El conurbano tras las PASO: ¿el fin de los Barones bonaerenses?

Por Francisco Longa

Al menos tres reconocidos ‘barones’ del conurbano bonaerense perdieron la elección en sus municipios. Varios candidatos de La Cámpora lograron imponerse en las PASO, lo cual reavivó el debate sobre el poder de estos mandatarios. Siguen sin aparecer intendentas mujeres en el área metropolitana.

Son intendentes que llevan varios años al frente de sus carteras municipales. Se caracterizan por el fuerte contenido clientelar de su accionar político, por la densidad poblacional de sus municipios y por la alianza estratégica que tejen con los gobiernos provincial y nacional a cambio de favores políticos.

Desde algunos sectores del periodismo, aunque también de la Ciencia Política, hacia mediados de la década del `90 se acuñó el término ‘barones’ para aludir al tipo de construcción de poder que estos mandatarios desarrollan. También se los llamó ‘caciques’ e incluso ‘señores feudales’. Llama la atención que todo aquel que logra conservar su poder a través del tiempo en el conurbano tuviera que ser descripto desde formas de gobierno pre-capitalistas. Estas denominaciones simplistas sirven para señalar formas ‘atrasadas’ de gobierno que, alternancia de por medio, deberían dejarse atrás.

Así el mote de ‘barones’ sirvió para simplificar y estigmatizar un tipo de gobierno local que se explica por cuestiones mucho más complejas que la simple ‘tiranía’ y manipulación de los votantes que los análisis presentan. Sin perjuicio de que estos elementos operen en la realidad concreta al momento de encarar una elección, muchos de estos intendentes se mantienen en el poder por el contenido de cercanías que establecen con los vecinos, por el arraigo local que tienen en sus vidas privadas, o porque supieron leer las apetencias de los habitantes de su localidad o al menos convencerlos de ello.

El poder de estos intendentes del conurbano bonaerense tiene entonces razones políticas, administrativas y demográficas. Una de las razones del peso de las intendencias del distrito más poblado del país, se remonta a la sanción del Fondo de Reparación Histórica del Conurbano Bonaerense en 1992. Este fondo asigna montos derivados del impuesto a las ganancias a nivel nacional a la Provincia de Buenos Aires, que luego los re-distribuye a las intendencias. La enorme cantidad de recursos que maneja la provincia, sumada a la gigantesca masa de votantes que contiene, generan una ecuación fundamental a ser resuelta al momento de las campañas políticas.

Sin embargo, apelar a la cuestión de los ‘barones’ simplifica y exime de brindar explicaciones en profundidad. Esto, además, no deja de tener una connotación despectiva y un tanto racista en la medida que la población del conurbano aparece en muchos análisis como una ‘masa disponible’, a la que cualquier tirano puede moldear a su gusto si cuenta con recursos, punteros y, sobre todo, si se embandera en el peronismo.

La cuestión del peronismo es clave siendo que, por ejemplo, pocos aluden a Gustavo Posse, actual intendente de San Isidro como parte de los ‘barones’. La dinastía Posse lleva 33 años gobernando el pudiente distrito, primero con Melchor Posse y luego con su hijo Gustavo, quien está al frente de la cartera municipal desde 1999. Pareciera ser que sus afiliaciones a la UCR primero y al PRO actualmente los alejan de ese lugar común, aunque compartan la ‘perpetuidad’ en el poder que ostentan los intendentes peronistas de los municipios pobres.

Llegan los varoncitos

La renovación de la política es otro lugar común al que se suele apelar, sin demostración de contenido ni de sustancia analítica. Ese lugar común retornó con algunos matices tras las PASO del 9 de agosto, cuando algunos de estos intendentes a los que hicimos alusión perdieron (tanto en internas como fuera de ellas) con candidatos jóvenes, algunos de ellos pertenecientes a La Cámpora.

Uno de los casos más resonantes es el de Raúl Othacehé en Merlo quien llevaba 25 años gobernando el municipio y perdió ante Gustavo Menéndez la interna del Frente Para la Victoria. Menéndez forma parte del municipio de Merlo desde la década del 80 y se inició en la política junto a Othacehé. Formó parte del FpV hasta 2013, cuando se fue al Frente Renovador de Sergio Massa. Este año compitió nuevamente dentro de las filas kirchneristas impulsado por el Sciolismo. Este largo periplo de cambios y saltos entre oficialismo y oposición también pone en duda qué tipo de renovación supone la salida del antiguo ‘barón’ y la llegada de este varoncito.

Por otra parte, candidatos impulsados por la agrupación comandada por Máximo Kirchner ganaron las internas en Mercedes, San Vicente, Lanús y Moreno. No obstante ninguno de esos municipios estaba comandado por viejos ‘barones’, y de hecho por ejemplo en el caso de Lanús, el lugar que viene a ocupar Julián Álvarez, el candidato ganador de La Cámpora, implicó el corrimiento de Darío Díaz Pérez, intendente del FpV durante los últimos años que tuvo una gestión dinámica y progresista.

La excepción sí tal vez sea Moreno, donde el camporista Walter Festa desbarrancó a Mariano West, quien llevaba 12 años al frente del municipio. Aunque hay que destacar, no obstante, que dicho triunfo se dio en el marco de la interna del FpV, partido que comparten ambos candidatos.

Es por la fuerte afiliación entre los ‘nuevos’ y los ‘barones’ que la mayoría de los intendentes que se impusieron en las PASO presentan poco de diferente respecto de las gestiones actuales. Por ello la tan anunciada renovación será en estos municipios al menos una tarea a conquistar a futuro antes que un punto de partida.

Cuestión de género

La materia en debate entonces es si la emergencia de estos nuevos candidatos a intendentes representa un cambio respecto de los modos de hacer política de los tan cuestionados ‘barones’ del conurbano. Llama la atención, no obstante, que sigan sin emergen intendentas mujeres, sobre todo tratándose el FpV de una fuerza política conducida, incuestionablemente, por una mujer. A nivel de las reglamentaciones, desde 1991 existe una ley en la Provincia que establece el cupo obligatorio del 30% para candidatas mujeres en las listas de diputados/as y senadores/as. Pero la ley no prevé lugares para los cargos ejecutivos.

Así como la presencia de un dirigente joven no asegura renovación, sino que ésta será en definitiva producto de nuevos procesos políticos, tampoco la presencia de mujeres asegura una mirada desprovista de los defectos de la política tradicional. Si no existen nuevos procesos políticos, cualquier mujer puede convertirse también en una ‘baronesa’ del conurbano. No obstante es innegable que la falta de representatividad del género femenino en estos cargos es una deuda de la democracia en nuestro país.

La diversidad, de género o de edades, no asegura entonces mejoramiento en los procesos políticos, pero al menos brinda un piso novedoso desde el cual exigir –y por el cual participar en- una verdadera renovación de la actividad política en el conurbano.