¿El candidato es el proyecto?

Por Mariano Féliz*

Gane quien gane en las presidenciales de 2015, el proyecto del capital triunfará en octubre.

 

Se acercan las elecciones nacionales en Argentina y las fuerzas políticas que pudieron atravesar las PASO disputan la preferencia del electorado. La principal duda parece ser si habrá o no segunda vuelta, y en esa eventualidad quienes competirán con el candidato del kirchnerismo, Scioli. En las últimas semanas, todos los/las candidatos/as aguzan el lápiz para arrimar a su campo de atracción un mayor número de votos.

El kirchnerismo acentuó un discurso que presenta a Scioli como continuidad radical del proyecto neodesarrollista. Para ello puso los ejes para avanzar hacia el desarrollo (capitalista, por cierto) como estrategia. Los spots publicitarios son elocuentes resaltando el perfil primario exportador del proyecto, con el Estado apostando a crear las condiciones para que tal proyecto se consolide a través de la construcción de más y más (mega) obras de infraestructura que garanticen su  continuidad. No se pone en debate el marco general del proyecto nacido de las entrañas del neoliberalismo ni sus fundamentos: el saqueo de la naturaleza, la superexplotación de la fuerza de trabajo, la inserción internacional y regional, ni la forma del Estado. Nada se dice de los límites macroeconómicos que el proyecto del kirchnerismo enfrenta ahora (límites de un proyecto capitalista, periférico y dependiente) y que deja como herencia al gobierno entrante.

Las críticas y propuestas desde el resto de las fuerzas políticas del ‘orden’ no cuestionan abiertamente este proyecto de desarrollo pero discuten elementos puntuales, en algunos casos con fundamentos ideológicos y en otros con puro oportunismo. Desde el macrismo, por ejemplo, se pone énfasis en la necesidad de poner fin al proceso inflacionario, sin dar pautas de cómo se enfrentaría. El énfasis en la inflación pone en evidencia la defensa por parte de Cambiemos de los intereses de actores vinculados al capital financiero (sean estos en el sector bancario, así como quienes poseen grandes cantidades de recursos líquidos, como fondos de inversión inmobiliaria), quienes mucho pierden con la alta inflación. La contracara es la posición oficial que, desde un keynesianismo elemental, ven en la inflación un subproducto de la disputa por la apropiación del ingreso y por ello un problema menor; prefieren manejarla dentro de los márgenes de las instituciones como las negociaciones paritarias, el programa de Precios Cuidados, o mecanismos de compensación parcial como la indexación. La izquierda, encarnada hoy en la posición del FIT, coloca la cuestión en el control popular de la formación de precios a través de cambios en la política de impuestos (baja del IVA al consumo popular) o la estatización de los grande capitales, cuestionando la base estructural del problema.

La cuota de oportunismo en la campaña destila en el debate sobre la estructura de impuestos. Mientras el kirchnerismo continúa en su política de “sintonía fina” (que no altera en lo más mínimo la estructura de impuestos heredada), la oposición sistémica hace planteos que van desde la eliminación de “la estafa del impuesto a las ganancias para los salarios” de Macri al “hay que eliminar las retenciones a las exportaciones” de Rodriguez Saá, pasando por la propuesta de Massa de reestrablecer el 82% móvil para los jubilados. En el primer caso, la debilidad del planteo no es la propuesta en sí, pues del salario no es ganancia y no debe ser gravado como tal, sino que Cambiemos no establece cómo se compensará la pérdida de recaudación, o en el caso de Massa, de forma más oportunista aún, sin explicitar la fuente de los recursos adicionales para el aumento de las jubilaciones: bien podría proponer el restablecimiento de los aportes patronales históricos, reducidos en los noventa, a las grandes empresas, pero no lo hace. Al igual que el kirchnerismo, la posibilidad de ampliar la tributación al gran capital en todas sus formas, no esta en el horizonte de estas fuerzas políticas. A este problema, la propuesta de eliminar las retenciones sin más, remite a un populismo nacional burgués que busca ganar el apoyo de fracciones de pequeños y medianos empresarios sin poner en debate la necesidad de captar impositivamente la renta de la tierra. Al contrario, la posición del FIT abre el debate sobre la exigencia de apropiar de más rentas a través de la nacionalización de grandes propiedades agropecuarias y la imposición a las grandes fortunas.

Palabras del modelo, el fetiche del cambio  

Un debate que atraviesa la campaña es el lugar de la educación. El discurso oficial resalta la necesidad de incrementar la “calidad” de la educación. En la filosofía del neodesarrollismo, la educación es vista como formación de fuerza de trabajo calificada para el capital. Un capitalismo “en serio” necesita una población obrera preparada para ser empleada, dócil y educada. El macrismo, por su parte, recurre al tradicional discurso liberal de igualdad de oportunidades a través de la educación. Propone que sean los futuros graduados quienes creen los trabajos del futuro, como si cada estudiantes fuera un empresario potencial. Niega de esta forma la naturaleza excluyente del capitalismo e ignora en éste que la educación formal juega un papel primordial como mecanismo de selección de la fuerza de trabajo, sin garantizar en lo más mínimo la creación de puestos de trabajo de calidad. Frente a las nuevas generaciones de graduados, el capital eleva la barra de requisitos, devaluando los títulos, que nunca alcanzan para que todxs consigan empleos acordes a sus calificaciones ni salarios dignos. Cuando de pensar la estrategia para la mejora de la educación se trata, ni Scioli ni Macri tienen el mejor CV, siempre subejecutando el presupuesto, con salarios y condiciones de trabajo para los/as docentes que, como bien señala Del Caño (candidato del FIT) replican las políticas de los años de auge del neoliberalismo y mantienen a la escuela pública en emergencia permanente. El massimo, por su lado, expresa las contradicciones de esta situación y propone parte del programa que se viene (gane quien gane): enfatizando en la “gestión” de los/as docentes a través del control del ausentismo, más mecanismos de evaluación y formación, sin poner en el tapete la necesidad de multiplicar el presupuesto para la educación pública (y la eliminación de las políticas de promoción a la educación privada) como paso elemental y primero. En este sentido, la defensa del FIT al programa educativo de la revolución cubana marca un límite claro con las propuesta del resto del espectro político en la disputa electoral del presente.

Finalmente, unos de los ejes de los debates es la pobreza. Mientras el kirchnerismo sigue en su negación “estadística” del problema, el objetivo de la “pobreza cero” se ha convertido en el fetiche de todos los partidos del sistema. La síntesis de las propuestas es -en línea con el enfoque del oficialismo- promover el pleno empleo sobre la base del crecimiento económico. El mito del pleno empleo como la mejor cara del desarrollo capitalista es la paradójica coincidencia, como complemento necesario de las políticas sociales de tendencia universalista básica, tal el caso de la Asignación Universal por Hijo/a, que el kirchnerismo implementó con el auspicio y financiamiento del Banco Mundial y el BID. Estas políticas constituyen la red de contención imprescindible para un proceso de desarrollo que produce el empleo precarizado y superexplotado. El combate a la pobreza con crecimiento económico, empleo precario y transferencias de ingreso mínimo sintetizan el paradigma del neodesarrollo con el que casi todos los candidatos coinciden. Sólo el candidato del FIT pone consistentemente el eje en la necesidad de llevar los salarios a la canasta familiar como paso ineludible para un camino de transformaciones reales.

La palestra cotidiana en la previa electoral evidencia con claridad la coincidencia de posiciones (y unas pocas divergencias) de los candidatos de los partidos del orden; sólo la propuesta del FIT marca la nota discordante. La hegemonía electoral del neodesarrollismo pone a la organización popular desde abajo y a la izquierda como prioridad en la etapa que se abre.

 

* Profesor Ordinario UNLP. Investigador CIG-IdIHCS/CONICET-UNLP. Integrante de COMUNA (Colectiva en Movimiento por una Universidad Nuestramericana) en el Frente Popular Darío Santillán – Corriente Nacional. Miembro de Cumbia Masiva por Radionauta FM 106.3.