Con la tierra colorada en diez cuerdas y la selva en la voz

Ramón Ayala nos presenta en este poema épico una de las guerras más sangrientas y ambiciosas  que nos toca cargar en nuestra historia  Latinoamericana.

Por Carla Lorena Lorenzo

Estamos llenxs de excusas y hoy encontré una para hablar del Mensú. Esta excusa va acompañada de disculpas y se llama: “Las trincheras ardientes del Paraguay”.

Saber contar historias es una cualidad que no muchos tienen, hacer sentir el dolor con palabras no es algo que pueda lograr cualquier escritor. En medio de una pandemia, Ramón Ayala reedita su libro dedicado a la masacre más sangrienta  que vivió Latinoamérica: La Guerra Grande o la Guerra de la Triple Alianza.

Con Mitre a la cabeza y los ingleses en los oídos y en los bolsillos Argentina, Brasil y Uruguay deciden ir a matar al pueblo paraguayo comandado por Solano López. ¿Los motivos? Terminar con el modelo autónomo y de desarrollo industrial de este pueblo. Acusando que era “un mal ejemplo” para la región. Como sabemos, Paraguay perdió esta guerra, pero no sin antes dar pelea como todo Pueblo digno la da frente a los atropellos de los grandes imperios.

“Las trincheras ardientes del Paraguay. Canto popular sobre la Guerra Grande”  es un gran poema épico, escrito en décimas, con la abundancia de imágenes que Ramón Ayala nos tiene acostumbradxs cada vez que escribe, canta, pinta o habla.

“Yo vengo del ayer

De la tarefa y el raído poriahú

Soy tierra de mensú

Soy tronco soy raíz

La savia antigua que quisiera retornar

En los que ya no están

Y que jamás regresarán

Sombras del alto Paraná”.

Este libro tal como lo dijo el Mensú:  “no es una ocurrencia, es muy serio”, son mucho más de veinte años de trabajo en las ciento cincuenta y un páginas que relatan estos diez cantos poniéndole a cada palabra el sonido de la tierra y a cada imagen el aroma de la dignidad y la ambición.

Detenerse en Ramón Ayala es detenerse en el poeta político que tiene a su tierra tan en el cuerpo, que relata y dibuja la vida en Misiones de una manera natural y honesta: “en cada viaje llevé a Misiones en el alma”.  Narra sus paisajes, el trabajo de los campesino;  los obreros de la tierra dándole a cada palabra una coloratura que solo él puede lograr.

Soy el Paraná,

Cuerpo de tormenta y sol.

Siglos del andar,

Recorriendo el clima azul.

Por el misterio que me lleva al mar

Vólvere, sé razón litoral

Grito en el fragor

Los caballos del amor

En mí.

En 1960 alguien cantaba en la Isla que vive desde ese entonces el bloqueo económico más injusto de la historia mundial: “verde gris, verde brillante, rojo toro, sangre adelante, camino y selva”, alguien cantaba en la Sierra Maestra “el mensú”.  Por esto Ramón Ayala fue invitado a Cuba por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y en este encuentro lo esperaban Rodolfo Walsh, el Che y Salvador Allende. Llegó a ese encuentro a cantar y “sin tener todavía conciencia de la magnitud de estos seres” llegó hasta allá solo por tener una guitarra en las manos y responsabilidad social.

Nacido en una esquina abrazada por Brasil y Paraguay, llamada Garupá.  Venido con la inmensidad de la selva y con su sonoridad en las manos. Trayéndonos el olor de la Yerba Mate y el Gualambao, ritmo de su tierra húmeda de sonido permanente, inventado por él. Utilizando al amor y al asombro de la niñez como motor de todo, es como decide hacer hablar a los muertos, hacer hablar a la sangre.

Es la voz de una madre, la voz de una abuela la que relata con dulzura y un inquietante dolor esta guerra. Y es el respeto al lenguaje de su tierra el que mantiene Ramón Ayala en este libro. Es realmente una muestra de respeto y reivindicación a un pueblo que fue atropellado y herido de muerte, que fue obligado a llevar a niños con fusiles como último recurso para defenderse. Un pueblo que vio morir a sus mujeres masivamente.

“Yo soy el viento, ojos de infinito, boca de horizonte, barba de tormenta. Nada ni nadie puede contenerme: ni la pretenciosa música del genio ni los versos abstractos del poeta. Puede mi voz ser el trueno, el sibilante susurro, serpiente de voces rancias, un eructo del abismo. Voy por las cerraduras de las embajadas sordas y el adiós del moribundo que parte hacia misterio”.

Ramón Ayala es la voz de una región de una historia que debe ser reconocida, contada y valorada.