Brasil: el problema real, es de todo el vecindario

Por Jaime Castro Serrano

La victoria de Jair Bolsonaro en Brasil, representa un peligro para la democracia
y la integración, no solo para su propio país sino para todo el vecindario
latinoamericano.

Bajo el lema “Brasil, ante todo. Dios sobre todos” el nuevo mandatario brasileño deja ver mucho más de lo que últimamente ha expresado en sus declaraciones de prensa. Luego de haber sido elegido con más del 55% de los votos en la jornada electoral que se desarrolló el pasado domingo 28 de octubre frente a Fernando Haddad del Partido de los Trabajadores.

El “Brasil ante todo” es claro, cuando escuchamos las declaraciones de quién estará a cargo de la cartera de Hacienda, Planificación, Industria y Comercio. Denominado también como el “superministro”, Paulo Guedes, al ser consultado por periodistas del diario argentino Clarín sobre como continuarían las relaciones con Argentina y el Mercosur manifestó “es muy restrictivo, Brasil quedo preso de alianzas ideológicas y eso es malo para la economía” y de “inclinaciones bolivarianas” durante la misma noche de la elección el nuevo ministro contra sus principales socios comerciales, una retórica muy parecida a la del presidente norteamericano Donald Trump. A pesar de que Guedes pidió disculpas atribuyéndole a la pasión del momento la respuesta dada a la prensa argentina, lo cierto es que el calibre de sus palabras y la elocuencia con la que lanzó tales afirmaciones, ponen más sospechas en el tinte “conciliador” con la que el recién elegido nuevo gobierno brasileño pretende encarar su futuro antes de tomar el poder. El Mercosur aglutina el 70% de la población sudamericana (275 millones de habitantes) y 77% del PIB de Sudamérica en 2012(U$S 3,18 billones de un total de U$S 4,13 billones, según datos del Banco Mundial.

Aparte de los socios en pleno derecho, Argentina, Paraguay, Brasil, Uruguay y la suspendida Venezuela, el bloque tiene
como socios estratégicos al resto de países de la región: Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Perú y recientemente Guyana y Surinam. En 2012 el 92% de las exportaciones brasileras al bloque fueron industriales, manufacturados y
semimanufacturados, siendo el sector automotor el más beneficiado, ya que
justamente el bloque permitió la integración de las cadenas productivas de Brasil y Argentina que juntos, constituyen el tercer mercado global de automóviles después de China y Estados Unidos.

El problema real con Brasil, es que involucra a todo el vecindario y podría encender una llamarada que ya es bien conocida de como quema en la región. Bolsonaro representa una amenaza al Sistema Interamericano de Derechos Humanos, ha afirmado que esta a favor de la tortura y reivindicar las acciones de
terrorismo de Estado cometidos por la ultima dictadura militar brasileña. Un rasgo característico de los gobiernos de derecha y centro derecha de Sudamérica con Europa, es que a pesar de que estos modelos populistas representan un evidente peligro para la existencia del sistema democrático occidental como lo conocemos hoy, se sienten cómodas y juegan muchas veces al silencio
cómplice.

La diferencia con Europa y por lo que la situación de Suramérica en estos momentos es mucho mas grave, es que la región no cuenta un mecanismo de integración de peso; la Unión Europea por ejemplo ha logrado contener los aires autoritarios de los regímenes ultraderechistas de Polonia, Hungría e Italia pero la decrepita y politizada OEA no tiene tal fuerza y por elcontrario, su
parcialidad puede ser responsable de la legitimación de un nuevo gobierno
totalitario y autoritario en América Latina y el Caribe.

Las “derechas moderadas” de la región como Colombia, Perú, Chile o Argentina, han comprendido que es necesario manejar el equilibrio de poderes entre un reducido margen de gobernabilidad que ha marcado una cada vez más profunda división en las sociedades latinoamericanas. Y aunque la llegada de Bolsonaro puede alentarlas y seducirlas a radicalizar sus posturas en torno a temas como el narcotráfico, la seguridad, la inmigración y sobre todo Venezuela, implicaría asumir el riesgo de un nivel de conflictividad que podría amenazar el crecimiento económico sostenido que han tenido la mayoría de los países mencionados o terminar de sepultar la ya contraída economía argentina.

El apoyo de grupos evangélicos, armamentistas y agroindustriales conocidos como BBB (biblia, bala y buey) fundamentalmente podrían presionar a Brasil a instaurar un Estado depredador capaz de arrasar la selva amazónica por apetito de los mercados, pasando encima de las comunidades indígenas que la habitan, proscribir a las colectividades étnicas, sexuales y políticas a través de la instauración de leyes religiosas que amenacen la ruptura histórica que representa el Estado laico. El surgimiento del denominado Estado Islámico en algunos países de oriente próximo nos permite comprenden los resultados fatídicos del radicalismo y el extremismo religioso que ya en Brasil han cobrado centenares de victima según datos recientes brindados por organizaciones étnicas o del colectivo LGBTQI.

El autoritarismo de Bolsonaro podría elevar el grado de conflictividad social en Brasil, provocar una marea de exiliados políticos, caravanas de migrantes que huirían del terror del Estado como ya lo vemos hoy a lo largo y ancho de América Latina y el Caribe. Una decisión arbitraría de Bolsonaro sobre temas militares, podría desatar una carrera
armamentística inédita en la región y acabar con décadas de consensos sobre
desnuclearización y armas de destrucción masiva.

El surgimiento de movimientos ultraconservadores y evangélicos es real.
Organizaciones como los denominados “Provida” o “Con mis hijos no te metas”, además del fortalecimiento de iglesias evangélicas radicalizadas que insisten en
minar la autoridad del Estado y la democracia para darle paso a una teocracia, muchas de estas vinculadas a grupos narcotraficantes, armados o a la evasión fiscal y/o financiados por ultraconservadores extranjeros y locales. Brasil, ha sido el laboratorio por décadas de estos movimientos que han ganado influencia política, económica y mediática y cuya llegada al poder en países centrales como Estados Unidos y ahora al país carioca, deberá darnos los argumentos suficientes, marcarnos las putas para empezar a trazar la ruta, una estrategia que vincule a todos los movimientos sociales y políticos defensores de la democracia, el Estado de derecho y laicidad del Estado.