Cría de la noche

Cría de la noche

Por Cezary Novek. Entrevistamos a Ditta Perdita, compositora de Córdoba que grabó con Tacuara Records su primer disco solista, Aparición, disponible online desde el mes de marzo.

Referente indiscutible de la cultura oscura en Córdoba, Ditta Perdita ha promovido desde hace años diversos estilos afines al gótico desde sus formaciones musicales y como organizadora de eventos. Después de mucho caminar, se lanzó en solitario hace unos meses con un disco virtual –Aparición- que combina su estilo vocal tan particular, entre cantado y recitado, con recursos compositivos que recuerdan a Ligeti, Philip Glass, Sopor Aeternus, Joy Division y los primeros discos de Lacrimosa.

Las asociaciones que dispara Aparición son muchas y se entretejen como un lienzo fantasmagórico y sensual que es una ventana abierta a su mundo interior, atormentado y elegante, maldito pero sin queja, aunque siempre ominoso.  En sus letras, crípticas y despojadas a la vez, predomina la reiteración y el juego, siempre teñidas por la deshumanización, la soledad y los relaciones amo-esclavo en diferentes formas. Por momentos, se pueden interpretar como un lado B de las rimas infantiles. Algo a destacar es la diferencia entre tema y tema: algunos se centran en una base rítmica pesada y viscosa mientras otros se hamacan lentamente en penumbrosos arpegios. Algunos títulos contienen vagas referencias literarias como, por ejemplo, Alicia en el país de las maravillas (Conejo) o El hombre de la arena (Bailarina mecánica), entre otros.

Minimalismo, Postpunk, Gothic Rock, Industrial, Synth Pop, Dark Wave. Da igual la lista de ingredientes. Lo realmente interesante es cómo Ditta administra todos esos estilos con austeridad y criterio, dándonos como resultado un disco singular, con personalidad propia. Tan así, que llegó a ser difundida en el programa de radio online de Mick Mercer, periodista, escritor y fotógrafo inglés, autor del libro -ya un clásico de culto para la movida gótica- Gothic Rock.

En persona, parece una extensión de su música: habla de forma pausada y con humildad, pero en sus ojos claros brilla el orgullo de un aristócrata condenado. Acaba de llegar de viaje, aún tiene el pelo mojado. Hay un piano en el living, austero y elegante. En su casa predominan el blanco y el negro combinados con tonos ocres. Hablamos de la movida en Córdoba, de sus proyectos anteriores y de arte en general. Ofrece té y galletas. Prendo el grabador:

Vivo en Córdoba desde 2002. Mi primera banda fue Autómata. Gustavo Ortega, Ditta Perdita y Andrea Moya (que ahora es artista plástica). Hacíamos postpunk, muy deforme: cuatro temas y un cover. Éramos chicos y cada cual siguió por su lado. Un tema nuestro salió en una revista y un blog español.

Después vino Hombre muerto: Coty Checchi en bajo; Fátima -que ahora es monja- en guitarra; yo en voz y teclado. Gustavo Ortega nos hacía las bases. Hacíamos gothic rock. Fue entre 2004 y 2005, pero se disolvió muy pronto. Llegó a tener página web, alcanzamos a tocar un par de veces en vivo.

La banda que siguió fue Beata. Tenía muchos temas que había compuesto en el piano. Conocí a un pibe que tocaba la guitarra, Lirox; y Gaby (que ahora estudia psicología) era la que cantaba. Ella se fue al tiempo y con Lirox fuimos a tocar a Buenos Aires.

Después conocí a Fernando Balestro, con quien hicimos Rosa Krüger en 2010. Era más electro-industrial. Sacamos un disco con Tacuara Records, de Buenos Aires, en formato de tarjeta USB. Fue una idea del productor del sello, algo innovador en su momento, nos hicieron varias notas por eso. El proyecto venía muy bien y justo mi compañero tuvo un problema, se tuvo que volver a Santa Fe y quedé sola otra vez. Ahí dije: ´bueno, basta, tengo que hacer algo sola´. Mi trayectoria con las formaciones es una cuenta regresiva: tres, dos, uno…

 

El proceso

Y ahora soy Ditta Perdita. Todo llevó a eso. Gustavo Ortega siempre me decía de hacer música sola y tener músicos sesionistas. En eso estoy. Es muy probable que él me remixe un tema. Aparición lo produjo Tacuara Records. Yo quería ir subiendo temas  a mi Facebook. Ni siquiera tener fanpage. La onda era ´hoy hice este tema, escuchen´. Necesitaba alguien que me ayude a mezclarlos. Se lo pasé a César (Canali), de Tacuara, y él me propuso hacer un disco.

Me siento al piano y toco. Después lo llevo a la compu y le meto algo. A veces escribo en pentagramas, a veces grabo. Ahora tengo mi estudio. Me siento al piano y empiezo a delirar, después le agrego las cosas más electro, el acompañamiento. Las letras las escribo después. A veces, surgen mientras estoy improvisando.

Ditta Perdita es mi alter ego. Estábamos un día de after, en estado de after; y le digo a mi hermana (la actriz Gisela Casalis) ´¿Quién es Ditta Perdita?´. Y ella me dice ´no, no existe… están Ditta von Teese y Perdita Durango, pero Ditta Perdita no existe´. Y yo insistía que sí, que quién es, etc. Cuando me convenció de que no existía, dije ´bueno, yo voy a ser Ditta Perdita, entonces´. Después me di cuenta de que, en italiano, Ditta significa compañía y Perdita, perdida… compañía perdida…, aunque en italiano se escribiría perdita ditta, je. Sería más simple usar el nombre real, pero también más aburrido.

 

Proyectos actuales

Este disco es algo personal, muy yo. Lo que hago está dentro del gótico, Dark Wave, pero muy propio, por eso es difícil para mí definirlo. Me gusta mucho Satie en piano, pero no creo que eso se note. Me nombraste Sopor Aeternus, pero no lo he escuchado mucho. Yo me siento en el piano y trabajo. Después cuando le meto un bajo, un arpegiador y teclados ya estoy pensando en algo, ponele, industrial. Hay una variedad de estilos.

Ahora estoy participando del proceso creativo de una obra teatral, en musicalización. El preestreno será para fin de año. Es sobre Mark David Chapman, el asesino de John Lennon. Estoy con la directora de Sade, María Palacios. La obra aún no tiene nombre. Voy a estar en vivo con el piano.

Todos los días toco. De ahí nace todo. Después lo laburo con sonidos electrónicos. En un futuro, lo que hago terminará siendo piano y voz, menos intervenido. Me han propuesto hacer un compilado de temas de piano solo. Hace poco subí una improvisación al Facebook. Creo que es ahí a donde iré con el tiempo.

 

Los años de aprendizaje

Estudié piano, apenas terminé el secundario: unos años en el Conservatorio de Buenos Aires; en Córdoba, en la Colmena y luego en Collegium, pero nunca terminé. Ahora estoy tomando clases de canto. Tengo una voz extraña -lo sé- y necesito técnica.

Cuando yo era chica ya me gustaba mucho el industrial. Organizaba fiestas donde yo era la cantante. Jugábamos con una amiga mía que tenía un teclado. Mi abuelastro juntaba agua de lluvia en unos tanques al fondo del patio de su casa y hacíamos música con eso porque salían unos sonidos increíbles. Ésa es la parte industrial. Me gustaría algún día grabar esos sonidos. Empecé a escuchar mucha música cuando conocí a amigos de mi pueblo de origen -Arroyito-, me empezaron a pasar bandas: Smashing Pumpkins, Björk, lo que estaba en ese momento, Marilyn Manson, Nirvana. Cuando iba a elegir carrera, pensé en musicoterapia. Entonces empecé a prepararme con el piano. En Buenos Aires escuché las bandas alternativas, gótico, postpunk, etc., aunque en el conservatorio tenía una formación más clásica.

Por ahí me canso y digo ´para qué todo esto´. Hice maquillaje profesional durante mucho tiempo, en publicidad y eventos, hasta que me hartó. Ahora sólo muy de vez en cuando. Acá podés sobrevivir tocando en una banda de cuarteto, pero de la propia música, ni ahí.

Lo que yo hago no lo hago para ser famosa, sino porque me gusta. Tengo un público reducido. No reniego de las redes sociales. Es una gran mano para todo tipo de músicos independientes. Para Rosa Krüger, el productor nos contactó porque le copó mi foto del FB, vio mi formación, que tenía banda, y salió el proyecto. Lo mismo con Soundcloud. Ahora quiero hacer videoclips y subirlos en YouTube. No me interesa tanto como antes tocar en vivo. Si lo hago, que sea una presentación copada con el mejor sonido. Para el vivo estamos preparando imágenes con una artista visual -Analía Curacaran-, proyecciones elaboradas con una estética específica para cada tema. Con la performer Solange Coero Borga estamos preparando para que intervenga en dos temas instrumentales.

Mun discos me había ofrecido sacar todos mis temas en formato acústico, en casette. Es gracioso, ya que no tengo dónde reproducir casettes. Esto del formato digital es muy positivo por el alcance: se pueden descargar tu disco desde cualquier lugar del mundo. También me gusta el disco físico, incluir arte de tapa. El de Aparición lo hizo Rafael Espeche, de El Chaco.

Hay mucha gente que te critica por la seudo fama de Facebook, pero son irrelevantes. Es una herramienta, nada más. Te conocen por Facebook y ya tenés una supuesta fama. Pero lo importante es lo que se hizo, el permanecer haciendo. Estoy desde hace diez años intentando inyectarle algo de subcultura gótica a Córdoba desde la promoción de fiestas, desde mi música. También subo fotos al Facebook, pero es una parte más de mi arte. Por ahí da bronca que piensen que lo único que hiciste fue sacarte un par de fotos buenas y se olvidan de todo el trabajo que venís haciendo. Eso me da bronca.

 

Lecturas

Me gusta la literatura. Cuando escribo las letras no lo pienso pero inconscientemente algo de eso hay. Me gustó El perfume, hace poco leí El guardián entre el centeno -si lo hubiera leído cuando era más chica me hubiera gustado más-. Me gusta mucho Pizarnik, la Condesa sangrienta, especialmente.

Rebelión en la granja, también. Estaba leyendo Foucault porque tenía ganas de leer algo sobre el hedonismo. Yo tengo una formación muy católica -iba a un colegio de monjas- y necesito reencontrarme con el placer. Quería leer algo sobre el hedonismo y mi terapeuta me recomendó leer algo de Foucault, pero no me está resultando. Lydia Lunch me gusta mucho. Lovecraft también.

 

El placer

Es como algo nuevo, difícil, ya que depende de mí. Y no quiero que se convierta en algo feo. Me peleé con el piano cuando empecé a estudiar en Collegium: una profesora hizo que estuviera dos años sin tocar. Ahora es todo un reencuentro. Volver a tocar más en vivo, estar yo sola -soy perfil bajo- me genera displacer, temor, inseguridad. Necesito reencontrarme con el placer, hacerlo por placer y no buscar algo perfecto.

El displacer en las letras tiene que ver con mi formación católica -todo el primario y el secundario-. La culpa, el pecado, rebelarme contra todo eso y ser quien soy. Creo que se refleja en todo. Respecto a las relaciones amorosas, creo que siempre está la negociación, quién gana, quién pierde. Siempre. Creía en Dios, ya no. Después me di cuenta de que no existía. Uno de los temas -“Intolerancia Comedogénica”- trata de eso: de mi intolerancia para con el catolicismo. De ahí pasé a creer en mí, a experimentar una especie de individualismo. Antes me atraía pensar no en el diablo, pero sí en que todo eso que estaba mal, estaba bien; dar vuelta la torta. No entiendo por qué tenemos que ser esclavos de la moral si podemos vivir como nuestro propio rey. Por ahí va el individualismo. No quiere decir que no me importe nada de nadie, pero trato de vivir haciendo lo que quiero y como quiero. ¿Qué es lo que yo quiero? Eso tiene que ver con el día a día, segundo a segundo, momento a momento. No quiero tener mi vida programada. No quiero tener amo.

 

Otras Notas del Autor:

Relaciones Bilaterales (II)

Relaciones Bilaterales (I)

El efecto del presente