Del reclamo social a la agenda política: lo que ya nadie puede ignorar

Por Rosario Dezeo y Melina Scattolino / Foto por Ayelen Rodriguez

El Congreso Nacional fue testigo ayer de una multitudinaria concentración que, frente a sus puertas, exigió el cese de femicidios bajo la consigna #NiUnaMenos. Para decir más claro: alrededor de 200 mil personas, se manifestaron en la Ciudad de Buenos Aires porque en Argentina una mujer es asesinada cada 30 horas como consecuencia de la violencia de género. Fue un reclamo que, además, se hizo eco y se replicó en 80 ciudades del país y, más allá de las fronteras, en Chile y Uruguay.

Las cinco de la tarde fue la hora elegida, pero mucho antes, una congregación de organizaciones que luchan contra la violencia de género, agrupaciones políticas y sociales, sindicatos, familias y personas autoconvocadas, ya comenzaba a acercarse desde distintas arterias de la ciudad hasta el punto de encuentro: la Plaza del Congreso. El mensaje se había viralizado semanas atrás a través de las redes sociales y ayer las y los concurrentes confirmaron su asistencia.

Rosana (45) es docente e integrante de Suteba en la localidad bonaerense de Quilmes. Entre el barullo, contó que, independientemente de su pertenencia sindical, se movilizó “por decisión propia, porque aunque no te pase a vos, hay que estar para apoyar y para que se termine”. “Tenemos casos cercanos en el barrio y con colegas, porque aunque se crea lo contrario, la violencia no discrimina ninguna clase social”, señaló comprometidamente, y agregó: “Por eso, en la escuela empezamos talleres de violencia de género, donde trabajamos la violencia en la calle, el piropo callejero, porque es de igualdad de lo que se trata”.

En medio de este clima heterogéneo, las remeras, las pancartas, los pañuelos, las insignias, los bombos y los trapos se dieron cita en la concentración, como parte de un ritual que ya es tradición en las manifestaciones feministas.

Lautaro (21), uno de los tantos jóvenes que decidió participar de la movilización, afirmó que la violencia de género es parte de una idiosincrasia que se impregna desde la niñez: “Hay una cultura machista que de chiquito ya te enseña que el varón tiene que cuidar a la mujer y no le enseña a las mujeres que ellas son completamente capaces de cuidarse por sí solas”. Una cuestión que tampoco ignoró Andrea (22), quien estudia para ser abogada y maestra: “Cuando voy a hacer observaciones a los colegios, noto cómo las discriminaciones entre sexo se hacen de chiquitos, entre ellos; pero también la ejerce la maestra, diferenciando qué puede hacer un varón y qué no y lo mismo para las nenas. Es algo que nos van inculcando desde bebés y por eso es algo muy social. Creo que ahí es donde nace”.

Tras la llegada de algunas personalidades destacadas del ámbito de la política y los derechos humanos, como fue el caso de Estela de Carlotto -quien arribó sigilosamente en un auto particular-, en la plaza no cabía un alfiler. Si estaban todxs o aún faltaban algunos fue un tema de discusión que continúa discurriendo en las redes sociales y portales de noticias.

Rozando las 18, el escenario montado en medio de la plaza hospedó a un grupo de familiares de víctimas de femicidios y sobrevivientes, y a tres personalidades del espectáculo y la cultura que leyeron un documento elaborado por las organizadoras de la convocatoria, en el que se enfatizaba sobre la existencia de “una cultura de la violencia contra las mujeres”.

“En 2008 mataron una mujer cada 40 horas; en 2014, cada 30. En esos 7 años, los medios publicaron noticias sobre 1.808 femicidios. ¿Cuántas mujeres murieron asesinadas sólo por ser mujeres en 2015? No lo sabemos. Pero sí sabemos que tenemos que decir basta.”, recitó el actor Juan Minujin -quien portaba el pañuelo verde de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito-, acompañado de la historietista Maitena y la actriz Érica Rivas.

El texto continuó enumerando los eslabones de una cadena de violencias que comienza mucho más atrás: “El femicidio es la forma más extrema de esa violencia y atraviesa todas las clases sociales, credos e ideologías: pero la palabra ‘femicidio’ es, además, una categoría política, es la palabra que denuncia el modo en que la sociedad vuelve natural algo que no lo es: la violencia machista”, sostuvo sin ocultar su emoción. En esa línea, agregó que “no es un asunto privado, es producto de una violencia social y cultural que los discursos públicos y de los medios vuelven legítima, cada vez que alguien le dice puta a una mujer porque ejerce su sexualidad libremente, cada vez que alguien la juzga por las medidas de su cuerpo, cada vez que alguien la mira con sospecha porque no quiere tener hijos, cada vez que alguien pretende reducirla simplemente al lugar de la buena esposa o la buena madre, destinada a un varón”.

Cuando el micrófono se apagó, los parlantes dejaron de emitir sonido y los fuegos artificiales dejaron de tronar, grandes columnas de gente comenzaron a desconcentrarse argumentando que el acto “ya había terminado”; al mismo tiempo, otras corrían contra la corriente como salmones, intentando abrirse paso entre el tumulto. Mientras había quienes se iban; otros y otras, recién llegaban.

Agrupaciones políticas de diversas líneas permanecieron estoicas frente al parlamento, y abrieron camino a aquellas que ingresaban, inundando la Avenida Rivadavia de canciones que brotaban de sus megáfonos. Al unísono, mujeres de todas las edades, comenzaron a desfilar con libertad para exhibir las ideas que las hicieron confluir allí. “Machista no se nace, se hace”; “Somos las nietas de las brujas que no pudiste quemar”; “Para decir una menos hay que dejar de preguntar qué tan corta es la pollera de Melina”, fueron algunas de las banderas -o cartulinas, o pintadas corporales- que se levantaron para repudiar las diversas formas de violencia que impregnan a la sociedad como consecuencia del sistema patriarcal que entreteje una relación desigual entre varón y mujer, y también entre varón y trans, varón y gay y tantas otras formas de identidad de género.

Los colectivos también enfatizaron en aquellas consignas que guiaron la jornada desde el comienzo: la total instrumentación de la ley 26.485 de Protección Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia hacia las mujeres y las tareas que al Estado competen.

Debajo de las banderas, Adriana (45) se movía entre la multitud, aplaudía y repetía las consignas con fervor, junto a dos amigas. “Hay que repudiar el femicidios y también la violencia de género cotidianamente se ve en todos los ámbitos, como los piropos subidos o no de tono, el hecho de incomodarnos en algún lugar, el maltrato, el ‘andá a lavar los platos’ cuando estás manejando, la discriminación en el ámbito laboral”, expresó. Y también apuntó a los medios de comunicación: “Da asco cómo tratan a las mujeres. En el programa de (Marcelo) Tinelli, en las publicidades, que tratan a la mujer como una cosa, para vender o para humillar, para mostrar lola o culo”.

“En la televisión se estigmatiza mucho a la mujer y en los medios monopólicos, particularmente. En el caso de los informativos, se quedan con la noticia de un caso de femicidio, es la tapa del día, y pasado el tiempo se olvida”, suma a la reflexión Luis (48), al mismo tiempo que hace malabares para sostener a su inquieto hijo “Juancito”.

Mientras caía la noche, otros colectivos prefirieron hacer llegar su reclamo a través de diversas expresiones artísticas: interpretaciones, danzas, músicas, cantos, siluetazos e impresiones en los cuerpos.

Cerca de las 20, comenzó una desconcentración pacífica en la que no faltaron sonrisas a pesar de la crueldad que nos convoca. Es que esta fue la primera y quizás no la última vez que nos reunamos para decir basta.

Lo que la convocatoria nos dejó

Algunas agrupaciones políticas y espacios de lucha en la temática, reflexionaron ante Marcha sobre la convocatoria.

Al respecto, Gabriel Rodriguez, militante de Izquierda Socialista y parte de la conducción del Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, señaló que “si bien algunas asistencias al evento resultan controvertidas, el hecho de que tantas personas hayan salido a la calle es de gran importancia para hacer visible que la culpa es del Estado”. Del mismo modo, desde el compromiso, argumentó que “las mujeres que sufren violencia necesitaban de este apoyo.”

En esa línea, Dolores García, integrante de Insurrectas por la Liberación, enfatizó que el foco debe estar puesto en “los gobiernos y sus vínculos con el poder judicial y la iglesia que sostienen la impunidad, que hace que no haya casi ningún femicida condenado y que permite que se continúe perpetuando el maltrato en los diferentes ámbitos como sucede con la violencia obstétrica o el aborto que no es legal”.

Por su parte, Carmen Villalba García, psicóloga e integrante de La Casa del Encuentro, uno de los espacios que desarrollaron la convocatoria, aseguró que “fue un antes y un después porque, se nota que el tema está en agenda, y ya nadie podrá decir que no sabe a qué nos referimos cuando hablamos de violencia de género”.

Finalmente, como de cuentas pendientes se trata, Cristina Coronel, referente de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, aseguró que “la gran deuda del kirchnerismo, un gobierno que se ha jactado de reivindicar a la mujer, es la legalización del aborto”. “Es necesario que la presidenta escuche a las mujeres, ya que esto no puede quedar librado a su opinión personal; los cientos de muertes que trae abortar en la clandestinidad son un hecho.”

 

Nota relacionada:

“Siendo hombres somos los primeros que debemos hacer el cambio”

Galería fotográfica:

Ni Una Menos