En busca de la mano infinita

En busca de la mano infinita

Por José Ignacio Cremona. Nueva entrega de nuestros ensayos sobre rock argentino. Esta vez, nos centramos en fragmentos poco visitados de las letras de uno de los más grandes, Luis Alberto Spinetta.

Dejá tu mano así/
en su aire/
en ella/
sin comienzo/
ni fin/
Juan Gelman- “La Mano”

 

Las letras de Spinetta alcanzan la mano infinita. La mano infinita es una ficción que nace en la poesía de Juan L.Ortiz, y que renace en cada  imagen de las películas de Robert Bresson. Es un conjunto de imágenes que piensa al hombre: es pensar con las manos.

Pero es un eslabón perdido. Es una sola historia la que se impone, la historia de la técnica. En 2001: una odisea del espacio  se narra esa historia, el mono emplea el hueso para matar a otro mono, y por efecto del montaje ese hueso en el aire deviene en nave espacial. Es el pasaje del mono al hombre. Es el ser huMANO. La mano como herramienta, la mediatización. El mundo se vuelve un lugar útil.  La historia del hombre y la funcionalidad. La historia de su “progreso” y su alienación: el futuro llegó hace rato.

El 2001 no fue una odisea del espacio, el 2001 fue Silver Sorgo, es decir, una especie de forraje. El enemigo con su técnica especulativa nos dejó en el desierto. Pero sólo en el desierto se ve la verdad. Y esas circunstancias histórico-sociales nos obligan a pensar un poco al respecto. Spinetta en su producción letrística da sutiles indicios para reflexionar lo que fue y lo que es hasta hoy ese problema.   

Hay un mundo disperso, eso está claro, es la veta distópica de las letras de Spinetta, imposible de reunirlo. ¿Imposible? Hay que preguntárselo a las propias manos, ellas podrán restituir ese lazo perdido entre el mono y la nave espacial. Walter Benjamin, de cierta manera, también se lo preguntó en el texto “El artista como productor”: “¿Qué pasa entre el metal y la mano?”. La historia de un mundo disperso, de un mundo alienado que produce con las manos pero desconoce lo que está produciendo, que produce para esclavizarse. Sin ir tan lejos, Rimbaud en su siglo dijo que jamás tendría una mano, negando su utilidad al mundo productivo, mediatizado, incipientemente progresista; su mala sangre no se lo permitía.

No es costoso per-seguir en Spinetta la diseminación  de manos que existe en su escritura. Las manos como una suerte de reivindicación de nuestras acciones en el mundo, por eso quiero destacar esta dimensión táctil de las canciones, donde se resalta un modo específico de producir. Es decir, como un modo de tocar: su música, por un lado, como una de las acepciones que el verbo permite, y por otro lado, como una forma recíproca de contacto, que deja impresas las huellas de sus manos en la escritura y en los cuerpos.

Por esta razón, desde los inicios con el grupo Almendra hasta su último disco, Un Mañana (2008), se puede rastrear esta insistencia por las manos. Desde “¿Dónde estás ahora que el viento borró tus manos?” hasta “No quiere decir” Spinetta está buscando devolverle un valor táctil a la música. El motivo más relevante que aparece en esta focalización marcada en sus letras  es que Spinetta busca pensar con las manos. Esto no es un detalle menor, ya que pensar con las manos sintetiza la cuota de acción que siempre se le reclamó  al pensamiento.      

Esta lectura acerca de las manos se distancia de esa visión trascendentalista que impera en la exégesis de sus letras, temas como el amor, la luz, el goce de la espiritualidad, entre otras. Las manos son el cuerpo en la escritura spinetteana, no el organismo, no se trata de una sinécdoque, ni de ningún más allá de las propias manos. Las manos conectan un sinfín de posibilidades: hacen brisa, se encienden, crean, cuentan, hablan, leen, sueñan etc. No pertenecen al organismo, por eso la fragmentación que sostengo en este punto. Hay que estar atentos a las intensidades específicas que produce este atributo. Las simples identificaciones son rechazadas, para librar al pensamiento desnutrido de creación de su abandono.

Finalmente, no se trata sólo de Spinetta, sino de ver en perspectiva otras cuestiones.  La cultura argentina amerita  ser pensada en torno a las manos, en una línea arbitraria que va desde Juan Vucetich, pasando por algunas letras del tango, del folclore, la mano de Dios, hasta las robadas manos de Perón. Algo pasa en este país con las manos.  Es una aventura del pensamiento la que pretende condensarse en este artículo. Que lo escribe un ser alienado en un siglo de dedos y  quiere descubrir de nuevo sus manos.  

 

Notas Relacionadas:

Intenso y no violento: Violeta Castillo, lo implícito hecho canción

Mi emoción era la disidencia