Carta a Darío

A 18 años de los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, una carta de las pibas que crecimos al calor del fuego, con la lucha del piquete y la voz compartida en las asambleas y las vigilias en el Puente. Somos la “generación Darío” y por eso, le escribimos.

Por Nadia Fink, Julieta Lopresto, Camila Parodi y Laura Salomé Canteros | Foto: familia Santillán

Darío no lo entenderías. Podemos dedicarte las palabras más amorosas y ni nos conocimos. ¿Cómo te explicamos que desde que un cobarde decidió pasarte a la inmortalidad hay toda una generación que se identifica con la lucha piquetera por la vida digna? El 26 de junio de 2002, las rebeliones, las masacres, el fuego, los escraches, la desobediencia, la organización, las asambleas; sentir en lo más hondo la desigualdad hacia otre y la miseria del terrorismo neoliberal; el hambre, las ollas populares, el Puente Pueyrredón. Todo nos recuerda a vos. Y ni nos conocimos..

Pero somos parte de eso que se tejió, primero entre las sombras y después en las muchas voces y en los muchos fuegos, desde el día en que esa bala cobarde (esa que se disparó por la espalda, en medio de tu gesto compañero) te dio muerte.

No nos conocimos, pero supimos más temprano que tarde del barrio y de tus construcciones, de ladrillos, de chapas y de convicciones profundas, de tus recitales y tus gustos raros para tus pocos años; del tango y del heavy metal, del barro y de la filosofía, porque andabas tratando de unir mundos que se empeñan en enseñarnos tan distantes.

No nos conocimos y tampoco sos una figura que elegimos colgar en bandera como héroe inalcanzable. Para nosotras, sos persona, cotiano y real. Con contradicciones e inseguridades, improvisación y cálculo, picardía y seriedad. Antihéroe terrenal. Tu gesto sincero, ese que escuchamos a través de los recuerdos y anécdotas de Alberto y Leo es lo que nos convoca. Ese “no se qué” que nos estruja por dentro. Porque, quizás no lo dimensiones, pero fuimos muchxs a lxs que nos llegaste bien profundo.

Me gustaría contarte que no sólo fundaste movimientos, para nosotras también sos sentimiento. Una sensación que no se puede explicar, y ni es necesario; porque cuando se encuentra con otra que lo siente igual, no tienen porqué mediar las palabras. Nos hablas de nuestra generación, hasta de nuestro feminismo me animo a afirmar, porque acá en el rinconcito que supimos construir tampoco queremos premios ni podios. Es que nos gusta así, Darío, cerquita, para que el cotidiano invada las teorías y el gesto, las mezquindades.

Cada vez que estoy cansada y pienso en rendirme, me acuerdo de vos. Darío, te escribimos porque nos mostraste otro mundo sin pedirnos nada a cambio.

Pienso qué dirías si vieras lo que sucede y me da vergüenza empezar a contártelo. ¿Justo a vos me toca contarte? Vos, que te organizaste contra el sacrosanto derecho a la propiedad privada, por la libertad de lxs presxs, por el esclarecimiento del reciente asesinato de un compañero de Esteban Echeverría. Vos, que hablabas con periodistas improvisados y ya le ponías palabras al “cerco informativo”, justo a vos, que ya lo sabias, antes de que nosotrxs empezáramos a aprender. Recién habías pasado los 20 años, pero estabas a la altura de casi todas las circunstancias; tus saberes, tu presencia y tu capacidad de comprender las necesidades emergentes nos demuestra que siempre fuiste todas tus edades.

Nos enseñaste con el ejemplo que la lucha piquetera es nuestra vía para subvertirlo todo. Ojalá pueda prometerte que nuestro nuevo des-orden mundial estará cargado de justicia social, porque vos nos enseñaste que pensarnos juntas es una acción política en sí misma; y desde ahí, es que alcanzaremos el mundo que queremos y necesitamos.

Darío, vamos a gritar tu nombre (y el de Maxi) ante los oídos sordos de quienes prefirieron acomodarse en cargos de cotillón las veces que haga falta. Sembraste amor y compromiso en cada pibe, en cada piba con quien jugaste, cantaste, compartiste un plato de comida. Y acá estamos esxs niñxs Darío, escribiéndote, confundiendo los recuerdos con sueños, sin haberte conocido, extrañándote. En el Puente no hace frío Darío, en nuestras casas sí. Por eso este 26, en alguna olla, te seguiremos invocando.