Cine. Interstellar

Por Mariano Negro y Pablo D. Castro.

El esperado regreso de Christopher Nolan viene a llenar ese espacio existente entre las estrellas, hecho de materia, energía y algo más…

 

 

Tormentas de polvo y plagas que devastan los cultivos y consumen drásticamente el oxígeno ponen en riesgo la supervivencia de la humanidad en la Tierra. La agricultura deviene en la principal actividad productiva a la que se aboca la sociedad. Toda otra actividad es considerada un gasto de recursos inútil (incluso el sostenimiento de ejércitos). Sin embargo, la ciencia siempre guarda un as bajo la manga. Interstellar se suma a la lista de producciones que se preguntan sobre la supervivencia de la humanidad en un contexto de superpoblación y escasez alimenticia (la falacia malthusiana). Pero a no mal predisponerse, que no es tan solo ello, sino una exquisita película de ciencia ficción, emociones profundas, y una mirada menos intuitiva del viaje en el tiempo.

Joseph Cooper (Matthew McConaughey) es un Ingeniero y ex piloto de la NASA devenido en granjero en algún lugar de Estados Unidos (o lo que fuera ese territorio). Vive con su suegro, un hijo mayor cuyos bajos resultados escolares le impiden el ingreso a una universidad cada vez más selectiva, y su inquieta y curiosa hija apodada Murph (Mackenzie Foy; et all). Ella sostiene que en su habitación hay fantasmas tratando de comunicarse a través de los libros que se apilan en los estantes. Su padre la motiva para que aborde la cuestión siguiendo el método científico. Ellos mantienen una relación de tierna complicidad, que recuerda en parte al vínculo padre-hija de Contact, de Robert Zemeckis (en la que curiosamente también actúa Matthew McConaughey). Entre los dos, eventualmente descifran en la habitación unas coordenadas geográficas que los llevan ni más ni menos al lugar donde se emplaza una base secreta de la NASA, cuya razón de existencia (secreta) es la de encontrar alternativas para salvar a la humanidad, siguiendo las pistas que ciertos seres extra-dimensionales van comunicando a través de alteraciones gravitacionales. A entender del Profesor Brand (Michel Cain), Ellos eligieron a Cooper como piloto de la nave que llevará a un grupo de científicos en búsqueda de planetas alternativos donde la humanidad pueda evitar su destino de extinción en la Tierra.

Al emprender el viaje interestelar, el principal problema que sufre Cooper es que las horas dedicadas a la exploración de dichos planetas se traducen en años en la Tierra. Una hora en la vida de Cooper en un planeta llega a la suma de 7 años de Murph. En breves videos-mensajes que su hija le envía a través del espacio, Cooper observa a su pequeña convertirse en mujer, y comienza a dudar sobre su decisión de abandonarla en pos de salvar a la población terrestre.

De manera minuciosa, Christopher Nolan va entretejiendo una compleja estructura narrativa donde los sentimientos, el amor filial y el romántico, así como el sacrificio por el bien común, se funden con las nociones más elaboradas de la física cuántica. La ciencia descubre, explica y marca el rumbo, pero cuando falla en sus certezas -¿qué puede trascender la cuarta dimensión?-. La respuesta puede hallarse no en sus desarrollos teórico-conceptuales, sino en un sentimiento propiamente humano: ¿qué es el amor sino un sentimiento observable y poderoso que somos capaces de percibir incluso transcendiendo las dimensiones del tiempo y del espacio?

Un aspecto discutible de la película, tal como adelantamos, es que basa su argumento en una previsión falsa expresada alguna vez por Thomas Malthus: el crecimiento exponencial demográfico terminaría poniendo en riesgo la supervivencia humana en la Tierra dado que la producción alimenticia crece geométricamente. Podemos, sin embargo, recomendar la serie inglesa Utopia, que está pronta a estrenar su tercera temporada, y las novelas de  Margaret Atwood conocidas como la trilogía de Oryx and Crake. En particular, Interstellar propone una visión algo peligrosa: la Tierra aparece como un planeta descartable, desechable, posible de ser reemplazado una vez que hayamos acabado sus recursos. Y además, prioriza la selección científica de los individuos que garanticen la no extinción de la especie. Argumentos extremos para justificar la imposibilidad de garantizar, no hablamos ya de una vida digna, sino simplemente la nuda vida a la población general.

Para la realización del filme, el director contó con el asesoramiento del astrofísico Kip Thorne. En tanto divulgación científica, el mensaje es potente y el discurso asequible. No falta el tributo visual a 2001: A Space Odyssey, en el mejor sentido, así como en los robots dotados de Inteligencia Artificial (CASE y TARS) que en Interstellar parecen haber fusionado la voz de la computadora HAL 9000 y la figura del monolito lunar de 2001. A su término, uno lamenta haberle dedicado 91 minutos a Gravity, a pesar de sus siete Oscars.

Ficha técnica:

Título:   Interstellar  (Interestelar en Latinoamérica)

Dirección: Christopher Nolan

Guion: Jonathan Nolan y Christopher Nolan

Música: Hans Zimmer

Fotografía: Hoyte van Hoytema

País: Estados Unidos

Año: 2014

Género: Ciencia ficción, Drama

Duración: 169 minutos

Idioma: Inglés