Colombia: No más, el pueblo se respeta

El brutal asesinato Javier Ordoñez en manos de la policía de Bogotá el pasado martes despertó una nueva conmoción popular en un país que despide decenas de víctimas por día. ¿El saldo de la manifestación? 7 muertos y más de 100 personas heridas por exigir el cese de la violencia.

Por Lisbeth Montaña

El pasado 8 de septiembre en horas de la madrugada, el abogado Javier Ordoñez salió con su amigos con algunos tragos de más en búsqueda de cerveza para beber. Esta es una escena típica. Claramente en el contexto de pandemia la conducta se asume como algo que no se debía hacer. Cuando se dirigían a la licorería, fueron interceptados por la policía y uno de los uniformados soltó la siguiente frase “de esta ahora, si nadie lo salva”. Acto seguido el policía doblegó al abogado, lo sometieron junto con otro uniformado y con dos pistolas teaser -uno de cada lado- y empezar aplicarle a repetidas descargas de 1.200 voltios.

Javier les imploraba a los policías que se detuviera: “por favor, no mas , no mas” se puede escuchar en el vídeo. Si bien los amigos de Javier poco podían hacer para detener a los policías, uno de ellos grabó lo que estaba sucediendo hasta que uno de los policías lo detiene junto a Javier. Una vez en el destacamento policial, los policías continuaron golpeando a los dos detenidos hasta ocasionar la muerte a Javier. A pesar del mal estado en el que se encontraba el abogado, los policías no quisieron trasladar a Javier a un hospital, así que fueron sus amigos quienes lo trasladaron para que lo atendieran pero ya nada se podía hacer. Javier Ordoñez murió por consecuencia de los golpes y las descargas eléctricas recibidas por los policías.

El video de la tortura inflingida a javier empezo a circular y la indiganacion no se hizo esperar, han sido meses donde cada semana nos hemos tenido que despertar con noticias de múltiples masacres, actos dirigidos plenamente a crear terror en la ciudadanía y sobre todo en la población juvenil.

No es gratuito esta oleada de terror por parte del paramilitarismo e instituciones militares y policiales, pues han sido las y los jóvenes que sin permiso tomaron las calles en noviembre de 2019  para denunciar la corrupción, para exigir el cese de la violencia y el cumplimiento de los acuerdos  de paz firmados con las FARC. Es la juventud y las organizaciones sociales las que han desmantelado la profundización de la desigualdad  social auspiciada por el gobierno de Iván Duque y el partido de gobierno el Centro Democrático. Desde la firma de los acuerdos de paz se sostiene una denuncia permanente por los asesinatos sistemáticos de lideres y lideresas sociales que, a la fecha, acumulan más de 900 asesinatos. Y se calculan tan dólo durante este 2020 mas de 51 masacres que se han perpetrado en 17 de los 32 departamentos del Colombia.

Durante la cuarentena, fuimos testigos de los hechos mas violentos a manos de tas instituciones : La violacion de una niña de 12 años por parte de 7 militares, la persecución a la población LGBTI con fines disciplinadores, el aumento de asesinatos de lideres sociales, la masacre de 9 jóvenes en la ciudad de Cali a manos de la policía de esa ciudad, el asesinato de 11 jóvenes en el departamento de Nariño. Múltiples hechos que no son aislados, son parte de una política de aniquilamiento y persecución para tratar de inmovilizar la indignación y neutralizar los llamados a movilizarse en contra de cualquier injusticia.

Una noche de indignación convertida en masacre

Escribo por la tarde del día jueves mientras miles se preparan para volver a las calles a decir basta a la violencia y la impunidad. A esta hora del  día las cosas no están bien, nunca han estado bien en Colombia. Lo que pasó con Javier en el día de ayer la cereza que le faltaba al pastel, o mas bien la ceniza que detonó este incendio. ¿Cuánta brutalidad debe soportar un pueblo que lo ha visto todo? Después de ver tantas veces la violencia ejercida contra nuestro pueblo, la reproducción de la situación de ayer fue como si fuera la primera vez que hubiéramos visto una bala atravesar un cuerpo.

No más, el pueblo se respeta, fue la consigna en la calles, en la redes sociales y en nuestras conversaciones con las y los vecinos. Está claro que la gente se cansó y salió a quemarlo todo, sin importar las consecuencias, por eso la represión no se hizo esperar y la cifras para una noche de indignación son devastadoras:

  • 9 jóvenes asesinados 16, 17, 21, 24, 25 y 27 años
  • 248 ciudadanos/as heridos/as, 36 presentan heridas de gravedad ocasionadas por impactos de bala
  • 41 personas se reportan como desaparecidas
  • 16 periodistas fueron agredidos, 9 reportan que sus equipos fueron destruidos

En varios de los CAI (estaciones de policia) que fueron quemados o pintados se habían denunciado a policías por hechos de abuso sexual, brutalidad policial, amenaza de muerte, tortura, hurto y extorsión. La brutalidad no es un hecho aislado mucho menos en Colombia. Sin embargo, las empresas de comunicación han intentado posicionar esta idea. En cuanto a la responsabilidad del actuar de estas instituciones del Estado, en todos los casos de abuso policial han sido llevados a la justicia penal militar, en donde los procesos y las responsabilidades son neutralizados y caen en un terreno muerto, por lo tanto la búsqueda y  los pedidos de justicia por parte de los  familiares y la víctimas quedan en la total impunidad.

Hoy se pide a gritos una reforma estructural a las instituciones militares y policiales, la brutalidad y la impunidad no pueden ser pan de cada día y la ciudadanía no está dispuesta a aceptar que otro hecho quede en la impunidad. Despues del “Bogotazo” del 9 de abril de 1949, la noche del 9 de septiembre sido una de la más violentas de la historia de la ciudad. Nos hizo vivir la furia de un pueblo que se cansó de los verdugos y que está dispuesta a arrancar sus derechos de cualquier manera.

La pregunta que nos queda girando, parafraseando al cura Camilo Torres es ¿de qué manera quiere la burguesía y el gobierno empezar a escuchar al pueblo colombiano que hoy está volcado en las calles? ¿De forma pacífica o violenta? Ya son muchos indicios a la respuesta y es por eso que la gente salió con toda la violencia a reclamar lo que le es propio justicia y dignidad y para defender estos legítimos derechos la ciudadanía está dispuesta a quemarlo todo .