Desprimaverizados

Desprimaverizados

La presidencia del egipcio Mohamed Mursi se encuentra atada a un hilo. El ejército lanzó un ultimátum de 48 horas para “hacer la voluntad del pueblo” luego de la enésima matanza de opositores. Para hoy se esperan anuncios.

20 muertos y más de 800 heridos es el frío balance oficial dado a conocer ayer a causa de la represión desatada contra los manifestantes opositores en Egipto entre el domingo y lunes. En solo dos días, las fuerzas de seguridad del gobierno de Mohamed Mursi, cuestionado líder del movimiento islamista de los Hermanos Musulmanes lanzaron una serie de ataques contra las enésimas protestas que sacuden el país norafricano desde hace semanas. En este caso, el desencadenante fue la presentación de una petición de renuncia del jefe de gobierno firmada por más de 22 millones de egipcios. Según los portavoces de la protesta, si no se diera cauce a la salida pacífica de Mursi para hoy martes, se comenzaría con un plan de lucha basado en la desobediencia civil a la autoridad estatal.

Mursi, elegido en junio pasado con 13,2 millones de votos, es acusado de distorsionar por completo los ideales de la “primavera egipcia” que descabezó el gobierno de Hosni Mubarak en febrero de 2011. Aquél movimiento pedía una apertura democrática hacia una mayor participación popular y un estado laico de los egipcios, reivindicaciones que según el Frente de Salvación Nacional, coalición que reúne a la izquierda, los coptos y movimientos laicos del país, fueron completamente desatendidas. En tan solo un año, Mursi promovió una reforma constitucional de corte islamista, caracterizada por una fuerte concentración del poder en manos del ejecutivo y una cada vez más relegada participación popular. A ello se le suma la difícil situación económica que atravieza el país, enfrentada por el ejecutivo a través de privatizaciones a cambio de préstamos por parte de los organismos financieros internacionales. Una actitud que coloca al gobierno en la vereda opuesta a los manifestantes y cercana a la de las potencias occidentales, principalmente Estados Unidos, uno de los sostenedores de la llegada de Mursi al gobierno tras la llamada “Primavera Árabe” de 2011.

Para el domingo pasado, la organización Tamarod (Rebelde, en árabe) llamó a una masiva movilización que vio llenar de vuelta la Plaza Tahrir, símbolo de la resistencia popular al régimen de Mubarak. En varias ciudades egipcias miles de manifestantes se volcaron a la calle para responder al pedido de renuncia de Mursi. Mientras tanto, miles de partidarios del actual presidente están concentrados desde el viernes pasado en los alrededores de la mezquita de Rabaa el Adawiya, en el distrito de Ciudad Nasser “para defender la legalidad”. La tensión estalló tras la quema de una sede del partido de los Hermanos Musulmanes en el distrito popular de Moqattam, en El Cairo. A partir de allí la información que circula sigue siendo aún hoy confusa. Se registraron fuertes choques entre policía, militantes oficialistas y opositores que levaron al gobierno a llamarse a un estado de emrgencia, y las fuerzas armadas se declararon en alerta máxima.

Y justo el rol de las FFAA, comandadas por el general Abdel Fattah al Sissi, designado por el mismo Mursi antes de acceder al poder, es el que hoy está en el centro de la atención de todos los egipcios. A través de un comunicado oficial, anunciaron un “llamamiento a que las exigencias del pueblo sean satisfechas y dan 48 horas, como última oportunidad, para asumir la responsabilidad por las históricas circunstancias que está viviendo el país. Si no se satisfacen las reivindicaciones del pueblo en este periodo, las Fuerzas Armadas anunciarán una hoja de ruta y medidas para supervisar su puesta en marcha”. El general Sissi fue vitoreado por lor los manifestantes en las plazas como autor de un ultimátum que pondría en jaque la continuidad del gobierno de Mursi. Sin embargo, muchos recordaron el contradictorio papel que las mismas fuerzas armadas jugaron tras la caída de Mubarak, cuando ante el gobierno interino encabezado por los militares, intentaron sancionar una nueva constitución que daba a los comandantes de las tres fuerzas poderes “excepcionales” para intervenir contra cualquier gobierno democrático, algo que fue ampliamente rechazado por la población.

Al cierre de esta edición de Marcha, la presidencia egipcia había postergado para la mañana de hoy una conferencia de prensa en la que se anunciarían “propuestas para resolver la situación” del país. Desde diferentes fuentes internacionales se especula con que el ultimátum militar habría obligado al gobierno a anunciar parciales concesiones a las demandas populares, aunque éstas estuviesen lejos de la pretensión principal de los manifestantes: la renuncia de Mursi.

Hecho, este último, que significaría una revés importante para los intereses occidentales en la región. El presidente egipcio, principal opositor norafricano a los gobiernos de Siria e Irán, juega hoy un rol importante en el cambiante escenario geopolítico de la zona. El mandatario norteamericano Barak Obama, desde Tanzania -última etapa de su gira africana-, ‘recordó’ a “aquellos que están participando en las protestas o marchas, que atacar a mujeres no constituye una protesta pacífica”. Asimismo afirmó que “lo que está claro hoy es que, aunque Mursi fue elegido democráticamente, se debe hacer más para crear las condiciones en las que todo el mundo siente que su voz está siendo escuchada”.