El ultimo adiós al rey del blues

Por Nicolás Fernández.

La triste muerte de B. B. King fue anunciada de forma oficial en su página web. Fue a las 21.40 del jueves, mientras dormía en su casa de Las Vegas. King tenía 89 años y su salud se había deteriorado en los últimos meses a causa de la diabetes que padecía desde hacía treinta años.
Riley Ben King nació en una zona rural de Misisipi, cerca de la ciudad Itta Bena, el 16 de septiembre de 1925. Criado en su infancia por su abuela materna, sus acercamientos iniciales a la música estuvieron motivados por su ídolo Frank Sinatra, a quien escuchaba en la radio, por el coro de góspel en el que cantaba y la llegada a los 12 años de su primera guitarra. A los 18 comenzó a trabajar como conductor de tractores mientras ya tocaba la guitarra para la banda Famous St Jonh´s Quartet en iglesias y estaciones radiales.
Con tan solo 21 años, siguió al primo de su madre a probar suerte a la famosa ciudad blusera de Memphis, en una época en la que la difusión musical se propagaba a través de las trasmisiones en vivo desde los estudios radiales. Si bien en aquella oportunidad no tuvo mucho éxito tras diez meses de intento, sólo un par de años después regresó y comenzó a cautivar al público local. Fue allí que empezó a trabajar para la estación radial WDIA como cantante de clásicos y también como disc jockey, bajo el seudónimo de Beale Street Blues Boy (por una calle de la ciudad en la cual se sitúan varios clubs de blues), que luego se acortó a Blues Boy y terminó siendo simplemente B.B.

En 1949, King tocó en un salón de baile en Arkansas en el cual se encendió un barril con kerosén, una práctica usual en aquella época para combatir el frío invierno. Dos hombres que comenzaron a pelearse voltearon el barril y el sitio se incendió, lo que provocó la evacuación de los asistentes. Una vez afuera, King se dio cuenta de que su guitarra había quedado adentro y regresó a buscarla arriesgando su propia vida. Más tarde, King descubrió que la disputa había sido a causa del amor de una mujer llamada Lucille y fue a partir de ese hecho que decidió llamar así a sus guitaras. Incluso hizo lucir su nombre en el disco homónimo de 1968 y en “lucille talks back” de 1975.

A lo largo de la década del ´50 alcanza el éxito a nivel nacional, con varios hits como “three o´clok blues”, “woke up this morning”, “please love me”,”you upset me baby”,”every day i have the blues”,”ten long years” y “the thrill is gone”, entre otros muchos. Con un sonido nuevo, estilo propio, con bases clásicas de blues, pero con ritmos más inquietos, con desgarradoras  baladas en las que su guitarra Lucille y su voz se fusionaban, BB King dio conciertos a lo largo y ancho de Estados Unidos. Fue durante esas largas giras que la relación con su mujer Martha se deterioró hasta llegar a la separación definitiva. Situación que se revirtió con su siguiente esposa Sue Hall, quien comenzó a acompañarlo durante tours.

En las décadas siguientes firmó contratos con las mejores compañías discográficas y trabajó con diversos productores. Su música comenzó a trascender las fronteras y alcanzó reconocimiento en toda Europa. En todos los casos, ya sea con sus propios temas o con las versiones de viejos clásicos a los que rejuvenecía, tenía éxito.

Tocó con los más grandes, aunque realmente se podría decir que los más grandes fueron a tocar con él. Jimmy Hendrix, Jonh Lennon, Rolling Stones, Eric Clapton y Stevie Ray Vaughan, entre otros. Otro músico que tuvo el gusto de conocer personalmente y tocar con él en un par de oportunidades fue Norberto Pappo Napolitano. Si bien ya se habían visto en giras anteriores –incluso el rey lo había apodado chesseman, por una horma de queso que Pappo le había regalado en una oportunidad- , fue en 1993 durante un concierto que B.B. King realizó en el Estadio Obras que intensificaron su amistad. Pappo contó la anécdota varias veces. Su banda de entonces, Pappo´s Blues, teloneaba aquel show y B.B. King llegó en su limusina justo cuando su parte terminaba, en el momento en que sonaba “Blues local”. El rey quedó sorprendido por la música y el ruido del público y tras preguntar de quién se trataba les dijo a sus asistentes que lo invitaran para los bises. Pappo se encontraba en la pileta del vestuario, vestido, cuando un asistente lo fue a buscar para anunciarle que lo esperaban en el escenario. El Carpo se vistió como pudo y subió sólo a saludar, hasta que le alcanzaron una guitarra y se percató de que el maestro lo invitaba a tocar con él. Cerraron el show entre abrazos y B.B. King le dijo que tenía que tocar con él en Nueva York. Meses más tarde, el Carpo viajó hacia los Estados Unidos, compartió camarín con B.B. King y fue presentado en el Madison Square Garden como el mejor guitarrista de blues de Sudamérica que hubiera visto. La amistad perduró en el tiempo, al punto de que el trágico fallecimiento de Pappo llevó al rey a decir que Argentina ya no representaba lo mismo para él, sin la presencia del Carpo.

A partir de la década del ´80, su producción discográfica menguó, pero se dedicó a hacer más apariciones públicas en la televisión y gran número de conciertos alrededor del planeta, alimentando su fama mundial. Para ese entonces ya se había decantado por utilizar guitarras Gibson ES-335. La conocida marca incluso puso a la venta en 1999 una “Little Lucille”, en honor al Rey, aunque este tipo de guitarras se dejó de producir.

En los últimos meses, y ya con sus largos 89 años, su salud comenzó a mostrar síntomas de agotamiento. En octubre del año pasado, tras una descompensación, tuvo que cancelar la gira en la que se encontraba –hacía ya tiempo que sólo podía tocar sentado- y en abril llegó a ser hospitalizado por deshidratación.
En su página web se anuncia ahora que el próximo viernes por la tarde, en Las Vegas, se realizará una audiencia pública en su honor y la próxima semana será enterrado en su museo, en Indianola, Misisipi, para que los fanáticos puedan dar su último adiós al blues boy de la calle Beale, casualmente de apellido King, el rey del blues.