Declara Cristina Fernández: su regreso obliga a tomar posición

Por Guillermo Caviasca

¿Se puede eludir la polarización del momento? ¿La contradicción que se expresa es la principal? ¿El resultado de esta pelea nos arrastrará? ¿Qué contenidos de clase se manifiestan en los movimientos de defensa u odio a Cristina? El cronista plantea preguntas y recorre escenarios posibles.

El escenario político aparece estos días monopolizado por las citaciones judiciales a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. En segunda instancia, queda la vinculación de Macri con empresas offshore (que habla de naturaleza decadente de la burguesía local). Y muy atrás está el duro ajuste y las medidas de entrega que el PRO implementa a “tambor batiente y paso redoblado”.

Pero, esencialmente, la política está monopolizada por la presencia de la ex presidenta en tribunales y las enormes expectativas que genera por adhesión o rechazo en amplios sectores de la población.

¿Se puede eludir la polarización del momento? ¿La contradicción que se expresa es la principal? ¿El resultado de esta pelea nos arrastrará a todos? ¿Qué contenidos de clase se manifiestan en los movimientos de defensa u odio a Cristina?

No creemos que el hecho de que Cristina aparezca en la escena sea menor, ni que haya sido pensado para “tapar el ajuste”. En realidad, el ataque al kirchnerismo es parte de un plan político mucho más amplio que tiene como objetivo reencauzar la estructura política, económica e ideológica de nuestro país. Decimos usar “reencauzar”, justamente porque el kirchnerismo no produjo cambios estructurales que permitan considerar que transformaron a la Argentina, pero sin dudas las modificaciones que se desarrollaron en los anteriores 12 años han sido suficientes para que las clases dominantes y amplios sectores de la sociedad los sintieran como “intolerables” en algunos casos y en otros, al menos, “molestos”. Así el ataque al kirchnerismo tiene contenido de dar integralidad a la maniobra operando sobre lo simbólico.

En este momento político aparece una polarización. De un lado Cristina y los que la defienden; y por otro los que quieren ver a “la yegua” presa o, al menos, ven con agrado que esté paseándose por tribunales. ¿Expresa algo fundamental? Ya dijimos que no es una distracción, pero entonces, ¿qué es?

Cristina no es Perón porque, justamente, los cambios estructurales y la organización popular no estuvieron en el horizonte K. Sin embargo, el ataque al kirchnerismo en general y a Cristina en este momento se desarrolla como un ataque a una representación del kirchnerismo: se ataca a ideas de igualdad, de justicia social, de independencia, de intervención estatal, de posicionamiento internacional. O sea, se ataca al K como expresión de una política que el K no fue (o lo fue mal o moderadamente en algunos casos).

Reconfiguración del capital

Debemos pensar la situación actual en estas coordenadas: vivimos una contrarrevolución (o una reacción antinacional y antipopular) sin haber vivido una amenaza de revolución. En el mismo sentido de que vivimos un ajuste brutal sin haber tenido una crisis que lo justifique. Porque el PRO viene a reconfigurar el capitalismo argentino, a terminar la labor que comenzó Martínez de Hoz, desarrolló con profundidad Menem y que ahora busca ser “definitivamente” concretada. Viene a borrar una etapa de la historia y enlazar el presente con el pasado extraviado aquel fatídico 1945.

Transformar a la Argentina en un país integrado completamente al mercado mundial sin barreras o “distorsiones”, eliminando sectores “artificiales” del aparato productivo y con ellos las clases que los integran. Para ello busca dar un golpe “ideológico” que permita establecer un clima de ideas que articule ese modo de acumulación y un bloque histórico capaz de hacerlo duradero.

El kirchnerismo no era lo mismo: era una dependencia, pero más negociada con reservas de una parte de la autonomía estatal y del mercado local a sectores que necesitaban la existencia de un Estado nacional propio. Y por otro, quizás su principal déficit, la construcción de una forma liberal (individual) de articulación de su base social. Por eso hoy el kirchnerismo muestra una potencia en amplios sectores de las masas, clase media y pobres en general (no se nota esa misma presencia activa entre la clase obrera), que le permite tener una potencia social que no aparece reflejada ni en organización y en presencia en el aparato estatal o partidario.

Si la contradicción K-antiK no expresa claramente en el polo K la liberación nacional ni a la clase obrera, en definitiva no expresa a la patria. El polo antiK, hoy en el gobierno, sí es con claridad antiobrero y antipatria. Y ante la ausencia de otra oposición, el movimiento popular cristinista es la única resistencia visible, hasta ahora, contra su avance (teniendo en cuenta la ausencia del sindicalismo hasta hoy); fuerte numéricamente pero débil en proyecto y organización.

Entonces aparece una contradicción principal de la política que es el terreno donde resulten los problemas fundamentales el macrismo y seguidores vs. el cristinismo. Lo queramos o no, implica al campo popular en su conjunto y obliga a tomar posición. Los resultados de esta pelea nos afectarán a todos porque el aplastamiento de Cristina es presentado ante las masas y la opinión pública nacional en internacional como la derrota de las ideas de izquierda, del “montonerismo”, del estatismo, el populismo, etc. (sea o no, no importa es como quieren que quede en la conciencia masiva para los siguientes años más allá de lo que los historiadores interpretemos en los libros o se debata en cenáculos de intelectuales y militantes).

Frente a la polarización se abre un tercer camino que algunos parecen intentar tomar: denunciar a ambos contendientes como parte de lo mismo y/o mantenerse los más ajenos posibles a la disputa. Sin embargo, la historia no es la historia de las ideas correctas, o si lo es, lo llega a ser cuando estas ideas encarnan en amplio sectores de masas. Ya que la historia es la de procesos que abarcan a grandes grupos de gente. Ser ajenos no está bien, ya que el resultado de lo que pase nos afectará en forma negativa a las clases populares y sólo ayudará a profundizar la dependencia nacional.

Posibles escenarios

El triunfo de Cristina la colocaría a la cabeza de la oposición “dura” (según la terminología mediática) y preanuncia su temido retorno. Las limitaciones de un retorno de Cristina para la idea de “ir por más” o lograr cambios profundos es un segundo problema que sin dudas subyace en el pensamiento de los que “creemos” ser revolucionarios. Una comparación entre la “resistencia peronista” y el kirchnerismo fuera del Estado (anacrónica y fuera de lugar, pero la hago igual) salta a la vista tanto en organización como en proyecto. El peronismo e incluso el mismo Perón sustentaban esos años la idea de que el periodo 45-55 había tenido limitaciones y debía ser superado (hoy solo repetir actualizadas las políticas del 45 sería una revolución de cabo a rabo). En las masas populares K (un poco en la militancia, pero nada en los cuadros dirigentes) no se nota un idea parecida, el retorno K que anuncian es acrítico.

No parece que en el corto plazo se desarrollen fuerzas sociales y políticas que movilizadas puedan hacer frente al macrismo. Echar a Macri, impedir que gobierne, debilitarlo y hacer que su plan fracase, es una tarea necesaria para nuestra supervivencia. El sindicalismo, que en nuestra historia ha tenido el rol de vetar las políticas de los gobierno antipopulares, hoy se encuentra debilitado institucionalmente y carcomido ideológicamente. Por lo tanto el cristinismo es la única fuerza de masas visible en esta coyuntura que se dice oposición. Esto también habla de la debilidad organizativa en que quedó el pueblo después de estos 12 años.

La discusión política se ha corrido a la cuestión delictual, esa es una de las trampas de este momento. Y sin dudas beneficia al macrismo. Los “a futuro” no son delito, sino medidas con las que se pretendía condicionar al futuro gobierno. Los contratos con el Estado son un tema más oscuro. Y las offshore pueden o no ser delitos, pero siempre es una muestra de la voluntad de fugar capitales. La reducción al delito o a la corrupción de los debates nos aleja de la discusión de que país queremos y la naturaleza social de las medidas y políticas en discusión. Ese es el terreno al que debemos ir, que la potencia de la movilización popular se ubique en el campo de las discusiones fundamentales, los tarifazos, la deuda, etc. Es la tarea ver que la movilización popular, cristinista o no, le haga al mayor daño posible a las políticas del gobierno, para salvar a la patria.

Entonces lo paradójico es que defender a Cristina no es defender a la patria. Pero el ataque a Cristina es parte de un ataque a la patria. Es una encerrona, la historia parece ir por carriles contradictorios, dificultosos, pantanosos. Decía Marx que “los hombres hacen su propia historia”, pero no lo hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias en que se encuentran directamente, que existen y transmite el pasado. Es este el escenario que tenemos y no podemos negarlo.

Este miércoles Cristina demostrará ser la única líder con convocatoria de masas y su potencialidad de condicionar con esas masas la “gobernabilidad”. Como use ese poder será una muestra de la naturaleza de su proyecto a futuro. Puede ser una masa de negociación para garantizarse el reparto del Estado en el futuro cercano o puede ser un factor de desestabilización que frene los planes macristas.

Quien escribe estas líneas espera que la vitalidad del cristinismo popular sea capaz de manifestarse con fuerza y contundencia en la lucha por la defensa de los sagrados intereses del pueblo argentino; un paso que aún no se ha dado.