Desalojo de RB. Unidad y lucha frente a la avanzada represiva contra empresas recuperadas

Por Matías Halpin*

Luego de semanas de violentas intimidaciones, la policía bonaerense desalojó anoche con gases y golpes a trabajadores de la cooperativa “Industrias RB” en Martínez. Hubo además doce detenidos que fueron liberados poco después de la medianoche.

En el día de ayer, los trabajadores de la cooperativa “Industrias RB” de Martínez decidieron re-ocupar su empresa, luego de ser brutalmente desalojados el día 8 de junio.

La policía los dejó festejar algunas horas, y esperó hasta que anocheciera para reprimir a quienes acompañábamos desde afuera, y para poder apresar a quienes estaban dentro. No escatimaron en gases, palazos ni balas de goma. La represión se repitió luego frente a la comisaría, cuando se pedía la libertad de los detenidos, pero no pudo evitar el corte de la Avenida Centenario. Los doce detenidos fueron liberados poco después de medianoche.

La fábrica RB funciona como cooperativa desde el año 2003, tras sufrir dos años de vaciamiento e irregularidades en el pago de los sueldos. La empresa, fundada en 1958, fue recuperada por sus trabajadores luego del cierre patronal durante la crisis económica de 2001, y se dedica a la producción de diversos instrumentos y aparatos de medición y control (instrumental automotor y de uso naval, instrumentos de magnitudes eléctricas y temperatura, sistemas de cobro y expendio automático de pasajes, etc.).

En el año 2007, los trabajadores lograron la Ley Provincial de Expropiación, pero el poder ejecutivo provincial -en ese momento a cargo de Scioli- nunca cumplió con el pago dictaminado por la ley, por lo que ésta tiene aún un carácter transitorio, que vence en 2017.

Paralelamente, el empresario Eric Heuser, a través de una maniobra digna de “fondo buitre”, compró en el año 2002 una hipoteca que el dueño anterior había contraído. Éste empresario, conocido en la zona por sus negociados durante la dictadura, esperó 12 años para que el terreno se valorizara al calor del boom inmobiliario, y en 2015 inició una causa en fuero diferente al que tutela los bienes, de la mano del juez Díaz, con quien mantiene un vínculo de amistad.

Ésta dupla empresarial-judicial es la que determinó dos desalojos en 2015, en junio y en septiembre, pero que con la fuerza de los trabajadores y la solidaridad del barrio, lograron ser revertidas al poco tiempo.

Ahora, con Mauricio Macri y María Eugenia Vidal en el poder, Heuser y Díaz volvieron al ataque: luego de semanas de violentas intimidaciones, se produjo el desalojo, con gases y golpes.

Debido a que Heuser no tiene un interés económico en el mantenimiento de la producción, sino en el lucro inmobiliario a través del control del terreno de la fábrica, los trabajadores temen por el sabotaje de las máquinas, y decidieron reingresar a la fábrica, para desde esa posición de fuerza, solicitar ser parte de la custodia de los bienes, como se ha hecho en otras empresas recuperadas en la misma situación. De más está decir que el juez afín a Heuser se negó incluso a recibir formalmente el pedido. Como la ley dicta que un desalojo no puede ser efectuado de noche, el juez Díaz aplicó una maniobra legal y dictamino un “desacato judicial en flagrancia” para ordenar el arresto.

De imprevisto, tomando a los manifestantes por sorpresa, la policía adoptó formación militar y corrió a los militantes a lo largo de cinco cuadras, al ritmo de los balazos de goma y las pistolas lanzagases, mientras otro grupo policial apresaba a quienes defendían sus herramientas de trabajo dentro de la fábrica.

Los detenidos fueron alojados en cuatro comisarías diferentes, de tres de ellos sólo se pudo averiguar su paradero cinco horas después de la detención. Sin lugar a dudas, el carácter y formato de la represión, sumado a la voluntad de dispersar los arrestos sólo pueden ser leídos como un calculado plan de amedrentamiento, en el contexto actual de avance de las fuerzas represivas impulsado por el ejecutivo nacional y provincial.

Frente a la represión, reorganizar la lucha

A horas del desalojo, frente a la comisaría 1ª de San Isidro, se congregaron el doble de manifestantes que frente a la fábrica. Y pese al nuevo intento de dispersión a través de gases lacrimógenos, se logró cortar el tráfico de la principal arteria de San Isidro, hasta lograr la liberación de todos los compañeros y compañeras.

La situación actual de RB y de sus trabajadores es una oportunidad para reflexionar sobre el escenario en el que se encuentran las empresas recuperadas. Durante el kirchnerismo, las fábricas bajo control obrero fueron sujetos de una política errática, con acompañamientos puntuales pero también con momentos de desidia e incluso de represión. Sobre esta situación de precariedad no resuelta, este gobierno de CEOs, logra actuar envalentonado. Resta ahora pensar qué tácticas nos es posible aplicar desde el campo popular y los movimientos sociales para sostener esta lucha y que RB se mantenga en manos de sus legítimos dueños, los trabajadores. Con unidad, organización y movilización porque no hay que darse el lujo de actuar divididxs frente a esta avanzada empresaria y represiva.

 

*integrante de Democracia Socialista