Chau Pachorra

Cuando la redonda volvía a picar de a poquito, cuando tímidamente nos animábamos a sacarnos esa camiseta que desde el 25 de noviembre llevamos de piel, la pelota se vuelve a pinchar, se nos vuelve a colgar, la volvemos a tirar en el patio de doña Norma o don Julián que nos la esconde por un tiempito y nos corta la tarde y el juego. Se fue Sabella.

Por Iván Barrera

Entre tanto frío multinacional

se vino a colar, un maestro de escuela

Embajada de una forma de pensar

De representar, llevar la bandera

(Maestro – El Alemán)

 

Se fue Alejandro Sabella. Se fue Pachorra, ese tipo hecho de carne, hueso y valores, hecho de humildad y responsabilidad, ese tipo de perfil bajo y de apuntar bien alto. Militante, futbolista, bielsista, peronista, nuestroamericano y entrenador, el orden de los factores altera el producto y no sería capaz de darle el orden lógico que solo Alejandro sabría darle. Pachorra le decían, por su andar sereno, delicado, de esos tipos que prefieren caminar de más para no pisar las flores.

Se juega como se vive

Sabella debutó futbolísticamente en River donde lo categorizaron como un 10 clásico. Un 10 que jugaba, estudiaba y militaba. Un 10 que tiraba caños en la cancha y levantaba paredes en las villas en su tiempo libre. Con el correr de su carrera futbolística abandonó la militancia en villas pero no dejó sus ideales en la puerta de la cancha, los llevó en cada tapón, en cada botín, en cada tiza y en cada charla. Como futbolista recorrió clubes de Argentina, Inglaterra, Brasil y México. Le sacó brillo a la del pincha, levantando campeonatos y levantando partidos imposibles, como un imborrable 3 a 3 contra Gremio donde Estudiantes se quedó con 7 jugadores y dos goles abajo. Defendió la celeste y blanca y estuvo cerca de ser convocado para el mundial 86, pero tenía algunos mounstros como Maradona y Bochini delante de él. Una vez colgados los botines se arrimó al banquillo de suplentes para vivir el fútbol como entrenador y director técnico.

Pachorra se puso el buzo de DT en apenas 138 partidos. En ese corto recorrido dirigió al Estudiantes de La Plata que fue campeón de América y que sólo pudo ser superado por el Barcelona de Guardiola, Ibrahimovic, Henry, Messi y otros 8 mostros más recién en el minuto 109 del tiempo extra gracias a una genialidad de Lionel. El mismo Messi sería su dirigido 5 años después en la selección argentina, a la que llevaría a la primera final del mundo en 24 años y que solo pudo ser superada por la Alemania que venía de enseñarle a bailar a Brasil en su casa, con su ritmo y su comparsa, recién a los 113 del suplementario.

Se vive como se juega

“El equipo es el otro” sentenció Sabella en una de sus tantas charlas explicando cómo se ve la redonda desde el banco de suplentes “y una cosa es fundamental: hablar del grupo significa hablar de construcciones colectivas, del aporte del individuo al grupo y en pensar, fundamentalmente en dar, no en recibir”

Se juega como se vive y se vive como se juega y entre la parafernalia de lucrar y no de redituar, se coló en la cancha un militante setentista, una de esas moscas molestas que no dejan hacer del futbol un negocio millonario y perfecto, esos que colan sentimientos y valores a la cancha, cuando el único valor debería estar en los paraísos fiscales. “Me gusta que mis equipos tengan manejo de balón, variantes de ataque y consistencia defensiva. Me gusta que mis jugadores miren fútbol, que tengan tiempo libre para distenderse, pero también que sepan quien fue Sandino, Perón o Mao, eso los va a hacer mejores personas, los va a hacer más íntegros”

¿Dónde se vio un tipo que mezcle fútbol y política? ¿Qué meta valores por sobre la inmediatez del ganar, del sumar, del vencer o morir? Queremos hablar de fútbol, de pisar al rival, de ser los mejores, no queremos que después del primer partido de lo que sería un mundial inolvidable, donde arrancamos ganándole a Bosnia 2 a 1 en un partido chivo venga el entrenador con un balde de realidad y en plena conferencia de prensa nos tire por la cabeza un “no olvidemos que muchos de estos futbolistas fueron los bebes de la guerra, sus cunas fueron las ruinas de un territorio que estallaba”. ¿Dónde se vio que un técnico arme el esquema táctico para enfrentar a Irán y a Nigeria mientras recopila información biográfica de sus jugadores para explicar los contextos de guerra, las violaciones a los derechos humanos y las migraciones forzadas? Fue en ese partido con Irán, que tanto le costó a Argentina derribar esa defensa infranqueable que solo un zapatazo de Messi sobre el final pudo, que un alto mando de la AFA apuntó contra Alejandro por el bajo rendimiento “no solo les dijo que los iraníes nos iban a esperar atrás e iban a dejar pocos espacios, les metió cartuchos sobre lo que significó el Imperio Persa, después colgó con la revolución islámica del 79 y terminó hablando de la importancia geopolítica actual de Irán”

Pachorra no pudo ni quiso que el fútbol sea una isla de irrealidad. En sus convicciones estuvo presente siempre que el fútbol es un juego, que el jugador es una persona, que una persona se mueve un contexto histórico y político y que el cambio social es urgente. Sabella no llevó sus convicciones a la cancha, sino que llevó la cancha a sus convicciones.  Supo ser un digno representante de sus propios valores y supo enseñar a ser digno.

Se fue Pachorra, en el silencio y virtuosismo que lo caracterizaban. Se fue como les gusta irse a los y las militantes: siendo semilla, sabiendo que nada muere, que las ideas se esparcen y se multiplican, que siguen girando, de boca en boca, de pie a pie, de potrero en potrero. Tirando paredes levantó ideas para que el fútbol aparte de ser un negocio millonario siga siendo un deporte maravilloso pero por sobre todas las cosas, un juego en el que nos divertimos pateando una pelota.