“Diez o quince países se han acopiado el 80 por ciento de la producción de vacunas contra el covid-19”

Mientras la “segunda ola” de contagios avanza en América Latina, agravada por las mutaciones del virus, las vacunas contra el covid-19 se constituyeron en un bien escaso y de acceso desigual para la población mundial. Conversamos con Lorena Di Giano, directora ejecutiva de la fundación GEP, una de las organizaciones de la sociedad civil que a nivel global impulsa la campaña por la liberación de las patentes.

Por Maru Waldhüter

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Por estos días vimos cómo algunos países comenzaron a distender medidas de restricción ante la pandemia de coronavirus. Es el caso de Israel, que suspendió el uso obligatorio de tapaboca en espacios abiertos, o de Francia, que comenzó un progresivo desconfinamiento debido a la baja de contagios, así como de Estados Unidos, que pudo vacunar a la mitad de la población adulta del país.

Para responder a la pregunta sobre la escasez y distribución de vacunas, Marcha dialogó con Lorena Di Giano, directora ejecutiva de la Fundación Grupo Efecto Positivo (GEP), organización que pugna por la liberación de las patentes.

Sobre cómo llegamos a la situación actual, la directora ejecutiva de GEP se remontó a comienzo de los años 90’, periodo en el cual el avance de políticas neoliberales a nivel global dieron lugar al reconocimiento de patentes de propiedad intelectual vinculada al comercio para productos farmacéuticos. El convenio fue firmado por todos los países integrantes de la Organización Mundial de la Salud y de inmediato se multiplicaron las solicitudes de patentes en todos los países. “Estas patentes otorgan – y esto es muy importante de resaltar – 20 años de exclusividad en el mercado local del que se trate, en el cual solamente el titular de la patente puede producir, usar, comercializar o importar lo que está patentando”, afirmó Di Giano y añadió que, “lamentablemente, la pandemia de covid-19 nos agarra con este sistema de patentes y de monopolios sobre medicamentos, como el modelo de innovación predominante” y deja a los Estados en un rol de mero comprador activo de medicamentos producidos y comercializados con un criterio de precios impuesto por empresas farmacéuticas multinacionales.

Vale señalar que el sector privado cuenta con apoyo económico de los Estados ya que, en muchos casos, la investigación se realiza en universidades o se financian con dinero público diferentes etapas de ensayos clínicos. “En el caso de las vacunas para el covid también sabemos que, durante esa etapa, para poder apuntalar la investigación en los ensayos clínicos y poder tener vacunas lo antes posible los Estados pusieron fondos”, afirmó la directora ejecutiva de Fundación GEP y se preguntó “hasta qué punto una empresa como esta puede apropiarse de esa tecnología y no permitir o negarse a ser una transferencia de tecnología para que podamos utilizar toda la capacidad que hay instalada o que puede adaptarse fácilmente para producir vacunas en la mayor parte de los países del mundo”.

Para pocxs mucho, para muchxs poco…

Este modelo de innovación monopólico es la explicación a la escasez de vacunas aún en plena pandemia. Los números que aporta Di Giano son contundentes para tomar dimensión de la gestión de la salud en manos del sector privado.

Diez o quince países se han acopiado con el 80% de la producción de las vacunas que se han podido producir hasta el momento y 130 países del mundo no han recibido si quiera una dosis. A este paso en el nivel de producción, si no se aumenta la escala esos países mayormente países africanos y de Asia de bajos ingresos, se está viendo que hasta el 2024 no van a poder recibir una dosis. Esta es una cuestión que hay que revertir en materia internacional en el marco de la OMC”.

Muy lejos quedó aquella promesa del acuerdo firmado en los años 90’, en el que el reconocimiento de las patentes serviría para incentivar al sector privado a invertir fondos al servicio de la salud. Como era de suponer, el neoliberalismo nunca está a favor de la salud pública y las empresas invirtieron, pero para obtener más ganancias. “Si no se hace transferencia de tecnología vamos a estar muchos años para poder llegar a inocular a toda la población. Mientras tanto el virus, como vemos, avanza en sus variantes y esta ola que estamos pasando en estos días es mucho peor que la anterior”, dice Lorena Di Giano.

¿Quiénes están detrás de las empresas multinacionales que monopolizan la producción farmacéutica?

“El perfil de estas compañías es el formato de una empresa de accionistas, que se debe a sus accionistas, que busca el lucro y, además, cotiza en la bolsa de Nueva York. Mientras más caras son las vacunas o los medicamentos, más suben las acciones y así es el juego especulativo”, comentó la directora ejecutiva de Fundación GEP, quién también recordó que Paul Singer, titular del fondo de inversión Blackrock y acreedor de títulos de la deuda externa argentina es el principal accionista de la empresa que produce el medicamento Remdesivir para el tratamiento del covid-19.

Ante la concentración de los monopolios, la recuperación de la soberanía sanitaria

Sin embargo, este modelo de innovación en el que predominan las patentes no es el único posible. Un ejemplo claro es el de Cuba que, como mencionó Di Giano, ya tiene avanzadas dos vacunas para el covid-19, una de ellas es la denominada “Soberana 02”.

¿Qué lo hace posible? La decisión política de priorizar la salud, la capacitación y la inversión en el desarrollo de tecnologías. “Esto quiere decir que los países pueden adoptar ese mismo modelo, es decir, pueden recuperar la soberanía sanitaria, invertir en el desarrollo de tecnologías médicas y no solamente mantenerse en ese rol de comprador activo de tecnologías caras desarrolladas y producidas por el sector privado que lo único que busca es el lucro en detrimento de la salud”. Tal como lo comunicó el Ministerio de Salud Pública de Cuba, la isla se prepara para la primera campaña de vacunación masiva en su ciudad capital.

Otra alternativa a las multinacionales la ofrece la iniciativa rusa. El Instituto Gamaleya, comentó Di Giano, “presentó su solicitud pero no con fines de explotación comercial si no con fines de lo que llamamos patentes testimoniales, ellos son los dueños, pero no van país por país como hacen las otras compañías multinacionales pidiendo patentes o monopolios por 20 años y luego abusan y presentan precios extorsivos”.

¡Liberen las patentes!

Frente a este escenario, la campaña por la liberación de las patentes pide que los países que se encuentran en ámbito de la Organización Mundial del Comercio voten una propuesta impulsada por India y Sudáfrica que ya cuenta con el apoyo de 57 sponsors y 100 países, entre los que se encuentra Argentina. “Estamos hablando de suspensión de estos derechos de propiedad intelectual o de las patentes sobre las tecnologías para covid y mientras dure la pandemia. Esto está siendo resistido por las empresas multinacionales y los gobiernos que las representan”, es decir, por los 10 o 15 países que concentran la mayor producción de vacunas. “Estamos en un momento crucial, verdaderamente es necesario para poder frenar la pandemia, es crucial que se adopte esta resolución en el marco de la OMC y por eso estamos con la campaña ‘liberen las patentes’, que es una campaña que estamos realizando a nivel global muchas organizaciones de la sociedad civil”.

La actual directora ejecutiva de la OMC es una mujer nigeriana, Pamela Coke-Hamilton. Ella propone, entre las dos posiciones con relación a la liberación de las patentes mientras dure la pandemia, un camino intermedio, es decir, que las empresas adopten de manera voluntaria la posibilidad de ceder tecnología. Di Giano lo compara con el mecanismo Covax, una iniciativa por la Organización Mundial de la Salud que, si bien no tiene competencia en las patentes tiene competencia en salud, propone un sistema solidario y voluntario a las empresas. Sin embargo, la mayoría de las farmacéuticas se negaron a ingresar y, aunque Oxford AstraZeneca lo hizo, cedió tecnología a una sola empresa de la India con un alcance de solo 92 países donde viven 4 mil millones de personas. Una vez más, los números son contundentes: “¿cuántos años vamos a estar para que esas 4 mil millones de personas puedan acceder a la vacuna?”, reflexionó la especialista. Sigamos observando las cifras: “Cuando se comenzó en octubre de 2020 a plantear la posibilidad de esta suspensión, había un millón de muertos a nivel mundial y hoy ya tenemos 3 millones, entonces yo me pregunto cuántas vidas más vamos a necesitar perder”, advirtió la directora de GEP.

Entonces, ¿qué hace falta para liberar las patentes y los monopolios dejen de asfixiar a la mayor parte de la población mundial?

“Este es un tema sumamente político, se define con voluntad política y gestión diplomática a nivel mundial que es la herramienta que tienen los países en estos momentos para poder resolver la situación, porque la suspensión de la propiedad intelectual en materia de vacunas podría aumentar de una manera exponencial la disponibilidad de vacunas, porque podríamos fabricar en las plantas ya instaladas, como así también instalar plantas en aquellos países donde no hay pero que si hay recurso humano para llevar adelante la producción de vacunas. No es verdad que solamente los países ricos y sus empresas pueden desarrollar tecnologías, esto Cuba lo está demostrando”.

Antes que se acabe el mundo se emite todos los jueves de 19 a 20 horas por Trilce Radio, con la conducción de Agustín Bontempo e Ignacio Marchini y la producción de Maru Waldhüter y Macarena Martínez.