vienen denunciando la frecuencia con la que este tipo de hechos sucede en el barrio. Incluso han denunciado que las diferentes fuerzas de seguridad que actúan allí realizan tareas de inteligencia y hostigamiento sobre las organizaciones. Esta Red realizará, mañana, martes 18 de octubre a las 14 horas una conferencia de prensa en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires donde exigen el cese de las torturas, persecuciones, hostigamientos y taras de inteligencia sobre vecinos y organizaciones llevadas a cabo por todas las fuerzas represivas que conviven en el barrio: Policía Federal, Prefectura Naval, Gendarmería Nacional y Policía Metropolitana.

Por su parte, la activa movilización popular que acompañó a La Garganta Poderosa, organización a la que pertenecen los chicos torturados, y que desarrolla un trabajo de base cotidiano en el barrio, logró separar a 7 prefectos involucrados; esto demuestra que donde existe construcción colectiva y territorial genuina, las arbitrariedades institucionales pueden ser contrarrestadas.

Rebrotes neofascistas

Tampoco es una novedad la existencia de grupúsculos neonazis en nuestro país. Siempre han existido y son incontables los casos de ataques aislados a judíos, gays y/o militantes de izquierda. Sin embargo, es notorio cómo desde diciembre de 2015 existe una ola de ataques frontales de parte de estos grupos contra personas y locales partidarios. Tras la balacera a un local de Nuevo Encuentro en Capital Federal, cuyo responsable se encuentra prófugo en Estados Unidos y resultó ser aportante económico a la campaña electoral de Cambiemos, Mar del Plata y La Plata han sido dos ciudades tristemente célebres a causa de estos repetidos ataques.

Claro que Mar del Plata presenta un escenario particular: en diciembre asumió el intendente Carlos Arroyo, de Cambiemos, connotado conservador que ha llegado a declarar que los vecinos eran felices durante la última dictadura militar. Tal vez este aval desde el ejecutivo local contribuyó a los ataques contra indigentes, trans, gays y miembros de minorías en general, que se repiten en la ciudad balnearia noche tras noche.

En agosto pasado, dos locales de La Cámpora fueron atacados, el primero en Villa Urquiza y con bombas molotov, y el segundo en Ramos Mejía con balas de plomo. Más recientemente, en La Plata y mientras concluía el ENM en Rosario, un local de la agrupación feminista Pan y Rosas, fue atacado por la organización fascista Vanguardia Nacionalista, quien pintó en las paredes la consigna: “abortistas asesinas”.

Este breve repaso de ataques fascistas y neonazis a organizaciones feministas, políticas y activistas gays, muestra que evidentemente estos agrupamientos se sienten con impunidad como para perpetrar sus abusos, los cuales implican un retroceso grave en cuanto a la cultura democrática en nuestro país.

Cambió el gobierno, ¿cambió también la sociedad?

Fue dicho. Ni las violencias institucionales, ni los ataques fascistas son una novedad de 2016, aunque también parece innegable que han tenido un recrudecimiento este año. Es así que nos preguntamos: ¿es posible que la línea política general que emana desde los poderes políticos contribuya a generar este clima? Claro que sería fácil establecer una relación directa entre las posiciones de derecha de Mauricio Macri y los ataques fascistas, no obstante, ¿funciona del todo así la reacción social?

Si tomamos en cuenta que Macri hizo campaña prometiendo ‘unir a los argentinos’, lo primero que deberíamos concluir es que dicha promesa está lejos de volverse realidad. De hecho la confrontación ideológica y política, como lo demuestran estos ataques, y el clima político que se percibe en debates en la vía pública y en los medios de comunicación, está igual o más polarizado que los años anteriores, incluso sin calendario electoral mediando dichos debates.

Pero por otro lado, las declaraciones del presidente sobre el accionar por ‘mano propia’ –en el caso del homicida de Zárate que mató a una persona que intentó robarle– refirieron que debía ‘estar tranquilo en su casa con la familia’, o que relativizó la cantidad de desaparecidos durante la dictadura; la recepción de un grupo neonazi en la Casa Rosada por parte del gobierno, o del propio ministro de justicia Germán Garavano, quien recibió a abogados de represores en la ex ESMA y, en fin, un sinnúmero de declaraciones y gestos políticos desde el poder central, pueden coadyuvar a alentar las acciones individuales o grupales de estos grupos fascistas.

Si se constata que en tan pocos meses el clima político ha cambiado tanto, también esto nos indica que gran parte del acumulado político en materia de derechos humanos que nuestra sociedad parecía haberse granjeado, puede también ser susceptible de cambios bruscos. Esto marca que ninguna política de Estado, ni ningún gobierno implica cambios ‘irreversibles’, como curiosamente una agrupación kirchneristas denominó a uno de sus más importantes actos políticos años atrás.

Lo único que parece irreversible es que donde existe construcción colectiva, y poder popular acumulado en las densas tramas de la sociedad, tanto a los gobiernos como a los sectores reaccionarios de la sociedad, les será más difícil avanzar.

*Militante del Frente Popular Darío Santillán