Brasil: crónicas de un golpe anunciado

Por Guillermina Huarte

Hace unas horas se acaba de votar en el Senado Federal brasileño la destitución de Dilma Roussef. Con 61 votos en a favor y 20 en contra, se aprueba apartarla de su función como Presidenta de la Nación. Hoy, toda Nuestra América es testigo de un Golpe de Estado parlamentario, donde el voto libre de 54 millones de brasileñxs es atropellado por los intereses de 61 senadorxs.

El lunes 29 de agosto comenzaba la última etapa del proceso de enjuiciamiento a la recientemente destituida presidenta. Dicho proceso consistió en escuchar los argumentos de la Fiscalía en contra de Dilma Roussef, y los de Defensa, siendo ella misma quien se defendería.

El discurso que dio Dilma momentos antes de ser juzgada fue realmente emocionante. Habló de su trayectoria política, recordando las marcas de la dictadura. Habló con firmeza sobre sus convicciones como presidenta y sobre las políticas que aplicó en todo su mandato. Aún con una actitud sumamente segura y fuerte, podía notarse la tristeza y la preocupación que le causa este Golpe de Estado parlamentario. Sin dejar de señalar que este juicio es una manera inconstitucional de correrla de la presidencia. Por segunda vez en su vida, viviría otro golpe a la democracia. Y dijo: “En este proceso no puedo dejar de sentir en la boca nuevamente el gusto áspero y amargo de la injusticia. Por eso, como en el pasado, resisto. No esperen de mí un silencio de los cobardes. En el pasado con las armas y hoy con la retórica jurídica, pretenden nuevamente atnentar contra la democracia y el Estado de Derecho” .

Porque vale recordar que Dilma fue presa política durante la dictadura militar brasilera en los años 70. Durante su discurso recordó, con la voz quebrantada, el sufrimiento de la prisión, “ver compañeros y compañeras siendo violentados y hasta asesinados”. Rememoró el miedo a la muerte, con su corta edad, y “las secuelas de la tortura en mi cuerpo y en mi alma”. Después continuó diciendo: “Pero no cedí. Resistí. Resistí a la tempestad del terror”, haciendo referencia también a que todos sus años los dedicó a la lucha por la democracia, por una sociedad justa, y donde no exista la miseria. ¿Por qué un golpe de Estado ? “¿”Impeachment” sin crimen de responsabilidad qué es? Es golpe”, dijo Rousseff hace unas semanas.

Sin embargo, no hizo falta mucho tiempo para que se revelasen nítidamente los objetivos de la mayoría de los y las senadoras que declararon ese mismo día. Con discursos sumamente conservadores que atentaban contra la persona de Dilma, y de lo que ella representa, ya iban juntando la mayoría. Los senadores y senadoras que estaban en su contra compararon un Golpe de Estado con una crisis económica, haciendo referencia a que las políticas llevadas a cabo por el gobierno habían llevado a Brasil a una seria crisis, haciendo referencia también a su disgusto con los gobiernos populares de América Latina, como fue el de Venezuela.

No se puede soslayar que desde el comienzo del juicio a esta parte, los discursos de la oposición fueron sumamente conservadores, neoliberales y machistas. La figura de Dilma representa a la primera mujer que llegó a ser presidenta de Brasil. Es clara la molestia de estos sectores con este hecho, que se expresó con claridad en las múltiples alusiones a la religión, la familia heterosexual y la moralidad. Quien presta atención, puede notar que la mayoría de los votantes son varones y son blancos. Quien escucha los argumentos con que se respaldaban en el momento de juzgar a la presidenta, percibe que no lo hacían por los motivos que supuestamente la hacen culpable, sino por su oposición a la dirección política del PT, al menos en los aspectos en que tiende a ser popular e inclusiva. La derecha brasileña quita importancia a la dictadura de los ‘70, al tiempo que se jacta de posibilidad de “darle una oportunidad” de defenderse, como un hecho democrático que la constitución le concede a Dilma. Lo que se intenta invisibilizar subrayando el carácter “concesivo” del juicio, es que se apuntaba destituirla sin pruebas y sin el apoyo directo del pueblo; lo que se intentaba enmascarar es que de lo que se trataba es de un Golpe de Estado.

En cuanto a sus decisiones gubernamentales, su ideología política, sus intentos, quizá parciales y limitados, por hacer una sociedad inclusiva y más justa se puede estar más o menos de acuerdo, pero jamás de una manera antidemocrática que trae consigo la destitución de una presidenta elegida con 54 millones de votos en 2014. Destitución llevada adelante por una fuerza conservadora y reaccionaria, con intenciones de aplicar una política económica neoliberal, represiva, excluyente por su racismo y machismo. Destitución en nombre de la responsabilidad institucional por parte de funcionarios cuya participación en la corrupción y el fraude público es palpable.

El Diputado Federal del PSOL de Río de Janeiro, Jean Wyllys, se empeñó mucho por hacer visible la gravedad del Golpe a Dilma; dijo hace unos días que él fue oposición responsable a su gobierno, pero que la apoyaba plenamente en este proceso, porque a pesar de sus diferencias con el gobierno “fui oposición pero porque es parte del juego democrático, que exista una oposición honesta, intelectual.”Los señalamientos del diputado sobre el carácter machista y misógino de los discursos que tuvieron lugar durante la ejecución de este golpe de Estado, son especialmente atendibles. En numerosas oportunidades a lo largo de la imposición del impeachment Wyllys denunció a legisladores que lo violentaban por revindicarse gay y por su posición de activista disidente, por los derechos de la comunidad LGTTBIQ y de las mujeres.

Lo que hoy sucedió en Brasil no puede verse de otra forma que un golpe a la democracia, a la voluntad de un pueblo que cuando tuvo la oportunidad de elegir a quien lo gobernase, lo hizo poniendo 54 millones de votos a Dilma Roussef. La misma que en los 70 tuvo que aguantar los golpes de la tortura, de la represión, de la pérdida de compañeros y compañeras que luchaban por una sociedad democrática, justa y libre. Esa misma mujer que con fuerza incansable, a pesar del dolor de haberla destituído, salió momentos después de la votación a alentar a la lucha popular y a dejar bien en claro que no dejará de luchar por la democracia, algo que hizo desde su juventud. Con su mirada transparente, y su voz impecablemente firme, dijo que el golpe no fue contra ella o su partido, sino que afecta directamente a cualquier organización política progresista y democrática. “Afecta directo a los negros, a los indígenas, a la comunidad LGTB y a las mujeres”, manifestó. “El golpe es misógino, es homofóbico y es racista. Es la imposición de la cultura de la intolerancia, de los prejuicios y de la violencia”. Y no se equivoca. Tampoco se equivoca al decir que la lucha no se abandona, que ellos creen haber ganado pero están equivocados.

Dilma, todo un pueblo te abraza, no sólo brasileño, también latinoamericano. Un abrazo negro, indígena, latino, disidente, oprimido, golpeado tantas veces por la derecha, seguirá en la lucha.