El ciudadano Specchia (II)

Por Cezary Novek.

Politólogo, docente y escritor, Nelson Specchia ganó con su cuento “La cena de Electra” el premio Max Aub y fue galardonado con el Jerónimo Luis de Cabrera como ciudadano destacado de Córdoba. Marcha conversó con él sobre las diferentes facetas de su carrera.

 

Hice un racconto de sus diversas actividades: la docencia, su copiosa producción periodística, su presencia en numerosos eventos, las publicaciones. Quise saber cómo compagina todo ese movimiento con la reclusión, el momento de serenidad necesario para escribir y que a veces solo llega después de algunas horas de silencio y soledad en un mismo lugar.

“Mi vocación estuvo bien canalizada. Eso me permitió hacer diferentes cosas en la vida y todas me han dado placer y rédito. Fui consultor internacional, consultor del banco mundial, hice cooperación externa. Trabajé en muchísimos países, en lugares que de otra manera no hubiera accedido. Pero siempre el centro se fue decantando hacia la enseñanza, y yo veía que enseñar me fascinaba. Estar frente a un curso universitario hablando de temas políticos, ahí estoy en mi cancha”.

Profesor titular desde 2001, tiene una cátedra de Política Internacional allí y otra de Comercio Exterior en la Tecnológica. Con la docencia como centro, fue ocupándose de numerosas actividades aledañas que de a poco decantaron en la producción de artículos, análisis y participaciones para radio y televisión a pedido de diferentes medios “para explicar un poco el mundo. Porque el mundo se ha complejizado de una manera importante y los periodistas llanos, que antes eran quienes explicaban eso antes, por ahí se quedan sin suficientes elementos de juicio para mostrar esta realidad global, internacional, compleja”.

Respecto a su rol de editor, cuenta que le fue ofrecido por el fundador del diario, don Ernesto Ponsati, nombre histórico en el periodismo de Córdoba. La propuesta surgió de diferentes encuentros con el viejo periodista, a quien considera su maestro y amigo: “una vez me dice ‘mi tiempo está llegando a su fin’. Él viene al diario, sigue escribiendo, pero con la empresa empezó a pensar en un cambio de dirección y él me propuso. Al principio puse alguna objeción. No solamente no soy periodista sino que no tengo experiencia de haber trabajado en una redacción ¿cómo me voy a poner a dirigirla? Y dice ‘pero si vos no has hecho otra cosa en tu vida que mandar. Y acá de eso se trata, mandar’. Fue larguísimo, un año y medio duró la negociación, hasta que decidí hacer la prueba. Y acá estoy”.

Volvimos al tema del certamen, dijo que fue la primera vez que participó de un concurso literario importante. Antes, solo había ganado certámenes escolares.

“La historia es así: yo tengo un grupo de amigos. La hermana de uno de nosotros nos puso El círculo de la serpiente, porque es muy difícil entrar pero una vez que estás adentro es muy difícil salir. Nos reunimos cada quince días, desde hace años, a cocinar, comer y leernos. Todos escribimos, nos criticamos y nos comentamos. En un momento nos hicimos la pregunta ¿esto que hacemos hace tanto tendrá algún asidero de calidad o es algo de entrecasa? Entonces decidimos testearnos. Y bueno, siempre he respetado muchísimo a la fundación Max Aub porque me parece muy seria en lo que hace a literatura e investigación, en literatura en español. Allí decidí presentarme sin muchas expectativas, porque se presentan muchos autores de todo el mundo (24 países esta vez). Y el Max Aub siempre convoca jurados de puta madre”.

Se alegró mucho al enterarse que Almudena Grandes era parte del jurado, ya que la considera su numen literario. Gran parte de su obra trata sobre la Guerra Civil Española y el período de Posguerra, que es uno de los temas sobre los que más le gusta leer.

Sobre el cuento premiado, “La cena de Electra”, me comenta que es un cuento relativamente reciente, del año pasado.

En sus textos se refleja la exquisita y vasta cultura, que bebe de la ambientación del viejo mundo y se transporta a otros tiempos, minuciosamente descritos,  muy afines a los retratados en la prosa de Mujica Lainez. El regocijo por las descripciones, los sabores, perfumes, detalles, cualquier tipo de textura dibujada por las luces y sombras remite a la percepción sensorial de la pintura flamenca. En sus historias se celebra la materialidad de la existencia, de la misma manera que en su escritura –tal como decía Borges sobre Quevedo– saborea cada palabra del idioma castellano. “La cena de Electra” es entre sus cuentos un buen exponente de su estilo. En el remate del final recuerda los mejores y más ingeniosos desenlaces de Swift o Bierce (Aceite de perro, por ejemplo), plenos de humor negro.

El tema del cuento nos llevó a hablar sobre la relación entre la literatura y la gastronomía en su vida. Descendiente de italianos y de españoles, afirma que por ambos lados hay grandes cocineros y cocineras. Y ello tiene alguna derivación biográfica… porque es una familia de inmigrantes, que les ha ido bien, entonces la protagonista del cuento tiene el dinero suficiente para estar dando vueltas por el mundo. Electra es el nombre de una hermana de mi abuela, también una gran cocinera. Siempre en lo que escribo hay cosas biográficas. Aparte, tengo una familia muy novelable, que me ha dado más que una historia para literaturizar. Y me gusta mucho la cocina. Y creo que después del idioma lo que define una cultura es su cocina. También se hace poesía cocinando. Igual, no me lleno con la poesía”.

Ante los futuros proyectos no parece tener apuro, ya que “hay dos novelas que se vienen escribiendo a su aire, decantándose muy tranquilamente”, pero “no es fácil con tantas actividades encontrarse con el tiempo espiritual y cronológico suficiente para cerrarlas”. Con la poesía es diferente: hay dos libros en fase de corrección, próximos a publicarse. Insiste en que hasta el momento ha sido una cuestión estrictamente relacionada con el placer. Sin rutina ni sistema, tampoco puede decir que tenga un método. “Yo escribo cuando necesito escribir. A veces en el baño. A veces me levanto. A veces no consigo conciliar el sueño y me levanto a escribir y recién ahí me duermo”.

Sobre la hora de cierre del diario, le pregunté por sus autores favoritos. Hizo un recorrido por sus lecturas más presentes. Él las llama permanencias: La generación del ’98 en España y la que le siguió, Lorca y Machado, Gerardo Diego. La literatura latinoamericana del siglo XX.  Borges. “nunca se movió de ese centro. Tengo una imagen física de … acostado en un verano muy caliente de allá del Chaco, en una alfombra anaranjada, en el piso, leyendo los libros de Borges que venían por volúmenes separados en Emecé. Y esa fue la noche o el día quizás, que tenía 8 o 9 años, que comenzó el amor por la literatura, este romance que no tiene ningún viso de acabar.

 

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