El planeta con una sola calle

El planeta con una sola calle

Por Cezary Novek. Segunda parte de la entrevista a Ramiro Sanchiz, autor de La historia de la ciencia ficción uruguaya, una ucronía que celebra las épocas del fanzine en una Montevideo alternativa.

-¿La historia de la ciencia ficción uruguaya se puede leer como una crónica imaginaria de lo que era la publicación autogestionada en los ’90?

Si hacés abstracción de la ucronía, es una trasposición relativamente fiel a la “verdadera” historia de la ciencia ficción uruguaya, con nombres cambiados y, por supuesto, no pocas concesiones a lo que podríamos llamar el “conjunto de normas” del Proyecto Stahl. Entonces, si postularas que la ucronía de la novela no tiene mayor influencia en los acontecimientos narrados (una hipótesis que, si bien yo no comparto, no me parece desatinada), lo que tendrías es, sí, algo muy cercano a una crónica imaginaria de la ciencia ficción, la fantasía y el under uruguayos de la década de 1990.

-Mantenés actualizados cuatro blogs (Proyecto Stahl, Partículas rasantes, Aparatos de vuelo rasante y Lecturas rasantes), publicás regularmente cuentos en revistas especializadas y casi todos los años tenés una novela nueva. ¿Escribís todos los días?

En rigor hay blogs que no toco desde hace meses, pero están ahí y algún día los retomaré. Escribo, sí, todos los días, así sean notas; idealmente más que eso, claro, pero no siempre se puede. Y además hay que vivir; vivo, en cierto sentido, de mi escritura y lectura sobre la escritura y lectura de otros, y me divierto mucho. En cuanto a método…, sé qué voy a escribir cuando termine lo que estoy escribiendo ahora. A veces rompo esa predicción, pero la mayor parte de las veces tengo bastante planeado mi trabajo (en cuanto a ficciones, claro) para los siguientes cuatro o cinco meses. Y hace dos años que tomo notas para una novela que espero empezar el año que viene.

Participás en discusiones y polémicas con otros autores. ¿Considerás que la interacción escrita con colegas es parte de la obra? ¿Tenés miedo de que esto distraiga tu tiempo/energía de la ficción como producción principal?

No, no distrae mi tiempo o energía porque es parte de lo que quiero hacer, de mi proyecto como escritor (que incluye, por supuesto, al Proyecto Stahl); escribir crítica es escribir ficciones sobre (o con) otras ficciones (que a su vez están hechas de otras ficciones, por supuesto); y esa crítica que sale en blogs o en revistas o diarios firmada por mí es tan parte de mi escritura como mi última novela; de ambas zonas se proyecta un personaje-autor o una figura-autor, el sujeto que enuncia el proyecto narrativo y la crítica. La construcción de ese sujeto (que es y no es el sujeto “real” Ramiro Sanchiz) es la creación, entonces, de una ficción de segundo o tercer orden, y ahí no distingo novelas de ensayos. Me interesa –y como soy medio propenso a enojarme por tonterías– señalar la estupidez de entender la crítica como una práctica tributaria de algo más noble, “la literatura”, y desde ahí los clichés de “crítico malo/escritor bueno” o del crítico como un creador frustrado; a la vez, me gusta la confrontación, incluso la “pelea”, en particular si pienso en un medio tan hipócrita y mezquino como el uruguayo, donde nadie (o, mejor, muy pocos) se anima a decir públicamente pero todos susurran en las tinieblas.

-Cultivaste sobre todo la ciencia ficción, el cyberpunk, lo fantástico y algo de realismo sucio. ¿Hay algún género –de los que no hayas abordado– en el que te gustaría incursionar en el futuro?

No sé si lo he abordado o no –porque eso depende de la lectura que se haga–, pero me interesa muchísimo escribir horror sobrenatural, terror, new weird.

-¿En qué estás trabajando?

Una reescritura de Rayuela, de Cortázar, nada más y nada menos. Pero en clave no sólo Stahl sino de terror y con extraterrestres. De hecho, ése es el título de la novela: Rayuela con extraterrestres. La premisa es que, a principios de los ´60, París fue invadida por cuatro alienígenas que se quedaron a vivir allí, alterando las vidas de la ciudad para siempre. En ese contexto me propuse contar algo parecido a la anécdota central de Rayuela, con Federico como Oliveira, por supuesto. Empezó como algo divertido que se me ocurrió en el subte de Buenos Aires y luego, al incorporarle esa dimensión de terror –que tanto me interesa últimamente– terminó por entusiasmarme mucho. Creo que estará terminada en un par de meses. Y luego planeo dedicarme a un libro de cuentos de terror.

Volviendo a la referencia de la pregunta 2, ¿tenés planes de incursionar en una novela de larga extensión que, de alguna manera, integre las obras anteriores y posteriores como punto neurálgico? Me refiero a un Opus Magnum, algo que le dé una vuelta de tuerca en complejidad, extensión y autorreferencialidad de forma tal que revise tu obra anterior y posterior a ésta. Tal vez te suene rara esta pregunta, pero imaginé algo así. Por poner un ejemplo que me viene a la cabeza: Laiseca tiene Los sorias, que es una novela gigantesca desde la cual se puede leer todo el resto de su obra y que, si bien fue publicada después de tener varias novelas circulando, hace que uno revea el resto de la obra desde otro punto de vista (de hecho, sus otras novelas se pueden leer como emanaciones de esa novela monstruosa).

Hay dos respuestas posibles y una es negativa. No, entonces, porque el Proyecto Stahl es por definición una novela de larg(uísim)a extensión, un Opus Magnum y una Novela Total, un Gran Libro de los Gummies. Pero, a la vez, sí, tengo el deseo de escribir una novela extensa y ardua, llena de personajes y situaciones y mundos, que sea de alguna manera un centro posible del Proyecto Stahl (que, en rigor, debería tener muchos centros alternativos o debería dar la posibilidad de leerse desde cualquiera de sus textos constitutivos como si fueran su centro o sus centros). Es esa novela que llevo ya dos años planeando, la que te mencioné más arriba. Un título de trabajo –y pynchoniano- es M.

-¿Federico Stahl es tu alter ego, tu personaje más querido, un escritor uruguayo, un personaje ficticio más o todas las anteriores?

Federico es nadie. O, mejor, es un conjunto de personajes que se llaman igual pero que, como viven en universos diferentes, son, en rigor, también diferentes entre sí. De hecho, la idea siempre fue vaciar el concepto de personaje, darle otro significado. Ahora, quizá alguno de ellos –el de Perséfone, por ejemplo– es, en cierto modo, un alter ego mío. En el sentido de que nos parecemos bastante, claro está.

-De los personajes reales que aparecen en La historia de la CF, ¿hay alguno de los que se pueda hablar? ¿Alguno de ellos leyó tu novela? ¿Hubo respuesta –oral o escrita– por parte de los involucrados en ella?

Bueno, tenés a Alfredo Kowak, que vendría a ser Pablo Dobrinin. Y por ahí menciono a un sucedáneo del genetista y conocedor de ciencia ficción Víctor Raggio, que sí leyó la novela y, hasta donde sé, le resultó divertida. Scarone, de algún modo el personaje más interesante del libro, está basado en alguien de cuyo nombre no quiero acordarme y que es relativamente fácil de rastrear si se quisiera hacerlo. Digamos que Scarone es esa persona (o, por supuesto, una caricaturización o simplificación de esa persona) más unas cuantas cosas notoriamente ausentes del “original”. 

Bình Luận

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