El ajuste llegó hace rato: los salarios tras la inflación

Por Francisco J. Cantamutto. La CTA y la comisión técnica de ATE presentaron recientemente algunos datos sobre salarios e inflación. ¿Los resultados? El ajuste ya comenzó: no hace falta esperar al próximo gobierno.

El régimen económico del kirchnerismo, tal como fue instaurado durante el gobierno de Eduardo Duhalde, se basó en la capacidad del Estado de arbitrar entre fracciones del capital y, a su vez, de éste con los trabajadores y las trabajadoras. Respecto de la primera tarea, la transferencia del agro a la industria, vía subsidios a las tarifas, fue cuestionada políticamente desde el enfrentamiento de 2008, pero no obstante subsiste. Sobre la segunda tarea, el control sobre el costo salarial ha sufrido de modo creciente a medida de que diferentes gremios y centrales dejan de apoyar al gobierno, y aceptar por ello el control burocrático.

Desde 2007 a 2014, el salario real –es decir, el que resulta de quitar la inflación– había estado estancado. Si bien esto esconde diferencias entre sectores, indica que, de conjunto, el capital no estaba dispuesto a otorgar ulteriores mejoras. Debe recordarse que tras la devaluación, fue el capital quien pidió a grito pelado la convocatoria a mecanismos de negociación que dieran previsibilidad y moderación a las demandas salariales. Así, le llevó cinco años al conjunto de la clase trabajadora alcanzar los niveles salariales promedio de 2001, año de crisis histórica.

De allí a esta parte, los salarios reales se estancaron: un gran éxito para el capital, que explica muchos de los apoyos que el gobierno recibe. Lamentablemente, los datos oficiales de precios no son creíbles, y ninguna estimación privada es capaz de compensar esta ausencia de información con el mismo nivel de cobertura. Por eso, el gobierno puede insistir en el uso de datos poco confiables, y asegurar aumentos de salarios que ningún trabajador puede constatar en su bolsillo.

Como si esto fuera poco, el gobierno le aplica desde 2008 –mediante actualizaciones desfasadas– el impuesto a las ganancias a aquellos salarios que logren compensar la inflación, actuando como una pinza que aprieta por ambas puntas. Estas razones han impulsado un fenómeno de creciente impugnación a las direcciones burocráticas de los sindicatos, más preocupados por sostener sus prebendas que de mejorar las condiciones de sus representados. La foto de Roberto Baradel, Secretario General del sindicato docente SUTEBA, con la plana oficial festejando el ajuste a los docentes bonaerenses es una expresión de ello. Sumando al cóctel apetencias políticas personales, se comprende que Hugo Moyano y Luis Barrionuevo hayan abandonado al gobierno. La CTA se dividió por razones semejantes.

El problema es que incluso este salario contenido –el que promedia como 2001– es caro para el capital que opera en el país, incapaz de competir con el mercado mundial. Por ello mismo es que desde 2008 no crea prácticamente empleo, legando toda la responsabilidad al Estado. Sin el empleo público, el desempleo hubiera crecido en estos años. Estancamiento de salarios reales y del empleo total: ese es el triste panorama que acompaña los últimos años y que obliga a las dirigencias consecuentes a enfrentar una y otra vez las propuestas oficiales.

El año del capital

Pero 2014 fue un año que envalentonó al capital, ante los gestos del gobierno en su favor. Según datos de la Comisión Técnica de ATE-INDEC, la que fue desplazada con la intervención, al primer semestre de 2014 los niveles de pobreza e indigencia alcanzaron los pésimos niveles de fines de los noventa. Los datos de los técnicos desplazados indican una pobreza seis veces mayor a la que el INDEC anuncia, y una indigencia cuatro veces mayor.

Observando el año 2014 de conjunto, en el informe del Observatorio Social de la CTA, el salario real promedio está un 1,2% por debajo del de diciembre de 2001. En el sector privado registrado, la caída fue del 5,5% respecto de ese año, mientras que los trabajadores del sector público muestran un retroceso del 3,1%. Tras más de una década, las deudas siguen pendientes.

Por su parte, la consultora Abeceb analizó los trece convenios más grandes de 2014, y encontró que dependiendo del índice de precios utilizado, la caída del salario real oscila entre el 4% y el 12%. A su vez, el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas analizó datos del INDEC y estimó que los trabajadores ocupados perdieron el 7,7% de sus ingresos frente a 2013. Los trabajadores no registrados (con 10,9% de caída) y los cuentapropistas (con 9,2% de caída) serían los más perjudicados.

Finalmente, el informe de Julio Gambina para el Instituto de Estudios y Formación de la CTA revisó diversos escenarios, comparando varias estimaciones de inflación y salarios. Los aumentos salariales promedio van del 30%, que emerge del promedio de los grandes convenios, al 33,66% indicado por el INDEC. La inflación cubre un rango más amplio: de la estimación oficial del 23,9% a las consultoras privadas, que indican el 39,4%. La caída total de los salarios depende del escenario que se contemple, cálculos que se complican por la falta de credibilidad de los datos. Sus resultados indican que, para poder compensar la pérdida de poder adquisitivo y ponerse al día con la inflación prevista para este año, los sindicatos deberían reclamar entre 30 y 35% de aumento si se cree en los datos oficiales, y hasta 45% si se asumen los datos privados.

La falta de credibilidad de los datos genera problemas severos en la discusión salarial, porque deriva la cuestión de fondo a un problema de medición. No obstante, la tendencia parece indicar que el gobierno actúa conteniendo las demandas, mientras la clase trabajadora ve deteriorarse sus condiciones de vida. No hace falta explicar que esto impulsa el negocio de las financieras que prestan para sostener el nivel de vida ante el ajuste: se trata del sector de mayor crecimiento y el que más apoyos da al kirchnerismo actual.

2015 se inicia con la conflictividad de la paritaria docente en el país, con los gobiernos provinciales ejecutando el ajuste. No es necesario esperar al recambio gubernamental de diciembre: el ajuste ya comenzó.