¿Depresión post-PASO?

Por Federico Orchani – @fedeorchani

El pasado jueves 28 de septiembre en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA se llevó a cabo el primero de dos encuentros titulado “¿Depresión post-PASO?” que contó con las intervenciones de Pablo Semán y Mabel Thwaites Rey. El segundo encuentro será el jueves 12 de octubre con la presencia de Martín Rodríguez, Fernando Rosso, Martín Becerra y Claudio Katz. Aquí intentaremos recoger algo de lo que dejó el primer encuentro.

El ciclo de “conversatorios” lleva la firma de quince organizaciones y movimientos populares (1) de la denominada “izquierda popular” o “izquierda independiente”, espacio que se constituyó durante la década pasada entre los márgenes intermedios del peronismo como tal y la izquierda trotskista. Hoy este espacio sufrió un “desgarramiento” como bien analiza Mabel Thwaites Rey, producto de apuestas diversas que fueron asumiendo sus distintos actores.

El espacio está actualmente traccionado por dos grandes aspiradoras. Un grupo de organizaciones apostó a construir “a la izquierda del kirchnerismo” procurando mantener niveles de autonomía –aunque varios grupos no tuvieron éxito y quedaron integrados a la experiencia del FPV– y otro grupo de organizaciones se propone ser “la cuarta pata del FIT”; experiencia electoral de la izquierda trostkista que se potenció a partir de sancionada la ley de reforma electoral que incluyó las PASO como instancia previa que obliga a superar un umbral de votos necesarios para competir en las elecciones generales. Hoy, el espacio de la izquierda popular se encuentra en una crisis identitaria y política profunda. ¿Tiene chances de reinventarse a la luz del nuevo escenario político? Volveremos sobre esta pregunta al final del artículo.

¿Depre qué?

El título de la charla lleva a polémica. ¿Qué significa estar deprimidos en política? ¿Cuándo empezó la depresión, después de las PASO, en 2015 o antes? Existen diferentes miradas, la realidad es que el gobierno de la alianza Cambiemos llegó a las PASO legislativas con epicentro en la provincia de Buenos Aires a revalidar su gestión en medio de críticas por el deterioro económico evidente de gran parte de la población. Aun así, y a pesar de numerosas movilizaciones de protesta, salió airoso.

Un ignoto Esteban Bullrich logró emparejar la elección nada menos que a la ex presidenta y principal figura opositora Cristina Fernández de Kirchner. La buena performance oficialista traspasó las fronteras bonaerenses. El macrismo se hizo fuerte en el interior y en particular en grandes centros urbanos como Mendoza, Córdoba, Santa Fe y la Capital Federal. Otros bastiones históricos del justicialismo dominados por “la liga de los gobernadores” fueron sacudidos por los efectos de la polarización entre oficialismo y oposición kirchnerista. De cara al 22 de octubre, nada indica que este escenario tenga variaciones. Es más, puede haber sorpresas que consoliden aún más el desempeño oficialista.

¿Una nueva hegemonía cambiemita?

En honor al concepto elaborado por Gramsci para pensar un contexto de derrota a las puertas de la Italia fascista, y a Pablo Semán que nos alerta sobre el manoseo irresponsable del concepto, vamos a introducir otra herramienta de análisis gramsciano que mejor le calza al momento. El de “revolución pasiva”: Cambiemos es la recomposición de la dominación por arriba.

Siguiendo a Semán, una virtud de Cambiemos es haber logrado conformar un ámbito en donde procesar las diferencias entre la elite dominante. Ese 25 por ciento de la sociedad que logra proyectar su sombra hacia el 25 restante de clases medias profesionales y que al mismo tiempo tiene política para interpelar a la clase media baja, eso que Semán denomina “el moyanismo social”. El núcleo duro de la clase trabajadora no precarizada, sindicalizada, que mantuvo una relación equidistante del kirchnerismo y que terminó de joderse con la ruptura entre Hugo Moyano y Cristina Fernández.

La cuenta da que un 65 por ciento de la sociedad acompaña en términos electorales propuestas e iniciativas macristas aun cuando no coincida del todo con ellas. El moyanismo social pude votar a Massa quizá a Randazzo pero seguro no vota a CFK.

Si algo deja el resultado de las PASO es la virtud macrista para recrear la historia reciente. El triunfo de la tesis cambiemita según Semán es haberle ganado al “que vuelvan los buenos viejos tiempos” con el “¿vieron que lo mal que la estamos pasando es por culpa de lo que ellos hicieron mal antes?”.

El triunfo de Cambiemos tiene raíces más profundas que el resultado electoral de las PASO. Es el “vamos por todos” de los que se entusiasman hasta el orgasmo porque pueden decir libremente “andá a laburar o agarrá la pala jipi sucio kirchnerista kurdo mapuche”. Con un agravante, este un contexto de “fuerte control social y represivo”. Nunca antes desde la vuelta de la democracia hasta ahora –agregaríamos– observamos tal simbiosis entre poder económico, político, judicial encima blindado por los grandes medios de comunicación.

¿Vamos a volver?

Sí, la pregunta es cuándo y cómo. A este ritmo, habrá que arremangarse y hacerse de paciencia pero sobre todo de militancia. Y agregaríamos que el desafío es volver de manera bastante diferente de lo que se fue. Eso implica recuperar de manera dialéctica los aspectos más progresivos de la experiencia kirchnerista en clave de reelaboración y superación.

Se van a ofender los militantes kirchneristas pero si alguien debe estar deprimido –incluso antes de las PASO– son justamente quienes acompañaron a los gobiernos de Néstor primero y Cristina Kirchner después. Lo decimos desde la buena leche y desde una mirada no gorila. Si no, ¿Cómo se explica el recambio presidencial “por derecha” en 2015 sin prácticamente sobresaltos económicos ni crisis social? Algo falló.

Atribuirle toda la responsabilidad al accionar de los medios concentrados de comunicación o por caso al voto en blanco de la izquierda, no estaría siendo la mejor manera de salir de este berenjenal.

Ciertamente, existe una multiplicidad de causas y de larga data. Para Mabel Thwaites Rey parte de la explicación hay que buscarla en el período que protagonizaron los llamados gobiernos progresistas o post-neoliberales. Según Thwaites Rey, estos gobiernos se propusieron impugnar de manera parcial aspectos del modelo neoliberal pero sin arribar a trasformaciones profundas intelectuales ni morales. Lo que hubo fue un “pacto de consumo” pero sin atacar los pilares de la desigualdad social y la concentración de la riqueza.

De todas formas, entre la apuesta a un Socialismo del siglo XXI o la construcción de un Estado Plurinacional vs. un capitalismo con rostro humano y con inclusión, existen diferencias. Nos referimos a los casos contemporáneos e intentos de disputa de poder mayor en los casos de Venezuela y Bolivia por un lado y Argentina y Brasil por otro que no son motivo de este artículo. Sí, nos interesa ubicar cronológicamente –siguiendo a Thwaites Rey– que el comienzo del reflujo coincide por un lado con la muerte de Hugo Chávez en términos políticos y la baja pronunciada de los precios de los bienes de exportación en términos económicos, desde una mirada panorámica y regional.

Para Pablo Semán, las claves de la derrota de 2015 también hay que buscarlas en la coyuntura 2008-2011 que se inició con el conflicto por la “125”. “Se perdió la oportunidad de extender una hegemonía” ya que se optó por una batalla frontal que terminó en derrota en lugar de un camino de reformas con miras a mediano plazo. Sin embargo, ¿había mayoría suficiente para un proyecto reformista? ¿Cómo entender el arrollador 54% de Cristina en 2011 y lo que vino después? ¿No hubo parte importante de ese 54% de votantes que acompañaron a CFK y que antes habían votado a Macri en CABA? Ciertamente, sí. Las alarmas estaban allí y pasaron de naranja a rojo con las victorias legislativas de De Narváez primero y Massa después. Pablo Semán hace mención que antes de eso, Néstor Kirchner ya había interpretado una demanda de mayor calidad institucional con la elección en la que el Obispo Piña frenó el intento de reelección indefinida que pretendía el entonces gobernador de Misiones, Carlos Rovira.

Hubo demandas que no fueron correctamente leídas y asumidas. Como dijo un participante durante el debate, si el peronismo históricamente fue la alianza entre “un sector de la burguesía nacional y la clase trabajadora”, el kirchnerismo sobre todo logró penetrar en sectores de capas medias progresistas más el sector más postergado de la clase trabajadora –ese segmento que Semán denomina “el pobretariado” – pero que no fue acompañado mayoritariamente (salvo excepciones) por el núcleo duro de la clase trabajadora organizada y estructurada al mismo tiempo que reavivó los antagonismos sociales con sectores de la elite dominante que desataron todo su furia cacerolera cuando no le dejaron comprar dólares. Cambiemos es el “si no les gusta que armen un partido y ganen las elecciones” que no se desactivó en tiempo y forma.

Inteligencia colectiva

Si algo se diferencian el macrismo del kirchnerismo es que el “vamos por todo” cambiemita tiene un claro contenido reaccionario hacia los sectores populares y medios organizados. ¿Alguien puede pensar que la grotesca detención del “Pata Medina” en La Plata es para descabezar a la burocracia sindical y que venga la CGT de los Argentinos con Ongáro y Tosco a la cabeza? Difícil. Detrás está el proyecto de reforma laboral y destrucción del régimen laboral y salarial en sintonía con “el mundo”. De paso desarticular las resistencias que no se sumaron “al cambio”.

La desaparición de Santiago Maldonado como describe Pablo Semán, es una “inyección de miedo con efecto diferido”. El gobierno ataca de manera discrecional a los sectores organizaciones pero el objetivo central no es otro que erosionar la voluntad de los sujetos a movilizarse y reclamar. Y le sale bastante bien, inoculando y amplificando odio racista, xenófobo y de clase a través de los medios masivos de comunicación y sobre todo el uso de redes sociales.

Semejante escenario adverso obliga a pensar una respuesta que este a la altura. Algo que quedó picando luego del debate entre las organizaciones que participaron del conversatorio es esto de pensar una inteligencia colectiva en contraposición o, mejor dicho, en tensión con la búsqueda de síntesis política. Construir hegemonía es disputa pero además, “agregar diferencias”. Cambiemos lo hace; a nosotros y nosotras nos cuesta un poco más.

Hace poco en una columna de opinión para el diario Clarín, Marcos Novaro decía que Cambiemos “funciona ya como una casa común donde sus miembros pueden ocupar espacios de distinta gravitación, pero todos sacar provecho del común crecimiento y respetando mínimamente los roles y las identidades de los demás…”.

Las claves para construir hegemonía en nuestro caso es pensar en un sentido inverso al de Cambiemos. Están justamente en producir inteligencia colectiva. Es decir, recrear ámbitos de reflexión y acción común desde donde procesar las diferencias y donde cada actor pueda mantener su identidad y diversidad sin que eso impida actuar de manera coordinada. Algo así como construir una “casa común” pero de las clases subalternas. Inteligencia colectiva es pensar el momento más apropiado para golpear. El gobierno hace un intento permanente por fragmentar y erosionar la movilización. No se puede movilizar “en todo momento y de tres” como bien advierte Pablo Semán. Hay que movilizarse una vez y de a cientos de miles, es ahí donde mayor efecto tiene la movilización. Las marchas contra el 2×1 y por la aparición de Santiago Maldonado son prueba de ello.

Una advertencia sobre el catastrofismo. El “se viene la crisis” entonces así el despertar de las masas y de nuevo el 2001, y todo gira a la izquierda, etc., etc., lleva a lecturas incorrectas de la correlación de fuerzas. Volver a 2001 es una “utopía reaccionaria”, nos provoca Pablo Semán. Quienes mejor leyeron aquella coyuntura fueron el kirchnerismo primero y el ciclo se cierra con el auge macrista. Una crisis puede ocurrir dentro de 5, 6 años o más. Cuando eso pase, el país va a ser otro y peor: hay que hacer política ahora. Es necesario construir respuestas políticas desde ahora. No existe fuerza política que pueda encabezar una oposición sólida y proyectarse como alternativa por si sola. El kirchnerismo atraviesa un gran dilema. Debe decidir si quiere ser una rama más que dispute dentro del peronismo o ser el aglutinador de un movimiento popular heterogéneo que sepa agregar diferencias. Sobre esto último no hay demasiadas señales a favor. Estamos ante la evidencia de un corrimiento al centro del gran espacio opositor. Las propias actitudes de Cristina van en ese sentido.

La izquierda trotskista también enfrenta un desafió. Si abre el juego a mayores niveles de articulación aunque eso desdibuje “el perfil” o bien se consolida como la izquierda realmente existente que no está mal pero tampoco alcanza para perforar su techo histórico. En términos electorales, al menos. En un contexto, donde ahora son más los actores que compiten por el mismo espectro. El kirchnerismo inclusive.

En este es escenario, un desafío que se impone es pensar estrategias que interpelen al conjunto de los sectores populares, la clase trabajadora y sectores medios progresistas. Es más, hay que salir de la dialéctica conurbano-capital como advierte Pablo Semán donde parece que todos los problemas se resuelven con los votos de la tercera sección. El país es más grande y federal. Allí están las asambleas ambientales antiextractivistas o los pueblos campesinos e indígenas que resisten el avance del agronegocio, por ejemplo.

Por último, volviendo a la pregunta inicial. La izquierda popular, independiente, etc. puede jugar un rol –en un mediano plazo– si es capaz de reinventarse. Si tiene la capacidad de reconstituirse en base a puntos programáticos e identitarios que le valieron vigor en su mejor momento, previo a 2011. No hay que encerrarse entre cuatro paredes para pensar respuestas programáticas. La clave está en recrear ámbitos de inteligencia colectiva y agregación de esfuerzos que tengan por objetivo revertir el actual estado de cosas. Para eso es necesario dejar de estar todo el tiempo a la “caza del reformista” como bien advierte Mabel Thwaites Rey, viendo cuando y donde aquel o tal se desvía de los preceptos anticapitalistas o traiciona la lucha. Las respuestas están allí y requieren de inventiva colectiva.

  1. Firman la convocatoria: Pueblo en Marcha – Colectivo por la Igualdad / Partido Social – MP La Dignidad / Izquierda Popular – Frente Popular Darío Santillán – Frente Popular Darío Santillán Corriente Nacional – MULCS – Resistir y Luchar – Corriente Política de Izquierda – Democracia Socialista / La Emergente / OP Cienfuegos – Corriente Surcos – Corriente Popular Juana Azurduy – Poder Popular Corriente de Izquierda – Patria Grande – Seamos Libres