El espacio público clausurado o las Ventanas Rotas de Macri

Por Tomás Astelarra

La clausura violenta del Centro Artes Batalla Cultural de Vicente López por parte del el sábado pasado, luego de que se realizara La Feria del Libro Independiente y Autogestiva, dispara un análisis sobre la política de espacios públicos y culturales llevada adelante en la Ciudad de Buenos Aires por su ex Jefe de Gobierno, hoy devenido Presidente de la Argentina.

Los paralelos en la historia política no son ecuaciones, pero a los mejor pueden sentar las claves de algún proceso amplio, alguna conducta o estrategia de largo plazo, que en esos puntos dispersos trazan una línea.

El lunes 18 de mayo de 2009 una topadora arrasaba con siete años de construcción comunitaria. La Huerta Orgazmika había nacido como una iniciativa de vecinos para recuperar una parte de la abandonada plaza Giordano Bruno de Caballito, al costado de las vías del Ferrocarril Sarmiento. Se hacían talleres de permacultura, huerta y construcción natural, se había levantado un pequeño rancho de adobe donde también se alojaba a personas en situación de calle. La excusa, además de la falta de habilitación, fue una bañadera donde se criaban algas comestibles que, según el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en manos de Mauricio Macri, podía provocar “dengue”.

No hubo consultas ni orden de desalojo, no hubo diálogo (en realidad sí, las y los integrantes de la Huerta Orgazmika llevaban meses reuniéndose con el director general del CGP Nº 6, Marcelo Iambrich, que 20 días antes les había asegurado que no habría desalojo). Después de los hechos casi no hubo repercusión mediática masiva (salvo un artículo en Página/12 y, por supuesto, cientos de medios comunitarios). Más bien muchos vecinos presenciaron entre sorprendidos e indignados esa multitud de jipis barbudos haciendo asambleas en el cruce de vías de Ricardo Rojas (junto a tres indigentes que habían sido las únicas víctimas físicas del brutal desalojo en el cual se les quemaron sus colchones y pertenencias).

El operativo se realizó a las cuatro de la madrugada con más de 20 efectivos de la Policía Federal, tres grupos de infantería y una patota de la Unidad de Control de Espacio Público (UCEP), la flamante unidad inaugurada por el gobierno de Mauricio Macri, que finalmente debió ser desmontada en noviembre de 2009 ante las constantes denuncias de la Defensoría del Pueblo, organizaciones sociales, partidos opositores, periodistas, vecinos y personas sin techo damnificadas. Se la acusaba de ejercer violencia física y verbal contra indigentes y sustraerles sus pertenencias. Incluso una mujer embarazada denunció no sólo haber sido golpeada e insultada, sino también haber sido abusada sexualmente. Lejos de asumir el error, el jefe de gobierno de la CABA negó las denuncias, calificó las críticas de “oportunismo político” y explicó que decidió disolver la UCEP porque “se cumplió una etapa y por el nivel de agresión de un sector político que busca sistemáticamente el conflicto”.

Las funciones de la UCEP quedaron en manos de la secretaría de Desarrollo Social, en esos momento a cargo de María Eugenia Vidal. Una excelente descripción de la nueva gobernadora de la provincia de Buenos Aires publicada en la revista Anfibia por Andrés Fidanza recuerda un reunión en 2001 en que la Corte Suprema llamó a la entonces secretaria de Desarrollo Social para ver cómo iba a solucionar la avalancha de juicios contra el gobierno de Buenos Aires. En ese año había 1200 casos en juzgados de primera instancia porteños y otros 200 en Cámara de Apelaciones. ¿La razón? Vidal se había empeñado en mantener a rajatabla el tope de 4000 personas que cobraban el subsidio por “persona en situación de calle”, además del límite de 10 meses para recibirlo. Como si fuera poco, había instaurado la interpretación de que si las personas utilizaban los albergues de noche estatales, “no estaban en situación de calle”. “Así, las opciones para los miles de homeless porteños eran: el parador o los 700 pesos. Y si elegían cobrar los 700 pesos para intentar pagar un alquiler o la habitación de un hotel, sólo lo podían hacer por un lapso de diez meses. Después de eso, alguno de los 22 albergues estatales o a la calle otra vez”, explica Fidanza.

Made in New York

La UCEP y la Huerta Orgazmika fueron apenas uno de los tantos escalones en la política de espacio público de Mauricio Macri (desalojo violento de centros comunitarios y culturales o asentamientos como el Indoamericano, reducción de la asistencia social, privatización de edificios públicos como los hospitales neuropsiquiátricos Borda y Moyano en pos de proyectos inmobiliarios y comerciales, persecución a personas en situación de calle, enrejado de plazas, estafas y poco control en la construcción de megaedificios, atentados contra monumentos históricos de la ciudad y muchos otros etc.).

Una política, como muchas otras, importada de Estados Unidos. Se llama “Ventanas Rotas” (Broken Windows). Surge del libro Arreglando Ventanas Rotas (1996) de George L. Kelling y Catherine Coles, donde se asocia el desorden y el mal aspecto de las calles y ciudadanos con la criminalidad. En los años ochenta, Kelling fue contratado como consultor para el Departamento de Tránsito de Nueva York y el de policía de Los Ángeles y Boston. Pero fue el político conservador Rudy Giuliani el que llevó la aplicación de la teoría de Ventanas Rotas a su máxima expresión como alcalde de New York en los noventa, bajo programas de “tolerancia cero” y “calidad de vida”.

Entre otras acciones, se borraron todos los tradicionales graffitis del subte, se persiguió a los limpia vidrios y la gente que tomaba cerveza u “orinaba” en la calle, amén de personas con aspecto desordenado, ya sean indigentes, jipis o artistas. Todo eso como una forma eficiente de combatir el delito (cuyo resultado fue demostrado con estadísticas que luego fueron desmentidas). La política también fue aplicada por el gobernador de Medellín y luego presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, que esquivando sus vínculos con el narcotráfico y el paramilitarismo responsable de uno de los mayores genocidios que ha vivido el continente es su historia reciente, es hoy uno de los principales asesores en temas de “seguridad democrática” a nivel mundial.

Claro que Uribe le imprimió a la política de “Ventanas Rotas” su impronta caribeña o sudakamericana. Es sabido que la pobreza y la impunidad, por alguna razón, son mayores en el patio trasero de Estados Unidos. En Colombia se incorporaron a la política de “Ventanas Rotas” figuras como la “limpieza social” (camiones que recorren de noche las ciudades para la recolección de indigentes para su exterminio) o los “falsos positivos” (jóvenes de barrios marginales asesinados para luego ser trasladados a zonas de conflicto para ser presentados ante los medios masivos como guerrilleros caídos en combate). En diciembre de 2010, Mauricio Macri nombró a Uribe “Huésped de Honor” de la Ciudad. “Es una esperanza para todos los latinoamericanos”, dijo el jefe de gobierno porteño en aquella ocasión.

Palos contra la Batalla Cultural

El último sábado, poco después de la realización de la Feria del Libro Independiente y Alternativa (FLIA) la policía cayó a clausurar el Centro Artes Batalla Cultural de Vicente López (municipio gobernado por Jorge Macri). Con camionetas sin patente, policías sin identificación apagaron la luz, se llevaron varios presos. La excusa fue la falta de habilitación (que según los miembros del centro cultural donde funciona una unidad básica del Frente para la Victoria existía y nunca fue pedida) y la denuncia de vecinos por ruidos molestos y expendios de alcohol. Los medios masivos (salvo nuevamente Página/12 y Tiempo Argentino) brillaron por su ausencia en la cobertura, cuando no sostuvieron la versión “oficial” de los hechos, los vecinos hablaron de “pelilargos violentos y drogadictos”. En paralelo la nueva gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, dicen que cerrará el programa Envión donde dos mil profesionales dan talleres de arte y oficios a 50 mil jóvenes bonaerenses de bajos recursos.

Dos puntos, dos situaciones paralelas ¿una recta política que permite prevenir el futuro?

El viernes que viene desde las 15hs habrá una FLIA de emergencia “en contra de la represión” en la estación de Olivos. A metros del Centro Artes Batalla Cultural de Vicente López, para festejar la literatura, la música, la cultura y la autogestión. Para decirle al “poder” que las matemáticas, la geometría positivista, no siempre es infalible en esta humanidad que aún resiste lo monstruos que generaron los sueños de la razón de este sangrante presente globalizado.