Canciones viajeras

Canciones viajeras

Por Leonardo Candiano. El viernes pasado Raly Barrionuevo descolló una vez más en Buenos Aires con un recital de tres horas en el Teatro Coliseo, en lo que fue la presentación porteña de su último disco, Rodar.

21:20 horas. Un poco de demora provoca la típica andanada de aplausos de quienes quieren terminar ya con la espera en un Teatro Coliseo colmado.

Raly Barrionuevo aparece de pronto, de manera sencilla, humilde, tranquila, como serán sus palabras hacia el público durante todo el recital. Entra caminando despacio, saluda tímidamente, se calza la guitarra y le da. Su grupo, compuesto por sus paisanos de Frías, Sebastián Sayes en bajo, Edgardo Castillo en vientos y coros y Marcelo Gómez en guitarra y coros, más el baterista y percusionista César Elmo, comienza a rodar

Como para que no queden dudas de que, más allá de todo lo original que trae consigo Rodar, él sigue siendo el mismo de siempre, arranca a pura chacarera: la emblemática “Alma de rezabaile” es la primera de una tríada a la que se suman “Melodía viajera” y “La Rafa Touriño”, lo que hace que desde bien temprano comiencen a formarse las parejas de baile a los costados de las plateas, sobre la pomposa alfombra roja del Coliseo.

“Qué bueno esto, vamos a estar mucho tiempo acá arriba porque dan ganas de no parar de tocar”, fueron las primeras palabras de Raly luego de su saludo al público, adelantando que ése iba a ser un recital bien largo.

Una zamba (“Cenizas de tu amor”) se filtró entre otra serie de chacareras que preludiaron los primeros temas del nuevo disco. Para ese entonces, ya se había sumado al escenario Clara Presta en piano y acordeón.

Las doce canciones de Rodar, todas de su autoría, producidas por él mismo junto con la cubana Yusa y algunas de ellas con música de Luis Gurevich, las cantó de corrido en el segundo bloque del espectáculo.

Íntegramente, Rodar es un disco de canciones intimistas que tratan sobre viajes, caminos y encuentros. “Como el sol” arrancó la rueda bien arriba, le siguió “Mochileros”, un homenaje con aires de música country a todos los jóvenes que año tras año recorren nuestro país a pie o en bondi con “la mochila, la carpa y el mate, el aislante y el calentador”. Enseguida llegó “El sol parece lluvia”, que señala: “por el camino me voy, no tengo apuro en llegar, ni tiempo para detenerme, tan sólo quiero rodar” y que expresa claramente el clima de todo el disco.

Y no sé si será un objetivo bien logrado, o quizás el hecho de que esos temas expresan fielmente la experiencia del viajero, pero escuchando esta parte del recital, y si no fuera porque se la estaba pasando muy bien ahí en ese momento, daban ganas de calzarse la mochila al hombro y salir a andar. De fondo, imágenes de nuestro norte apuraban la decisión.

Continuó con “La bienvenida” -cantada a dúo con su sobrina Lucía- y la chacarera “Mujer caminante”. Antes y después de esta última canción Raly hizo un alto para referirse a aquello sobre lo que estábamos seguros que iba a hablar: “este es un día de mucha alegría por estar tocando acá con ustedes, pero a la vez es un día de mucha tristeza, porque hace muy poquito nos mataron a otro compañero del Movimiento Campesino. Compañero Galván: Presente”. La ovación inmediata del público generó uno de los momentos más conmovedores del recital.

Luego llegó “Niña fuego de la América sagrada” (junto con el grupo jujeño Inti Huayra), tema en el cual sobre el final recitó los nombres de Chocobar, Cristian Ferreya y nuevamente Galván, campesinos asesinados en el último tiempo en situaciones similares. Cuando los instrumentos callaron, su voz concluyó: “Galván es otra víctima de los agronegocios, no sólo nos envenenan, sino que nos matan a nuestros campesinos”, lo que dio pie para relacionar el asesinato del miembro del MOCASE con la fecha misma del recital, el 12 de octubre, y hacer mención a la lucha de los pueblos originarios que después de más de 500 años y muchas promesas siguen en la espera.

En Rodar, Raly se le anima al rock, al folk del sur de los Estados Unidos (“Bower”), al country, a la guaracha santiagueña (“Mujer de fuego”) y a la cumbia (“Luna de Albilgasta”), profundizando un mestizaje de estilos que logra conservar la calidad y la frescura de su música más abiertamente folklórica.

Pasaron los doce temas de Rodar (el último una canción de cuna, “Duerme”, y antes “Al costado del camino” y “El sueño de los viajeros”) pero sólo estábamos promediando el recital. Le siguieron una extensa serie de sus clásicos que la gente agradeció a puro baile y canto. Así llegaron “Cuarto menguante”, “Sólo tus ojos”, “Chacarera del sufrido” y “Zamba de usted”, entre otros.

Luego Raly dejó el escenario un momento para que Marcelo Gómez se luzca cantando dos chacareras en soledad. Lo presentó como “el nuevo cantorazo de Frías”, y creemos que es lo que se viene.

“Juan Labrador” y “La chacarera será tu espada” funcionaron como previa de un homenaje al Che Guevara en la semana donde se cumplió un nuevo aniversario de su asesinato. Su versión rockera de “Hasta siempre” levantó puños en toda la sala y estableció el coro más multitudinario de la noche.

Sobre el final, “Ey Paisano”, “Circo Criollo”, “Chacarera del exilio” y “Oye Marcos” dejaron a los más tímidos definitivamente de pie y al resto bien cansados luego de tanto baile.

Pero ese no era el final en verdad. El bis arrancó con Raly andando en una vieja bicicleta por todo el escenario, de manera similar a como se lo ve en la tapa de Rodar. Luego de dejar la bici al costado de un parlante, de nuevo se calzó la viola para arrancar los últimos temas de la noche: “Zamba y acuarela”, el reggae “Como danza la esperanza” y la chacarera “Somos nosotros”.

El reloj marca las 00:18. Es el final de una larga noche de música, como Raly nos prometió al comienzo. Noche santiagueña y de canción popular en Buenos Aires, de rumor del río y olor a tierra mojada en medio del cemento de la capital, de mezcla de estilos musicales, de alegrías pero también, como señala su canción “Mochileros”, de “memoria de una tierra de fiesta y dolor”. La fiesta del viernes 12 de octubre en el Coliseo y el dolor acarreado, esta vez, por el reciente asesinato de un campesino en su Santiago del Estero natal.

Si las canciones viajeras de Rodar suceden en los caminos y nos llevan de recorrida por la experiencia de los mochileros, este show nos permitió transitar en una sola noche por toda la obra de Raly, desde El principio del final hasta este su noveno disco, pasando Circo criollo, Población milagro, Ey Paisano, Noticias de mi alma y Radio AM, demostrando que el lugar al que hoy llegó está conformado por un constante trajinar musical que lleva siempre a cuestas, en su mochila, y que le permite seguir rodando, volviendo a partir, sin ganas de parar.