El efecto del presente

El efecto del presente

Por Cezary Novek. Reseña de la novela Boyando, de Alberto Rodríguez Maiztegui, publicada por la editorial Caballo Negro (Córdoba) en 2012.

 

 

 “Alberto te dejó un presente, dijo Tania.

¿Y mi futuro? ¿Y mi pasado?

¿Cuál es el sentido del presente?

Pensé en un mensaje cifrado”. 
Boyando, A.R.M.-

 

Cuando Paul Bowles hablaba de su novela El cielo protector, afirmaba que ocurría en dos planos: el desierto exterior del paisaje que contenía a la historia y el desierto interior que vivían los personajes protagonistas. Parafraseando a Bowles -y es en este aspecto que la novela de Maiztegui puede emparentarse con la obra de algunos escritores viajeros del siglo XX–, el personaje de Boyando vive en su interior el mismo alegre caos y falta de sentido que encuentra en el ambiente que lo rodea durante su viaje a Centroamérica.

De alguna manera, Boyando parece ser una especie de parodia amable de las típicas novelas de turistas ingleses que buscan encontrarse a sí mismos en la lejanía del paisaje exótico. La escritura de Maiztegui le añade algunos ingredientes, como cierto dejo posmoderno, la incomunicación, la virtualidad, los no lugares, etc. No obstante, la historia sin historia tiene muchos momentos divertidos que hacen reír con ganas y sin malicia.

La trama de la novela se desarrolla a paso de cangrejo: inicia con un viaje real de Córdoba a Ecuador, y supone que seguirá un periplo por varios lugares pero la realidad plagada de accidentes nimios (el clima y circunstancias logísticas afines) harán que su viaje se reduzca a correrías por la ciudad, fabulaciones a interlocutores ocasionales, vínculos efímeros y potenciales vínculos efímeros. El personaje se llama -igual que el autor- Alberto. El Alberto-real escribe sobre un viaje ficticio del Alberto-personaje que se termina convirtiendo en un viaje ficticio dentro de la ficción misma. La novela es como un cangrejo que se desplaza de costado entre la realidad y la ficción sin decidirse, proponiendo en medio de esa ficción-fricción una sutil relectura del aforismo (atribuido al I Ching). “Puedes cambiar de país pero no de pozo”. Llegado el momento, el verdadero viaje de la novela es el periplo hacia una imagen que funciona como la metáfora más precisa del paisaje interior del protagonista y hace referencia directa al título: “Boyando”, y el gerundio enfatiza esa condición de presente continuo en el que vive el protagonista: sin pasado, sin futuro.

Pese a su complejidad y a los varios niveles de lectura, no es una novela cuya lectura se haga cuesta arriba. Por el contrario, es entretenida y amena, y queda la sensación de que se acaba antes de lo que se espera. Parece escrita con facilidad pero debajo de la prosa fresca y espontánea se puede sentir cómo los complejos engranajes del aparato narrativo de Maiztegui nos llevan flotando de forma inexorable hacia una metáfora del presente que es, a su vez, una forma de ver la realidad que da cuenta de toda una generación.

Alberto Rodríguez Maiztegui nació en Buenos Aires en 1983 y vive en la ciudad de Córdoba. Fue finalista del premio literario de la revista El Banquete 2011 con “Las expectativas”, aún inédito. El cuento “Amigos de lo ajeno” resultó ganador del concurso de cuentos del I Festival Internacional de Literatura de Córdoba y publicado en el libro Frutos extraños (Eduvim, 2012). Boyando fue finalista del Premio Indio Rico: Diario de viaje imaginario, cuyos jurados fueron Sergio Chejfec, Sergio Bizzio y Daniel Guebel.

Respondió un breve cuestionario por mail para Marcha, que aquí reproducimos:

¿Cuáles fueron los autores y personas cercanas que llevaron a inclinarte por la escritura? ¿Podrías escribir una breve biografía como lector desde el comienzo hasta la actualidad?

Cortázar / Sábato / Borges, de la biblioteca familiar, y… ¡Clanc! César Aira. No sé cómo llegué pero bajé Cómo me reí en PDF. Ése fue el primero que leí. Una vez le conté a un amigo y colega que me había conmovido con ese libro y él me carga siempre que es la primera vez que escucha que alguien se conmueve con un libro de Aira. Pero sí, ese libro me conmovió. A partir de ahí, también, Arturo Carrera.

Silvio Mattoni: un maestro (en Boyando, un personaje cita unos versos de él: “nada es eterno pero / hay tiempo y deseo todavía”). Siempre vuelvo a El cuenco de plata y a varios libros más. Camino de agua es increíble. La chica del volcán, El descuido, Tres poemas dramáticos y Excursiones son lo más.

Neón en las nubes, de Garamona, es precioso. Jonathan Lethem, Tamara Kamenszain, Elvio Gandolfo, Michaux y Filloy.

¿Leés a tus contemporáneos? ¿Podrías mencionar tus favoritos?

De acá he leído a Martin Cristal; Un oso polar, de Pablo Natale; La hora de los monos, de Federico Falco -en especial el musical de Sajen (el violador serial cordobés), “Los días que duró el incendio”-; Letra muerta, de Bawden/Novek; los tres libros de poemas de Carlos Surghi y también el genial Batallas secretas, Frente, perfil y llanura de Obeid; Tabaco mariposa, de Elena Anníbali; el de (Flavio) Lo Presti, Recuerdos de Córdoba; Crónica de un rocho, de Adrián Savino. Ahora también me acuerdo de los cuentos que publicó en su blog Diego Vigna, de esa serie creo que uno era de un pibe que sale con la mina de sus sueños y le caen mal las fajitas; y el otro era sobre dos hermanos y el álbum de figuritas del mundial del ´90. El último libro de (Alejo) Carbonell está muy bueno; el de Franco Boczkowski. Me salen ésos.

También me gustaron mucho: Inés Acevedo, Meret; Medianera, de Avalos Blacha; Javier Fernández, los poemas que va soltando Nico Moguilevsky, Cortiñas, Jonás Gomez. A Magnus lo sigo mucho -además, es de River-, con Cartas a mi vecina de arriba me he reído a carcajadas.

No sé quién más, pero tampoco fuerzo las lecturas. Voy leyendo lo que me pinta, un plan improvisado, y entrevisto a posteriori (creo).

¿Rituales al momento de escribir?

Escribo a la mañana antes de ir a trabajar.

La breve biografía que circula en internet te presenta como un autor que ha publicado poco pero con algunas menciones y un premio. ¿Escribís seguido para concursos? ¿Cómo pensás que funciona el sistema de concursos literarios para hacer carrera como autor?

Los concursos aparecieron como una posibilidad entre tantas. Así conocí a Alejo (Carbonell), editor de Caballo negro, por ejemplo, y ahí le comenté de Boyando y se coparon con Abel y el Luchi. También me sirvieron para no infinitizar, para ponerle un corte: una forma. También tuve suerte, como chiquito Romero.

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

Preparar a BENSHI, que sale el año que viene.

¿Boyando tiene algo de autobiográfico? ¿Partiste de alguna experiencia real o el protagonista homónimo es mera casualidad? ¿Podrías contar un poco sobre el proceso de escritura de la novela?

Armé un diario de viaje, por lo tanto lo escribí en primera persona y el protagonista se llama Alberto porque también roba cosas de mí. La pregunta que ronda durante todo el relato es si hay viaje posible hoy. La cita de Michaux que abre el libro es parte del prólogo a la segunda edición de Un bárbaro en Asia, dice: “¿Creía en ello plenamente? Viaje real entre dos quiméricos.” y, previo a eso, en el prólogo a la primera edición él dice algo increíble: “Viajé apenas informado”.

“¿Qué es un viaje?” suena como un eco desde el título, mas el protagonista arranca su itinerario con los oídos tapados.

 

Otras notas del autor:

El gen del mal (sobre Maldad, cantidad necesaria, de Patricia González López)

Una temporada en el infierno (sobre Los suicidas, de Fabio Martínez)

Nomenclatura de lo bello (sobre TARDIS, de Luz Pearson)