Dow-Dupont: cerrando filas en la disputa global

Por Fernando Romero Wimer

En diciembre de 2015, las compañías estadounidenses Dow Chemical y DuPont anunciaron su fusión. Recientemente, la Unión Europea aprobó con condiciones la unión de estas dos empresas, aunque aún resta su aprobación en Estados Unidos.

El coloso Dow Chemical

Esta compañía posee entre sus vínculos más reconocidos los que mantuvo con el gobierno estadounidense como proveedor –al igual que Monsanto– del llamado napalm o “agente naranja” (un herbicida altamente cancerígeno y causante deformaciones congénitas), el cual fuera utilizado como defoliante tóxico esparcido por los aviones norteamericanos en la guerra de Vietnam durante las décadas de 1960 y 1970. Estas situaciones han llevado a numerosas denuncias contra estas corporaciones por parte de diferentes organizaciones -políticas, sociales, ambientalistas, ecologistas, etc.-, motivo por el cual Dow ha trazado cínicamente una estrategia acercamiento a las comunidades en las que tiene instaladas sus plantas y construido discursos de propaganda que lo presentan como un actor responsable y seguro para el medio ambiente y la salud humana, aludiendo al cambio climático, las investigaciones sobre los efectos hormonales de sus productos y el desarrollo sostenible.

En 1989, a través de un joint venture entre Dow Chemical Company –para entonces la segunda mayor empresa química estadounidense después de DuPont– y Ely Lilly and Company, fue creada Dow Elanco. Esta se conformó como una de las mayores productoras mundiales de agroquímicos.

En 1996, la empresa logró introducirse en el negocio de la biotecnología y adquirió la empresa de semillas Mycogen (alcanzando en 1998 el 100% de las acciones). Paralelamente, a través de esta empresa compró en la Argentina el Semillero Morgan (Santa Úrsula). En 1997, adquirió la empresa sudafricana Sanachem, tercer productor mundial de genéricos y distribuidor líder de productos de protección de cultivos en el país africano. El mismo año, Dow Chemical Company, que para entonces rondaba a nivel mundial una facturación anual de US$ 20.000 millones, adquirió el 100% de Dow Elanco y la nueva subsidiaria fue rebautizada como Dow AgroSciences, en 1998. En el año 2000, a través de Mycogen, obtuvo las divisiones de investigación, producción y distribución de las semillas híbridas de Cargill en Estados Unidos y Canadá; con esta compra, Mycogen se convirtió en la tercera mayor empresa productora de semillas de maíz de los Estados Unidos. Además, en 2001 Dow compró la empresa estadounidense Rohm&Haas dedicada a la producción de herbicidas, fungicidas e insecticidas. En 2008, según datos de la compañía, Dow Agrosciences poseía unos 6.000 empleados repartidos en 50 países y su facturación anual rondaba los US$ 3.000 millones anuales. En 2015, a nivel global, el grupo Dow alcanzó una facturación de US$ $49.000 millones y empleó unas 49.500 personas.

En Argentina, la corporación Dow operó desde 1957, inicialmente con el nombre de Indoquim. En 1969, la empresa consiguió la aprobación por parte del Estado nacional de su proyecto para la instalación del complejo Petroquímica Bahía Blanca (PBB) a través del decreto 6908/69. Posteriormente, en los primeros años de la década de 1970, la iniciativa fracasó y la compañía abandonó sus planes, pasando el Estado a llevar a cabo la construcción mediante Fabricaciones Militares. Sobre las razones de este retiro existen interpretaciones contrapuestas. Una de ellas señala que las aspiraciones monopólicas de la firma demoraron y obstaculizaron las posteriores aprobaciones por parte del Estado. Otros sostienen que se trataba de un proyecto que procuraba dificultar nuevas localizaciones por parte de compañías competidoras de Dow en el mercado internacional.

Entre las principales razones de la fuerte presencia en el país del grupo Dow Argentina -integrado por un conjunto de empresas químicas, petroquímicas y agrícolas- se encuentran el mayor desarrollo relativo de la industria gasífera nacional respecto al resto de América Latina, la abundancia de gas natural, las nuevas oportunidades de negocios alentados por los incentivos promocionales para la inversiones de capital en el contexto de las privatizaciones y la desregulación presentes durante la década de 1990. En 1995, Dow adquirió las acciones del Estado en Petroquímica Bahía Blanca (PBB) constituyendo un consorcio con la privatizada YPF y la compañía japonesa Itochu. En 1996 compró Polisur de Ipako –perteneciente a capitales locales fuertemente favorecidos durante la dictadura militar- que contaba con diferentes acuerdos de suministros tecnológicos con otras empresas norteamericanas como ARCO Polymers y Union Carbide (la misma del desastre de Bhopal -India- en 1984), empresa que se convirtió en subsidiaria de Dow Chemical en 2001. Además, en ese último año, se integró en la Compañía Mega (compuesto por una planta separadora de gases, otra fraccionadora y un poliducto) en el que participó junto a la petrolera estatal brasileña Petrobras y YPF. También, Dow Investment Argentina S.A. y RepsolYPF convinieron la fusión de sus participaciones en Polisur y PBB, constituyéndose PBB-Polisur. En enero de 2005, Dow compró a las acciones que mantenía Repsol en PBB-Polisur, pasando a ser propietaria del 100% de las acciones de esa empresa. De esta manera, la centralización del capital realizada por Dow se hacía a costa del capital estatal, de la gran burguesía intermediaria y otros capitales imperialistas, consiguiendo erigirse como principal beneficiario de los significativos incentivos promocionales que en distintos momentos y en diverso grado transfirieron los costos del negocio petroquímico al Estado nacional y, en definitiva, erogando de la sociedad argentina cuantiosos recursos que podrían ser utilizados para su desarrollo social y económico.

En 2015, las empresas del Grupo Dow Argentina (Dow Química Argentina, Dow Agrosciences, Dow Investments Argentina, PBB-Polisur y Rohm & Haas) registraron una facturación US$ 2.036 millones.

El gigante DuPont

Esta compañía estadounidense fue fundada por una familia de inmigrantes franceses en los inicios del siglo XIX, focalizándose principalmente en la investigación química. Su gran variedad de actividades abarcan la alimentación, la nutrición, el cuidado de la salud, la indumentaria, el hogar, la construcción, la electrónica y el transporte.

En la Argentina, la empresa arribó en 1935 con la empresa Duperial (integrada por DuPont e ICI) y se asoció con Compañía Química del grupo Bunge&Born en la conformación de Ducilo, dedicada a la producción de rayón. Este acuerdo significó también el reparto de productos que Compañía Química podía y no podía producir.

En 1988, comenzó a producir y comercializar su marca Pioneer subsidiaria de Pionner Hi-Bred Internacional Inc. (adquirida por el grupo DuPont); en la actualidad su actividad se focaliza en semillas híbridas de maíz, girasol, sorgo y variedades de soja y alfalfa. En 1999, adquirió la totalidad del paquete accionario de Agar Cross, empresa dedicada a la producción de agroquímicos y servicios integrales al productor. En 2014, la facturación de DuPont en la Argentina rondó los US$ 292 millones.

Razones para el matrimonio entre rivales

La disputa entre las transnacionales del mercado semillero y de agroquímicos se aceleró recientemente, incidiendo en las tensiones por la producción de alimentos y el control de la tecnología a nivel global. Mantenerse en el juego de la competencia entre gigantes implica participar con dimensiones similares al resto de los concurrentes. Recientemente, ante un contexto de desaceleración económica, la suiza Syngenta fue adquirida por ChemChina en US$ 43.000 millones y la estadounidense Monsanto pasó a manos de la alemana Bayer en US$ 66.000. Para resguardar su poder en el negocio, los coqueteos entre Dow y DuPont se remontan a septiembre de 2015 y en diciembre de ese año anunciaron su fusión. Sin embargo, tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea, la aprobación de esta mega operación implica cumplir con exigencias de desinversión de activos realizada por la regulación antimonopolista, lo cual no inhibe la formación de este mastodonte empresarial.

Consecuencias para América Latina

El control del 80% del mercado de semillas y agroquímicos por parte de 4 gigantes (ChemChina/Syngenta, Bayer/Monsanto, Dow/DuPont y BASF) implica un reflejo de la acentuación de la disputa interimperialista a escala global. Al interior de los países latinoamericanos esta configuración incide tanto en el plano económico y social como en el juego de intereses y la toma de decisiones públicas tanto internas como externas. Asimismo, el control de los complejos agroalimentarios a escala mundial en manos de estas grandes empresas reduce aún más la soberanía de los países dependientes, acentúa los niveles de extracción de ganancias de estos territorios y disminuye los márgenes de libertad de decisión de los agricultores.