El Frida

Fotos por Loreley Ritta / Texto por Trabajadoras del Frida

Primeras imágenes del único centro de integración para mujeres cis y trans en situación de calle de Buenos Aires.

El Centro de Integración Frida abrió sus puertas en julio de 2015 en el barrio de Parque Patricios, convirtiéndose en el primer centro de integración social, preparado para albergar y contener las 24 horas a mujeres cis y trans, con y sin hijxs, que se encuentran en situación de calle en Buenos Aires.
La gestión del Centro de Integración Frida se encuentra a cargo de dos organizaciones sociales afines: Proyecto 7 y No Tan Distintas. Desde hace años, estas organizaciones trabajan la problemática de las personas en situación de calle y en riesgo de estarlo y, con distintas trayectorias, comparten un enfoque y una metodología de trabajo. En su recorrido, ambas han participado de distintos espacios colectivos y de lucha por la sanción, reglamentación y aplicación de las leyes destinadas a las personas en situación de calle. Además, desde 2011, Proyecto 7 administra el Centro de Integración Monteagudo, orientado a la integración social de varones en situación de calle, un lugar abierto y plural, donde todos sus integrantes forman parte de los procesos decisorios de modo horizontal y participativo.
Para crear este proyecto, también se convocó a un conjunto de compañeras que conocen la problemática, que se sumaron y aportaron sus conocimientos y experiencias. De esta construcción conjunta, devino lo que hoy estamos festejando junto a muchas compañeras con distintas historias: el Frida.
Hoy, el Centro de Integración Frida significa, entre otras cosas: que las mujeres en situación de calle participan de un proyecto que las piensa como protagonistas de sus historias, que el desarrollo y la autogestión de un proyecto no asistencialista es posible y deseable para abordar una problemática tan estructural como es la situación de que las organizaciones sociales acertamos cuando nos propusimos organizarnos y continuar con la lucha por los derechos de las personas en situación de vulnerabilidad social; que solo abriendo el diálogo a todos/as aquellos/as que quieran participar de algo distinto, se pueden crear nuevas miradas, alianzas y deseos; que el espacio público de esta Ciudad nos pertenece a pesar de que nos quieran hacer creer lo contrario.
Habitamos el Frida como práctica de la resistencia, como cuerpo colectivo libre de violencia, como práctica de la autonomía, como la posibilidad de crear y sanar; como práctica revolucionaria, como alianza entre todxs pensando nuevos rumbos; haciendo carne lo que hace años venimos sosteniendo desde la lucha: LA CALLE NO ES UN LUGAR PARA VIVIR.

 

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