“Como mamá debo reinventar maneras para acompañar y empoderar a mi hija”

Por Camila Parodi y Laura Salomé Canteros

Feliciana Bilat denunció a su ex pareja, Nicolás Balerdi, por haber abusado de su hija, sin embargo a lo largo del proceso judicial su voz y la de la niña no fueron contempladas, por el contario, citando a un inexistente síndrome la fiscalía pide la absolución del presunto abusador y acusa a la madre. “Se pidió la absolución del imputado aun habiendo pruebas que confirman la existencia de abuso sexual”, sostuvo. El próximo martes, 14 de julio, se dictará la sentencia.

 

En un contexto en el que parece que ciertos conceptos como violencias de género y derechos de los niños y las niñas no han sido comprendidos como tales, una nueva estrategia patriarcal se pone en escena para sostener la desigualdad. Bajo el rótulo de denuncias falsas, manipulación y fabulación de las mujeres, profesionales a cargo de instituciones y políticas públicas encubren violencias, legitiman privilegios y consolidan y reproducen no más que un sistema machista.

Entre sus “herramientas” aparece una lógica utilizada para justificar y encubrir abusadores conocida bajo el nombre de “SAP”, Síndrome de Alienación Parental, que logra que en muchas ocasiones las denuncias realizadas por las mujeres pasen a un segundo plano revirtiendo sus roles y convirtiéndolas en victimarias, colocando a los padres como víctimas.

Feliciana Bilat con sus treinta y un años sabe lo que el inexistente “SAP” significa. Vive en carne propia la subestimación de su denuncia al padre de su hija por abuso sexual, seguido de la acusación de su rol de madre. Luego de haber sido maltratada en repetidas oportunidades por su, en ese entonces, novio y padre de sus hijas, Feliciana decidió separarse a principios de 2009. Luego fue amenazada con el conocido “te voy a sacar a las nenas”, situación que la decidió a realizar la denuncia en la Oficina de Violencia de Género organismo que emitió una cautelar por tres meses. A finales de abril del mismo año, notó en distintas manifestaciones de su hija rasgos de abuso por lo que inmediatamente inició la denuncia al padre de la niña en el Juzgado de Instrucción en lo Criminal nro. 21 de Capital Federal, causa que actualmente se encuentra en el Tribunal Oral en lo Criminal nro. 17.

Marcha dialogó con Feliciana, quien nos contó su lucha a lo largo de los años en que ella y su hija fueron maltratadas no sólo por un varón violento sino también por las instituciones que deberían haberlas protegido.

Acusar a las víctimas

La historia que relata Feliciana es abrumadora. El proceso judicial que inició hace casi seis años y el actual debate oral complicó más la situación. La joven cuenta que denunciar las violencias de su ex la llevaron a ser la acusada y los relatos de su hija menospreciados. Todo esto englobado en la lógica “SAP” que, si bien no es un síndrome ya que el mismo no se encuentra reconocido por la Organización Mundial de la Salud y es rechazado por la Sociedad Interamericana de Psicología, no deja de ser utilizado por los poderes para sostener un statu quo y legitimar el abuso sexual de niños y niñas.

En ese marco, la defensa del imputado, Nicolás Balerdi, procesado por el delito de abuso sexual agravado por el vínculo, generó una serie de argumentos que condenan a la madre y Feliciana los conoce bien y enumera: “se me ha acusado de muchas cosas, de mentirosa por haber fabulado y por haber inducido a la niña a mentir. De depravada ya que decían que en el ámbito sexual tenía la cabeza muy abierta. De ser muy manipuladora, inteligente y violenta influenciando la construcción de la psiquis de la niña. De sucia tanto en mi casa como con mis hijas, y de alimentar mal a mis hijas.”

Ella sabe que la justicia funciona así, “forma parte de un sistema patriarcal, misógino y cómplice de abusadores y violentos” admite, por eso encuentra en el Fiscal Juan José Ghirimoldi un accionar que se repite y legitima, si bien él “debía velar por los derechos de mi hija, lejos de acusar pidió la absolución del imputado aun habiendo pruebas que confirman la existencia de abuso sexual”. Basando absurdamente sus alegatos en una declaración testimonial de una testigo de la defensa, una amistad con quien no había vuelto a tener contacto desde sus ocho años, el fiscal no sólo no escucha la voz de la niña sino que tampoco admite la de los profesionales del Centro Médico Forense ya que no hace alusión a sus pericias.

A lo largo de estos años Feliciana se pregunta, “¿cómo es posible que para un fiscal tenga más peso la declaración de una testigo de la defensa que la propia voz?”, y ante tanta decepción anhela, “quisiera confiar en que los integrantes del TOC son una excepción de este sistema” haciendo alusión a la sentencia que será leída el próximo martes, 14 de julio.

Si bien su hija relata ante la psiquiatra Virginia Berlinerblau, especialista en niños, niñas y adolescentes, no querer ver más a su progenitor, a lo largo del proceso judicial, su madre expresa “pienso que no bastó porque nuestro sistema judicial las voces de los y las niñas jamás son tenidas en cuenta. Además – atina – hay todo un sistema machista que confirma que esas cosas que dicen los y las niñas de las ´metemos´ las mamás en la cabeza”.

Ante todos los casos de abuso sexual intrafamiliar y de violencia de géneros se reproduce el ninguneo de las víctimas, “y mi caso no fue la excepción” asegura Feliciana, “como si los niños y las niñas fueran robots a los que una programa. Con esto queda expuesta la teoría de las madres ´locas´ y alienadoras, tan avalada por la justicia y por gran parte de la sociedad, pero lo que me parece peor es que se subestime a los niños y niñas como si no pudiesen expresarse por sí mismos/as.” Por eso, decepcionada se convence, “parece que para el sistema judicial esto no es posible. Si, son robots y nosotras madreas alienadoras.”

Después de cinco años que lleva en este desgastante proceso, Feliciana reconoce en su cansancio, “he aprendido de todo, un poco de derecho, un poco de psicología” y hasta se considera “payasa profesional” ya que “como mamá debo reinventar maneras día a día para sostener, acompañar y empoderar a mi hija”.

Convencida de que el accionar de las y los profesionales que intervienen en su historia es anti-ético por lo que “se cuidan” a la hora de aplicarlo, “se olvidan que cualquier forma de aplicación del ´SAP´ es ilegal” y es así que recuerda las palabras de otra madre compañera y protectora, “llamémoslo sap, sep, sip, sop o sup: siempre se trata de SAP.”