Sobre el Cholo Simeone: no ser vistoso también es jugar bien

Por Ramiro Bringas

Algunas reflexiones acerca de lo que provoca Diego Simeone como Director Técnico. En este caso, el cronista reflexiona sobre el triunfo, el juego y el lirismo.

Insólitamente, todavía hay quienes lo discuten. Se jactan de que se defiende de y ante los poderosos. Lo tildan de antifútbol. Lo critican cuando pierde, pero más aún, cuando gana. Critican la forma con la que llega al éxito, pero son esos mismos quienes piden la cabeza del DT de turno cuando los resultados no se dan. A todo esto, Simeone sigue triunfando ante los mejores del mundo, para sufrimiento de aquellos que hablan siempre de lirismo, y que no entienden que no solo ser vistoso es jugar bien.

Ya no sorprende la cantidad y calidad de resultados obtenidos por Diego Simeone en su estadía en el Atlético de Madrid. Todavía se recuerda en la capital española la situación en la que se encontraba uno de los equipos de la Ciudad previo al arribo del argentino. Allá por diciembre de 2011, el Cholo llegaba al conjunto Colchonero para hacerse cargo de un equipo que peleaba por no descender a la segunda división. Todo un desafío para un entrenador de la casa que hacía sus primeras armas en Europa.

A pesar de la crítica situación, Simeone cambió rotundamente el panorama en muy poco tiempo y con prácticamente los mismos nombres. Hoy, a poco más de cuatro años de su asunción, pasó de pelear el descenso a conseguir nada más y nada menos que cinco títulos al frente de un equipo que no cuenta con el mismo presupuesto ni con las mismas figuras que los grandes de Europa.

A pesar de conseguir la Europa League y la Supercopa de Europa en 2012, y de llegar a la final de la Champions League en 2014 y, nuevamente, 2016, hay quienes intentan defenestrar a un entrenador que podrá no jugar lindo, que podrá ser defensivo y que no propone un fútbol vistoso y agradable a la vista. Sin embargo, con un estilo trabajador, pensante y eficiente, se cargó a los mejores equipos del mundo en solo un par de semanas. Con planteos basados en una defensa fuerte y un ataque efectivo, dejó afuera del certamen más importante de Europa al Barcelona y Bayern Munich, dos equipos a los que todos disfrutamos ver.

Sin embargo, como el método Simeone consistió en anular el circuito de juego de estos dos grandes equipos y no proponer lo mismo que ellos, hay quienes le quitan méritos a lo conseguido. Acaso: ¿qué es jugar bien? ¿Potenciar cualidades propias y minimizar al máximo las del rival no lo es?¿Entender cómo anular al rival y cómo dañarlo con armas inferiores no es saber jugar a este juego?

Seguramente, un fútbol vistoso como el que pregonan los equipos de Guardiola, entre (muy pocos) otros, es mucho más agradable a la vista que el del Atlético de Simeone. Sin embargo, no todos los equipos y, mucho menos aún todos los futbolistas, están capacitados para plasmar en el campo las virtudes que exponen conjuntos como Barcelona y Bayern Munich. Jugar lindo e intentar lograr un rendimiento similar al de estos equipos lleva tiempo. Tiempo del que no todos los clubes disponen, por falta de material y por urgencias de todo tipo.

Es por ello que, desde este lugar, se valora notablemente lo conseguido por un trabajador serial como Simeone, que con poco material para afrontar las múltiples competencias que debe jugar, ha logrado convencer a sus dirigidos de que siempre se puede llegar más lejos. Con presupuestos menores y con jugadores de poco renombre internacional, ha llevado al Atlético de Madrid a conseguir resultados impensados hace un par de años atrás y a pelearle mano a mano (y ganarles) a equipos con mucho tiempo de preparación y con planteles infinitamente superiores en calidad. Con sus armas, lindas o no, y que pueden gustar o no, su equipo bajó de la semifinal y final a los poderosísimos Barcelona y Bayern Munich de la Champions League, explotando sus virtudes y exponiendo las falencias del otro, y está a un paso de conseguir la primera Copa de Campeones de la historia para el conjunto madrileño.

Entender cómo jugar es saber. Y no ser vistoso también es jugar bien.

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