Carolina Bracco: “La lógica civilizatoria pone a los derechos de las mujeres como una moneda de cambio” 

Durante los últimos días la situación de Afganistán ocupó las principales noticias y tendencias en redes sociales. Con o sin intención, los discursos se centraron en cuestionar la invasión del movimiento talibán desde una mirada paternalista, racista e incluso islam-odiante, sobre todo, hacia las mujeres afganas. Para profundizar el análisis y en un ejercicio de descolonización de nuestra mirada, hablamos con la politóloga Carolina Bracco, doctora en cultura Árabe y Hebrea. 

Por Maria Eugenia Waldhüter y Camila Parodi

Hace unos días Estados Unidos retiró sus tropas de Afganistán luego de 20 años de ocupación. La noticia se presentó como “sorpresa” desde la prensa internacional y las imágenes de las personas buscando salir de Afganistán por temor al régimen Talibán dieron la vuelta al mundo. Sin embargo, esta acción -como todas- tiene un contexto y hace parte de un proceso histórico y social. 

Entre 1978 y 1992 aconteció una guerra iniciada por la URSS en territorio afgano bajo el pretexto de proteger al país de una posible invasión occidental en plena guerra fría. Desde entonces, Afganistán vive en una situación de guerra permanente y es, en ese contexto, que se sitúa el surgimiento del movimiento talibán oriundo del pueblo pastún. El régimen Talibán invadió y dominó gran parte del territorio afgano entre 1996 y 2001, con el objetivo de “ordenar el caos” y “purificar” a través de una interpretación ortodoxa de la ley islámica. Es así que impusieron una serie de normas y políticas extremadamente estrictas y violentas sobre todo contra las mujeres y la comunidad LGTBIQ+.

Tras el atentado contra las Torres Gemelas, el gobierno de los Estados Unidos invade militarmente Afganistán. Si bien, de los 19 terroristas implicados, 15 eran de Arabia Saudita y 2 de Emiratos Árabes Unidos. Encontraron en la figura de Osama Bin Laden, aliado del régimen Talibán, su excusa para tomar este territorio. Encontramos dos motivos claros para justificarlo: por un lado, porque es geopolíticamente estratégico y en permanente disputa y, por el otro, para evitar generar conflictos con sus aliados árabes. La invasión logró la “restauración” del orden occidental a través de la República Democrática de Afganistán pero de ningún modo la derrota de los talibán que se resguardaron en la zona rural. 

El reciente avance del movimiento talibán por la zona rural y las principales ciudades de Afganistán, la falta de respuestas concretas por parte de su frágil democracia impuesta y la estadía “sin rumbo” de las tropas estadounidenses durante los últimos años son algunos de los acontecimientos que nos traen al actual contexto. Esta situación finalizó ¿o empezó? con la llegada a Kabul del movimiento talibán, nuevamente empoderado, logrando la renuncia del presidente Ashraf Ghani Ahmadzai elegido en 2014. ¿Qué nos quiere decir esta situación? Si un gobierno colapsa tan rápido luego de 20 años de ocupación militar, es porque no construyó un sentido de nación sino que impuso una colonia.

Por todo esto, las agencias internacionales y buena parte de la política occidental hoy tienen los ojos puestos en Afganistán y, en particular, sobre las mujeres como víctimas de la violencia patriarcal Talibán. Las redes sociales se llenaron de publicaciones centradas en el posible escenario que abriría esta situación para las mujeres en Afganistán, hablaron por ellas, propusieron soluciones, cuestionaron sus costumbres, homologaron el régimen talibán a la religión islámica desde una mirada paternalista y revictimizante que lo único que posibilitó fue habilitar discursos racistas, xenófobos, islamodiantes e incluso machistas.

Sabemos que al igual que en otros territorios hay resistencia feminista, y Afganistán no es la excepción. Por eso, para profundizar sobre este tema y en un ejercicio de descolonizar la mirada, Marcha dialogó con la politóloga Carolina Bracco, doctora en culturas Árabes y Hebrea en el marco del programa “Antes que se acabe el mundo” por Trilce Radio. 

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¿Qué dejaron estos 20 años de ocupación de Estados Unidos y en particular para las mujeres?

En principio, a la luz de la re-conquista del poder de los Talibán, evidentemente no lograron su objetivo primario que había sido, por lo menos en la retórica, acabar con el régimen Talibán porque quedaron más fortalecidos que nunca. Si bien en su primer gobierno entre 1996 y 2001 controlaban gran parte del territorio de Afganistán, hoy por hoy ya casi controlan todo el territorio, con lo cual han sido favorecidos por estos 20 años de ocupación extranjera, que además, dejaron un país en ruinas, una nefasta saga de violación a los derechos humanos, de violación a los derechos de las mujeres. Una gran parte de lo que hoy es la cúpula del gobierno Talibán pasó por  esa cárcel nefasta que ha sido Guantánamo y otras cárceles que también estaban dentro del territorio de Afganistán. 

En América Latina conocemos las intervenciones de Estados Unidos con golpes de estado en defensa de las democracias ¿La intervención en Afganistán también prometió “liberar” a las mujeres?

Si. De hecho ese fue el caballo de Troya del gobierno de EE.UU y de sus aliados, de que iban a llevar la libertad a las mujeres Afganas, de que iban a ampliar sus derechos, de que las iban a liberar de la opresión del régimen Talibán que, hay que decirlo, era muy opresivo, pero en vistas de la situación actual y algunos de los factores que estaba mencionando, la destrucción de la economía y del tejido social que viene arrastrando, no solamente 20 años de ocupación, sino también los 20 años anteriores al 2001 de conflicto permanente, donde también EE.UU con la CIA y otros actores como Arabia Saudita jugaron un rol muy importante. No podemos hablar de otra lógica civilizatoria que, además, pone a los derechos de las mujeres y al status de las mujeres como una moneda de cambio entre los diferentes factores del conflicto.

Sabemos que hay resistencia feminista en Afganistán. Hemos visto algunas imágenes de diferentes movilizaciones, aunque, suelen ser menos que las imágenes que las revictimizan. ¿Cómo analizas la construcción de la mirada y el relato sobre las mujeres de Afganistán? En particular hoy, pero sabemos que son años.

Es una construcción paternalista, incluso desde los sectores feministas que se consideran más progresistas, que históricamente, por lo menos hace un siglo, han considerado que la mujer musulmana, en este caso la Afgana, es una mujer que no tiene ninguna posibilidad de agencia, no tiene posibilidad de resistencia, y que por lo tanto tiene que ser salvada, tiene que ser liberada. En estos días se actualiza esta visión, a caballo de esta construcción que se viene haciendo hace mucho tiempo y que es fuertemente racista y que separa sobre la premisa de que los derechos y el status de las mujeres y el islam no son compatibles. Por lo tanto, hay que llevar la visión occidental e imponer nuestra manera de ser libres a esas mujeres para que logren algún tipo de emancipación que tiene que ver con la perspectiva occidental de lo que esa emancipación significa. 

En esa idea de que las mujeres de Afganistán deben ser salvadas ¿te parece que está en juego la Islamofobia en esas lecturas?

Totalmente. Ya lo estamos viendo, y vamos a seguir viéndolo, cómo se construye el discurso islamófobo que además tiene un elemento nuevo: el crecimiento de las comunidades musulmanes en Europa y EE.UU en estos 20 años, también generadas por la gran ola de refugiados, también de conversos, pero muchas de las comunidades musulmanas que hay en “el norte global” tiene que ver con la gran ola de refugiados generadas por estas mismas potencias. Probablemente asistamos a un enardecimiento de islamofobia que, si bien en nuestra región no lo tengamos tan identificado, en Europa hay observatorios de islamofobia, hay organismos que se dedican específicamente a trabajar sobre ese tema, lo encontramos intrínseco dentro del discurso y eso lo conozco bastante bien. Por las acusaciones que nos llegan y los mensajes de odio que en general están profundamente arraigados en una visión racista islamófoba, por eso es interesante que hayas traído este concepto que no es tan usado acá pero que de alguna manera nos ayuda a comprender ese odio encarnizado que se fundamente en el hecho de creer que América Latina forma parte de un ideal occidental o de una pretensión de pertenecer a ese mundo occidental blanco cristiano que ha construido al Islam como su enemigo principal.

Venimos hablando de las mujeres pero bajo las mismas claves de análisis, podemos pensar en la situación de personas LGTBI en Medio Oriente y particularmente en Afganistán, viendo algunos mensajes con pedido de refugio. ¿Qué lecturas haces respecto a eso?

La verdad que la situación de las disidencias es bastante preocupante, una vez más hay que recalcar que no es nuevo este escenario. No tiene que ver con una cuestión cultural o religiosa, sino que tiene que ver con años y años de militarización, de cultura de la guerra, de conflicto. Todo esto ha generado los odios que en muchos casos se manifiestan en los cuerpos de las mujeres y las disidencias. Vivimos en una época en la que no solo en Afganistán, sino en todo el mundo, los movimientos progresistas ponen en el centro la sexualidad y los roles de género y los movimientos reaccionarios como son los Talibán ponen en el centro temas relacionados con la sexualidad y el género. En este sentido, si bien se apunta a ese tipo de construcciones o personajes como los Talibán, hay algunas expresiones de esa cultura reaccionaria que también la podemos encontrar en nuestros territorios, no hace falta que nos vayamos a Afganistán. Lo que pasa es que hay una imaginación morbosa con las mujeres, los Talibán y el Estado Islámico por esa demonización que se viene construyendo desde hace un siglo en occidente. 

¿Cómo podemos aportar desde los feminismos internacionalistas a la lucha de las mujeres en Afganistán?

Principalmente, escuchándolas. Como lo hacemos con cualquier compañera. Tratando de entender cuáles son sus demandas específicas y tratar de establecer algún tipo de diálogo, es complicado en este contexto pero buscar esas voces y no hablar por ellas sino hablar con ellas. Y sobre todo tener una mirada respetuosa y amorosa como la tenemos de nuestras compañeras en cualquier territorio. 

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