El maestro

Por Gustavo Ramos/ Ilustración por Cabro

— Soy el maestro suplente. Su maestro no pudo venir hoy, está enfermo –comienza la clase el Diablo.

— Hoy hablaremos de “la Odiología” –prosigue.

Los chicos miran extrañados.

— Sí, no me miren así, “la ciencia del odio”. A ver, pónganse a pensar en todo lo que hace daño y les agrada, todo lo que les gustaría hacerle a alguien, desde la simpleza de meter un petardo en la boca de un sapo y divertirte al verlo saltar en pedazos y que su lengua serpentee en el aire hasta tirarle con una gomera a un pájaro. Pero piensen en algo más allá, piensen en seres humanos. Busquen dentro suyo, todos tienen el mal, el deseo de hacer sufrir a otro, el odio heredado, el miedo irracional que se convierte en asesinato. ¿No les gusta ver películas de acción, de guerra, de hombres con pistola que se ganan a la joven más bella, disparar a cuánto se mueva, un cowboy, un gángster, un policía de Los Ángeles? El sufrimiento los alimenta, recuerden eso. Cuanto más hagan sufrir, más vivos y felices se sentirán. El odio es indiscriminado. No hay razón, ni credos, sólo seres humanos odiándose por ideas absurdas que intentan ocultar el verdadero motivo, el mal que poseen, a diferencia de esos otros seres de este planeta, movidos por instintos de supervivencia, pero la crueldad humana supera el alimento y el cobijo, allí hay otra cosa, ¡Es el placer! El placer que yo les… ejem, bueno, pero… no nos vayamos del tema. ¿Qué dicen ahora? ¿Conocían o no conocían esta ciencia, alumnos? Creo que sí han escuchado de ella ¿No? ¿Saben de lo que les hablo? ¡Sí, no sean tímidos! ¡Vamos! ¡Levántense! ¡¿Qué esperan?! ¡Pueden practicar lo aprendido ahora mismo con sus compañeros! ¡A jugar! ¡A ver quién sabe más!

Los niños lo miran y luego se miran entre ellos. Los grupitos separados se unen, pero no por agrado, sino para la guerra.
Los niños, las niñas, todos en pelea. Crueles, levantan a uno con lentes, el más débil, entre unos cuantos más atléticos, fanáticos del fútbol, que lo tiran y lo patean insaciablemente. Después, la lucha ya es indiscriminada, todos contra todos, motivados por la sangre del primer abatido. Empiezan a tirarse con sillas, a estirarse las colitas las niñas e incrustarse las patas de hierro de las mesas los varones, luchando con lápices, lapiceras puntiagudas, tijeras, compases y borradores.

El Diablo observa sonriendo la escena en sangre. Escribe sobre el pizarrón el tema del día con pulso relajado y se va satisfecho al ver en silencio el aula.

 

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Este cuento breve pertenece al libro “De pérdida y olvido” publicado recientemente y que se presenta el sábado 17  de septiembre  a las 20 hs. en la librería “La Libre” ubicada el la calle Bolivar 646 de San Telmo.