El negocio del VAR deja al fútbol en fuera de juego

“El sentimiento en el fútbol se debe perder. Esto es un negocio”.

Enrique Cerezo, presidente del Atlético de Madrid.

El ex director técnico Ángel Cappa reflexiona junto a su hija María sobre la última innovación tecnológica del fútbol a nivel mundial: el VAR. Un negocio millonario para unos pocos que “anula la subjetividad futbolística”.

Por Ángel Cappa y María Cappa

Cuando estaba por aparecer se lo vendió como una ayuda a los árbitros. Como el aporte de la tecnología para el avance y progreso del fútbol. Para que las decisiones arbitrales fueran más justas.

Era imposible negarse a semejante aporte. Además, cuando se habla de tecnología y de modernidad, ocurre una especie de seducción general irresistible. Nos hacen sentir partícipes del presente y del futuro. Ser modernos y tecnológicos es casi una obligación, para no caer en las oscuridades del pasado, siempre peor que lo vivido actualmente.

Se asemeja moderno a bueno y antiguo a malo. Nadie quiere lo malo, por supuesto. Y como ser moderno es también vivir a toda velocidad, no hay tiempo para reflexionar, ni siquiera para tener un pensamiento propio. Los medios se encargan de que así sea y en verdad lo hacen muy bien. Nos alimentamos de axiomas que nunca cuestionamos y que generalmente son falsos.

El VAR es una ayuda, ¿para quién?

Cuando el negocio puso sus ojos y sus manos en el fútbol, poco a poco se fue apoderando del juego a través de transmitirle sus valores empresariales. A tal punto que ya no asombra a nadie cuando escuchamos que ganar no es lo más importante, sino lo único importante. En otros tiempos, ya remotos, el juego tenía un valor propio tan o más importante que el resultado. Era cuando el fútbol pertenecía a las clases populares. Antes que la modernidad se lo arrebatase al pueblo, como tantos otros bienes comunes.

El VAR es un negocio que mueve miles de millones de dólares. Las empresas proveedoras de la tecnología necesaria son dos: Crescente Comms (audio) y Hawk-Eye Innovations (video). Esta última fue adquirida en marzo del 2011 por Sony, que desde hace décadas tiene relaciones estrechas con la FIFA.

Para tener una idea del dinero que circula alrededor de esta innovación tecnológica aplicada al fútbol, digamos que hace 6 años la Premier incorporó la Goal Line Technology (GLT) y pagó a la FIFA 16 millones de dólares por 5 temporadas. Y ahora también contrató el VAR.

Otro dato: la Liga australiana de fútbol aceptó usar al VAR en el proceso experimental y cada club debió pagarle a la FIFA 500 mil dólares cada temporada.

Los costos del VAR no son uniformes en todas las competencias ligueras del mundo. Varían según dónde se coloque la sala de análisis: unidades móviles en cada campo de juego o una oficina central.

Para su instalación se deben colocar más cámaras en los estadios, aplicar los sistemas tecnológicos y todos los componentes que se necesitan en la sala de visionado. Para realizar la señal del VAR se necesita la homologación de la FIFA.

Digamos por ultimo que el Financial Times publicó un artículo donde adelanta que la FIFA está contemplando posibles patrocinios durante el tiempo detenido en el partido en el que el VAR decide sobre una acción de juego. Agrega el diario que la FIFA plantea vender esos derechos de patrocinio por 100 millones de libras. Se habla, continúa el Financial Times, de que se podrían pedir hasta 600 mil libras por minuto a los posibles futuros anunciantes. Se calculó que durante el mundial de Rusia hubo en total 27 minutos de paro en los partidos, por causa del VAR.

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Cambia, todo cambia…

Tal como dice la canción de Julio Numhauser, también cambiaron los criterios para juzgar las acciones del juego. Hasta el VAR, el criterio era futbolístico. Ahora ya no tanto. La tecnología tomó la delantera y para el fuera de juego y algunas entradas se recurre a la precisión científica.

Ejemplos. Recientemente en la Premier le fue anulado un gol a Sterling, del Manchester City, porque el VAR descubrió que al recibir la pelota el jugador del City tenía uno de sus hombros ¡3 milímetros! adelantado. La misma suerte corrió Cristiano Ronaldo con la Juve. También la tecnología le anuló un gol por estar uno de sus hombros unos milímetros más adelantado que el último de los defensores. Es evidente que de ninguna manera esos milímetros del hombro tenían alguna incidencia en la jugada. Con criterio futbolístico nunca esos goles hubieran sido anulados.

Pero sucede que se trata de anular la subjetividad futbolística, para darle cabida a la objetividad científica. O sea para darle prioridad al VAR y no al juicio futbolero del árbitro.

Modric del Real Madrid y Molina del Getafe (en la Liga española) fueron expulsados por pisar involuntariamente el talón de un rival al ir a disputar la pelota.

Y al City le anularon otro gol porque al saltar en busca de la pelota con un adversario, el balón rozó el brazo de Laporte (defensor del City) que tenía pegado a su cuerpo, y siguió su curso para que un compañero suyo finalmente hiciera el gol. Otra jugada donde con criterio futbolístico era válida porque no hubo voluntariedad.

No sin razón Modric fue uno de los primeros jugadores en pedir a la FIFA que no utilizara más el VAR. Lo hizo en 2016 en ocasión del torneo mundial de clubes.

“No me gusta el videoarbitraje”, dijo Modric, “es muy lento y crea mucha confusión. Puedo decir que espero que no se siga utilizando”. Y sentenció el jugador del Real Madrid: “para mi eso no es fútbol”.

Como es de esperar nadie escuchó a Modric ni a otros jugadores que opinaron más o menos lo mismo. La lluvia de dólares que genera esta aplicación tecnológica no solo enceguece de placer a los empresarios y a los dirigentes de la FIFA, sino que también los ensordece.

La panza es reina y el dinero Dios

Lo dijo Discépolo en un tango hace muchísimos años. Fue un profeta. La etapa actual del Capitalismo es de una rapacidad feroz. Como sistema agotado y sin respuestas para la mayoría de la humanidad, arrasa con todo. No es casual el auge del neofascismo en muchos países del mundo, porque ya no les alcanza con la voracidad del neoliberalismo. Bolsonaro en Brasil dejó que se queme la Amazonia porque varias empresas constructoras proyectan llenar de cemento el pulmón del mundo. Trump dice que los científicos que alertan por el calentamiento global y advierten que tenemos poco tiempo ya para solucionarlo, mienten. Y la emprende contra los inmigrantes, los negros y los hispanos. Salvini en Italia y Vox en España no están de acuerdo con salvar de la muerte a los inmigrantes que llegan por el mar en pateras. Mientras, el resto del mundo se desentiende.

¿Nos podemos asombrar de que el Capitalismo le haya robado el fútbol a la gente más humilde que es donde nació y nace todos los días?

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