¿Cómo nacieron las barras bravas en Uruguay?

Por Juan Aldecoa*

Entrevista con Julio Osaba, docente de Historia e investigador de la Biblioteca Nacional sobre la colección Cuadernos de Historia.

En la Biblioteca Nacional en Montevideo, Uruguay, se está realizando una investigación acerca del nacimiento de las barras bravas en el país, en el marco de  la publicación de los Cuadernos de Historia, que lleva 15 números.

Charlamos con Julio Osaba sobre el trabajo de investigación y la recolección de los medios de prensa históricos de Uruguay, el Grupo de Estudios de Fútbol del Uruguay (GREFU) y sobre el tema de la violencia en el fútbol, aspecto del deporte que ha estado en boga en los últimos años y sobre el que saldrá el próximo Cuaderno en 2017.

-¿Qué explicación le dan al surgimiento de las barras bravas en Uruguay?

-El asunto surge con el Cuaderno número 13 (“Cultura y comunicación en los 80”), coordinado por Leandro Delgado. Cuando él presentó el proyecto al departamento, quería hacer una visión panorámica de los años ochenta, partiendo de la base de la construcción de nuevas subjetividades. Charlamos con él y salió el tema de la primera separación de hinchadas en los clásicos. En esa década empezaron a jugar nuevas subjetividades, nuevos públicos futbolísticos. El 6 de enero de 1987 se jugó la final del Campeonato Uruguayo de 1986. Aquel campeonato había empezado de forma accidentada porque Peñarol no jugó, Nacional se solidarizó y se selló aquel acuerdo entre caballeros, de los dos puntos, que terminó con Nacional perdiendo en la última fecha con Huracán Buceo, por lo que tuvo que jugar la final, que ganó Peñarol por penales.

-¿Por qué consideran que ése fue el hecho desencadenante?

-¿Por qué hubo que separarlos? Ése era el punto importante. Los años ochenta fueron el lugar de mi adolescencia: ahí hay que lidiar con esa doble vertiente de la memoria y construir historia interpelando las versiones que uno tiene en su cabeza y las que recoge de la memoria popular. El trabajo del investigador se sirve de la memoria para buscar, pero también implica interpelarla a partir de las fuentes: de ese modo es posible construir un relato sobre el pasado. El primer artículo del Cuaderno de Historia número 13, titulado “6 de enero de 1987”, fue un primer avance con respecto a la investigación sobre la separación de las hinchadas. En diciembre de 1986 había quedado colgado un clásico de la Copa de Oro de los Grandes, aquel invento que hicieron Peñarol y Nacional para recaudar, porque estaban en bancarrota. Tenían que jugarlo sí o sí. Los primeros núcleos de las barras de Peñarol y Nacional convivían en la misma tribuna: la hinchada de Peñarol en la Ámsterdam contra la América y la de Nacional contra la Olímpica. Empezó a ocurrir que esa convivencia pasó del canto en respuesta a lo que cantaba el contrario a la práctica violenta: el grito, algunas piñas, se robaban alguna bandera, se quemaba, los otros iban a rescatarla. El centro del primer anillo de la Ámsterdam era el campo de batalla. En ese clásico de diciembre de 1986 tiraron a un hincha para abajo y terminó en el Hospital de Clínicas.

-¿Se hablaba del tema en ese momento?

-Tenemos la memoria popular de que hay una escalada de violencia en torno a esos nuevos nucleamientos. Al recorrer la prensa de 1981 a 1984 o 1985 se constata que el retrato de las barras es poco y nada. Se menciona algún lío, algún problema, pero da la impresión de que todavía no están conformadas como tales. En esa época son conjuntos incipientes; todavía falta determinar por qué nacen. Hay un tema central en el estudio de las barras bravas: siempre es lo que se dice de las barras y de los barras, pero ellos no tienen voz. El primer estudio de campo es la tesis de grado de Leonardo Mendiondo, en Sociología, sobre las hinchadas de Peñarol y Nacional. Si bien es un análisis sociológico, no histórico, aparecen algunos conceptos que ya conocemos desde la década de 1990: el aguante en todas sus versiones, en la tribuna y afuera, en la pelea cuerpo a cuerpo, mostrar las heridas como trofeo de guerra; toda esa mitología que vino desde la Argentina, sobre todo a partir del programa El aguante, de TyC Sports.

En Uruguay esos nucleamientos nacieron en los 80, pero no como la definición de la barra argentina. A veces, para ciertos fenómenos socioculturales no tenemos un marco cronológico determinado. Más o menos, vemos a partir de qué fecha había grupos diferentes de Peñarol y Nacional. En la década de 1960 y en la de 1970 se reconocían algunos hinchas más bulliciosos. Hay recuerdos de lo que llamaban en Nacional “La batucada de la Olímpica”, que festejaba, gritaba y bailaba para festejar un gol, y después se sentaba. Y en los 70 hay recuerdos de un grupo de hinchas de Peñarol que en el ángulo entre Ámsterdam y América veían el partido parados, a los que José Pedro Damiani denominaba “La caterva”. En ese sentido hay un punto a resolver: por un lado, podemos rastrear en la prensa, que es la fuente a la que es más fácil acceder; por otro, hay que ver qué dicen los propios barras, desde cuándo se recuerdan como tales. Otra fuente a la que se puede acceder es la audiovisual; en este sentido se presenta el problema de que los registros audiovisuales de radio y televisión de la década del 80 son privados. Ocurre que son de difícil acceso o que, lisa y llanamente, dejaron de existir por la nula falta de política de archivo que tienen las empresas de comunicación en Uruguay.

-¿Cómo trató la prensa ese fenómeno?

-En la prensa hay una forma estereotipada de tratar a esos nuevos hinchas. Las mismas frases que escuchamos y leemos en la actualidad: “los inadaptados de siempre”, “bárbaros”, “esos coros de cantos soeces e impublicables”, decía La Mañana. Por otra parte, se ve claramente el discurso chovinista: La Mañana mira hacia la Argentina, publica muchas cosas sobre las barras argentinas y dice: “¿Qué medidas tenemos que tomar para que eso no llegue acá?”; cuando comienza a haber algunos problemas, afirma: “Siempre copiando el mal ejemplo argentino”. Hay cierta defensa de la “tradicional convivencia en nuestras canchas que hasta no hace mucho no era alterada por estos bárbaros”. ¿Hasta no hace cuánto? ¿De qué hablan? Algunas cosas quedan un poco oscuras. Lo que sí se nota en la prensa es que se da cuenta de que en las canchas comienza a haber grupos diferentes al hincha tradicional, pero no sabe cómo calificarlo. Si en la Argentina las barras nacieron como un brazo armado de la dirigencia y después entraron en el circuito de la delincuencia, no es claro, y yo diría que no es seguro, que en Uruguay hayan surgido así. Sí es posible que después se hayan transformado en otra cosa, pero no en los años 80.

-¿En qué momento se transforman en una organización delictiva redituable?

-Tengo la firme hipótesis de que la separación de hinchadas potenció el surgimiento de nuevas subjetividades en las tribunas. De núcleos pequeños –si uno ve las fotos no pasan de 100 personas y se ubican en las esquinas de una misma tribuna–, a partir del 6 de enero de 1987 las autoridades permitieron que esas nuevas subjetividades colonizaran una tribuna completa. Visto en retrospectiva, esa primera separación, a partir de cierta dinámica social, necesitó nuevas separaciones. Ese aspecto podemos analizarlo cronológicamente: separación de las hinchadas a las tribunas populares, eliminación de los taludes, tribunas diferenciadas para ver a la selección en el estadio, y los últimos actos son el pulmón en la Olímpica y la tribuna entera para el local. En ese momento estamos ahora, y posiblemente el próximo paso sea que, con la construcción del estadio de Peñarol, haya partidos sin visitantes o con núcleos mínimos de visitantes. Lo que llama la atención de la medida es que era totalmente para salir del paso: atendía a esa coyuntura y no se tenía claro ni de qué serviría ni cómo se instrumentaría. Esa indefinición se nota en la prensa: “En el clásico de hoy se separan las hinchadas para evitar hechos violentos” aparece en el título principal, pero después no hay desarrollo. En toda la prensa no hay desarrollo. Las fuentes principales de violencia en los deportes, en general, eran lo que podemos llamar “violencia tradicional”, no la que surge a partir de nucleamientos medianamente organizados.

* Periodista de La Diaria, Uruguay. http://ladiaria.com.uy/articulo/2015/9/barra-de-estudio/