¿Cómo salieron otros países de sus crisis de deuda?

La Argentina se enfrenta a una reestructuración forzosa de la deuda pública. Según cálculos del OCEPP, el gobierno entrante tendrá que abonar un total de 183 mil millones de dólares, una cifra descomunal prácticamente impagable de alrededor de un tercio del PBI. La necesidad de reestructurarla escapa a la voluntad política y lo que queda saber es cómo se va a llevar a cabo. Aquí analizamos algunas de las alternativas.

Por Francisco Cantamutto y Lucas Castiglioni / Foto: Tadeo Bourbon

A diferencia de la restructuración del año 2005, el FMI aparece como el deudor principal, con alrededor de un tercio de la deuda con próximo vencimiento, lo que centralizaría un núcleo fuerte de esa negociación con el organismo. Como reverso, el FMI está sometido a cierta presión internacional, ya que se encuentra en el ojo de la tormenta por haber prestado a la Argentina por encima de lo que su propio estatuto permite.

Frente a esta situación, se vienen barajando en el debate público argentino distintos escenarios internacionales que servirían como casos testigo de países que atravesaron una crisis de endeudamiento severo. Se tratan de paralelismos que ofrecen diversas resoluciones a este problema. Queremos repasar algunos de los principales que nos parecen interesantes para pensar contrapuntos.

P.I.G.S: Portugal, Irlanda, Grecia y España

Varios de estos ejemplos son países de la periferia europea que, con el estallido de la crisis del 2008, estatizaron parte de la deuda de sus sistemas financieros, provocando de manera veloz la necesidad de incurrir en salvatajes por la imposibilidad de pagar su deuda. Se trata de los conocidos con el acrónimo en inglés de PIGS: Portugal, Irlanda, Grecia y España. De esos casos se suele resaltar el de Irlanda, sobre todo, del lado de la ortodoxia, porque aparecería como un modelo de ajuste efectivo y muy severo que habría dado lugar a una rápida recuperación. Esto aparece muchas veces no solo en el debate argentino, sino también en el español.

Sin embargo, un análisis más detenido permite visualizar que la recuperación de Irlanda parece haberse dado a pesar del ajuste, ligado centralmente al esfuerzo deliberado, prolongado e intenso del Estado en promover inversiones extranjeras para hacer de Irlanda una plataforma de exportación de servicios y bienes de alto contenido tecnológico. Este hecho hace que la demanda externa haya permitido una rápida recuperación por la vía de las ventas al exterior. No sería el caso de las economías de Portugal y Grecia, que tienen un menor peso en las exportaciones.

En este caso, el debate ha sido más conocido y se pueden visualizar los resultados del caso griego en el reciente documental Fondo de Alejandro Bercovich. La llamada troika (integrada por el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el FMI) presionó a Grecia a realizar un ajuste brutal, vinculado a una serie de reformas estructurales que incluyó fuertes privatizaciones, pérdidas de derechos laborales y de pensiones. Aquí, además de que se buscó doblegar el proceso social y político que llevó a Syriza (Coalición de la Izquierda Radical) al gobierno, se quería usar de ejemplo para otros casos.

En el caso de Portugal, la troika no buscó este carácter de castigo ejemplificador. Aun así, Portugal aplicó también una serie de reformas estructurales de tipo regresivas que eliminaron aguinaldos, derechos laborales por la vía de la flexibilización y un ajuste fiscal importante en aras de pagar la deuda. La diferencia está que en el caso de Portugal, tras cuatro años de ajuste, por medio de la demanda externa vinculada al turismo, hubo una leve recuperación que le permitió no renovar el acuerdo e iniciar los pagos, finalizados en el año 2018. De la mano de este impulso externo pudo emprender un leve crecimiento que le permitió, junto con la llegada de una coalición de centro izquierda al gobierno, implementar ciertas mejorías ligadas a la mejora de los salarios.

En la comparación no puede desconocerse el peso que tuvo esta demanda externa y la resistencia al ajuste en Portugal, que en el caso de Grecia fue dilapidado por la presión ejercida sobre Syriza y su decisión de desvincularse de esta demanda social. Recordemos que en el país heleno se realizó una consulta popular sobre la deuda, donde el mandato fue abrumadoramente claro por dejar de pagar.

En estos casos, la presión de la troika fue significativa desde el punto de vista que amenazar con que la salida del mercado común implicaría la pérdida de mercados y de ciertas inversiones extranjeras, que de conjunto generarían un fuerte impacto económico en la población. Más allá de esto, comparándolo con Argentina, se trata de economías más pequeñas que no tienen riesgo de descalce de moneda (la moneda que utilizan en el país es la misma en la que tienen sus deudas). En Argentina, gran parte de la deuda está en moneda extranjera, es decir, no es de emisión local, y por lo tanto a las necesidades del ajuste fiscal para obtener recursos de pago se añade la necesidad de tener recursos externos.

Dentro de este mapa de referencias europeas, resalta una que no suele ser mencionada en los análisis y es el caso de Islandia. Este país, al estallido de la crisis internacional se encontró con una enorme deuda financiera, del tipo de defalco de otros países. La diferencia estuvo en que el gobierno decidió perseguir legalmente a los banqueros responsables, enjuiciarlos, encarcelarlos y estatizar el sistema financiero. Fue el caso de la recuperación más veloz con mejor sesgo distributivo. El problema aquí está en que se trata de una economía extremadamente pequeña en comparación a la Argentina y las consecuencias en uno u otro caso son diferentes. No obstante, debería señalarse como otro de los casos de salida a una crisis de endeudamiento.

Hay que recordar que en el caso argentino, la toma de deuda tuvo como principal destino, como ha sido demostrado por diversas investigaciones, la fuga de capitales. La deuda aquí ha sido un mecanismo indirecto para financiar el negocio de unos pocos. En tal sentido, sin necesidad de estatizar las deudas del sistema financiero, se propuso un esquema macroeconómico que fomentó la estatización de los costos.

En el paralelo establecido hasta aquí, la ortodoxia, además de Irlanda, entiende que el modelo griego sería otro camino. Portugal en este escenario aparece con un sesgo progresista que sería aprovechado, al menos desde los gestos, por el entrante gobierno de Alberto Fernández y el Frente de Todos.

La vía uruguaya

Justamente fue Fernández quien sugirió la comparación con otro caso que tomaría como modelo, que es el caso de la reestructuración de la deuda de Uruguay en el año 2003. Concretamente, se produjo un “reperfilamiento” que extendió los plazos del pago, sin quitas, y pagando los intereses durante el tiempo de la extensión. Esta es una negociación extremadamente amigable con el mercado que obtuvo más intereses a lo largo del tiempo por dilatar el cobro del capital. Tomado como un modelo, implicaría una negociación con los acreedores externos, una de las posibilidades que se maneja.

La comparación, sin embargo, tiene diversos problemas, entre los que queremos resaltar que la economía y la deuda uruguaya representan alrededor de la décima parte de la economía argentina. En este caso, la diferencia de tamaño sí es relevante por la complejidad de la negociación resultante. Pero además, en el caso del país vecino, tanto el riesgo de default inminente como la salida fueron estrictamente de la mano de los ciclos económicos de Argentina y Brasil. En el caso del paralelo con nuestro país, quedaría por ver cuál sería el motor de tracción externa que fomentaría una recuperación semejante, lo cual no está a la vista. Además, la economía argentina conforma su PBI en un 65% por el consumo interno y no por la demanda externa. Estas diferencias no son triviales al momento de hacer la comparación.

Al mismo tiempo, como en el caso progresista portugués, las reformas estructurales sometidas, que incluyen reformas laborales, más ajuste fiscal y otros elementos de regulación macroeconómica, fueron sostenidas por los gobiernos progresistas, tanto en el caso de Portugal como en el caso del Frente Amplio de Uruguay. En este sentido, la economía uruguaya como modelo significaría mantener el ajuste realizado por Juntos por el Cambio. No solamente en lo referido estrictamente a salarios, que podrían negociarse con subas lentas, sino en lo que tiene que ver con los cambios legales en los costos extra salariales de contratar trabajadores y trabajadoras. Esto significa mantener, por ejemplo, los cambios arbitrados en la Ley de Accidentes de Trabajo, las reformas en el sistema de jubilaciones y pensiones, reformas tributarias vinculadas a la reducción de aportes patronales y también la revisión de los convenios colectivos de trabajo en casos puntuales, algo que ha sido adelantado como posible por el equipo técnico de Alberto Fernández.

Sin embargo, para hacer la comparación, quizás el caso más parecido a la Argentina actual sea la propia Argentina del 2005, por la escala que tuvo y por el centro de gravitación en el sistema financiero internacional. A diferencia de aquel entonces, el peso del FMI hoy es muchas veces mayor y se espera que haya tensiones mientras se ve si se puede obtener una extensión de plazos sin que esto implique reformas estructurales. Algo que no tiene muchos antecedentes sería intentar lograr una quita con este organismo internacional.

La salida ucraniana

Otro modelo que aparece referido por los equipos técnicos de Alberto Fernández es el caso de Ucrania. Una economía que se encuentra en el límite entre la Unión Europea y Asia, en el centro de la disputa geopolítica con Rusia. Ucrania, tras atravesar una crisis política y social interna que incluyó la presencia de fuerzas armadas extranjeras en su territorio, finalmente se dividió, resultando la anexión de la República de Crimea a la Federación Rusa. En este contexto, el gobierno pro europeo de Ucrania recibió la ayuda del FMI y un conjunto de gobiernos occidentales, que le hicieron un préstamo puente a cambio de una serie de reformas favorables al modelo arquetípico de ajuste. Vale señalar que el FMI actuó como coordinador para lograr una renegociación con acreedores externos que involucró, incluso, una quita para nada trivial de capital.

Si bien la economía ucraniana es comparable en tamaño a la Argentina y el tamaño de su deuda también lo es, deben resaltarse estas reformas estructurales, muchas de las cuales aún no han sido aplicadas y serían una prenda cambio en caso de buscar este camino. Al mismo tiempo, la cuestión geopolítica en el caso ucraniano fue clave para haber logrado ciertas concesiones; esto se debió a la presencia rusa en el territorio. En tal sentido, la idea que se esconde detrás de utilizar como modelo a Ucrania sería tratar de obtener de China ciertas facilidades que, con una diplomacia inteligente, presionaran a Estados Unidos a continuar otorgando facilidades vía el FMI.

Por supuesto, detrás está la idea de que se mantenga una cierta confrontación entre China y Estados Unidos, algo que no se puede dar por descontado, considerando que China, por caso del salvataje ejecutado a Grecia, fue el que más aprovechó las privatizaciones, haciéndose de gran parte de los puertos de ese país que le facilitaron el trabajo de gestión en su nueva ruta de la seda.

Opciones de nuestro continente

Un caso cercano que no está siendo debatido, omitido como experiencia internacional comparable tal como con el caso de Islandia, es el caso de Ecuador. Si bien se trata de una economía más pequeña, sin riesgos de descalce por estar dolarizada, lo cierto es que en un contexto semejante al que enfrentó Argentina a inicios del siglo XXI, el gobierno de Ecuador eligió avanzar por una auditoría con participación de expertos locales e internacionales, que terminó resultando en la declaración de gran parte de esa deuda como ilegal, ilegítima y odiosa.

Finalmente, Ecuador no impugnó esta deuda, sino que la recompró con una quita significativa en el mercado de capitales, sin por esto salirse de los mercados de crédito internacional y pudiendo aprovechar el contexto de altos precios internacionales. Si bien para la Argentina actual el contexto no es el mismo y el tamaño de la deuda es diferente, la idea de una auditoría no debería descartase de lleno, como no lo hacen incluso algunos referentes del Frente de Todos, como es el caso de Claudio Lozano. Debe pensarse que la auditoría, más allá de lo estrictamente contable y legal, debería involucrar elementos que tienen que ver con los impactos económicos, sociales y ambientales de la toma de la deuda, para poder hacer una caracterización completa de los efectos del endeudamiento a la hora de determinar si es legitima o no.

Además, una auditoría de la deuda puede servir como instrumento de sensibilización y movilización social, lo cual sería útil para alterar la correlación de fuerzas políticas no solo a nivel interno, sino también en el plano internacional. Sin el apoyo de las masas populares para avanzar en un esquema más agresivo de reestructuración de la deuda, quedaremos atrapados en soluciones de técnicos que, sin menospreciar los impactos de los cambios de plazos de capitales o de intereses, jamás van a discutir la lógica estructural del endeudamiento que nos mantiene empobrecidos y empobrecidas.