Entre el dolor, la cobertura del asesinato de Lola: un análisis necesario (I)

Por Laura Salomé Canteros.

Un análisis exhaustivo y una autocrítica necesaria. Dialogamos con tres periodistas de género sobre la cobertura de los medios masivos del asesinato de Lola Chomnalez. En esta primera parte, las mujeres y las niñas, ¿las más vulnerables o las más violentadas? Las similitudes y diferencias con historias cercanas en el tiempo: Ángeles Rawson, Araceli Ramos y Melina Romero.

 

Exposición innecesaria de las memorias y los cuerpos, sospechas indeseadas, falsos moralismos, morbo sexista y discriminación clasista; todo cabe en el combo de los medios cubriendo la interrupción de las vidas de mujeres jóvenes.

Quienes seguimos con especial atención las coberturas de historias de mujeres violentadas, transformadas en casos policiales para la mayoría de los medios, nos sabemos una vez más ante uno de esos casos dignos de análisis. El repaso sobre la construcción de las noticias en las que las niñas y mujeres son protagonistas de múltiples violencias es un ejercicio de contemporánea moda pero de aun necesaria obligatoriedad al momento de suspender frenéticas rutinas y repensar qué clase de periodismo estamos ejerciendo.

Para esto, convocamos y dialogamos con Sibila Camps, Gabriela Barcaglioni y Valeria Sampedro, tres profesionales de los medios e integrantes de la Red PAR –Periodistas de Argentina en Red por una comunicación no sexista-, quienes a modo de intercambio reflexivo y autocrítico, opinaron sobre la vorágine de (des)información alrededor del asesinato de la joven Lola Chomnalez en Barra de Valizas, Uruguay, el pasado 30 de diciembre.

¿Las más vulnerables o las más violentadas?

“Hubo escenas penosas en la televisión la semana pasada. Y prometen seguir mientras no se sepa quién mató a Lola Chomnalez y por qué”, sentencia Valeria Sampedro, periodista de Canal 13, TN y hoy conductora de Telenoche en el prime time del aire televisivo. “La noticia reúne todos los condimentos que permiten alimentar el morbo colectivo y allá fuimos a darles a las y los espectadores lo que querían ver: el lugar de los hechos, corridas, testimonios, periodistas de policiales convertidos en detectives, nuevas hipótesis. Nada que ya no se sepa”.

“Proliferan invitados, “especialistas”, cualquiera que haya visto u oído algo vale, vecinos, conocidos de la madrina, o de la abuela famosa, el mecánico, el portero de la otra cuadra. No importa el dolor de esa familia, estamos en vivo y somos periodistas, queremos periodistar”, dice Sampedro.

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¿Qué puntos de contacto existen entre las coberturas –sobre todo televisivas– de los asesinatos de Ángeles Rawson, Araceli Ramos, Melina Romero y Lola Chomnalez?

Para Sibila Camps, periodista y educadora, “los tres primeros fueron claramente femicidios y buena parte del morbo periodístico estuvo puesto en el componente sexual. En cuanto a Lola, al no haber trascendido hasta ahora indicios de un ataque sexual, el morbo se trasladó a hurgar y exponer detalles truculentos de su autopsia”.

Para la ex periodista de Clarín, “la principal diferencia entre esta cobertura y las otras tres, viene siendo la ostensible falta de calidad periodística, lo que implica, además, falta de ética. La carencia de información es cubierta con suposiciones irresponsables sin asidero, que ensucian el honor de todas las personas que van a declarar al juzgado” y en esto “se da un punto de contacto con el caso de Ángeles Rawson, en el que su padrastro fue puesto en la picota mediática; en el caso de Lola Chomnalez, el principal lapidado fue el esposo de su madrina. El otro punto de contacto es la exhibición inescrupulosa de fotos de las víctimas, robadas de las redes sociales”.

Cuando la descripción de las víctimas se viste de discriminación clasista

“La imagen angelical de una adolescente de familia acomodada, de vacaciones en Uruguay, yendo a leer a la playa, funde a negro, con música incidental, imágenes en diapositiva, el cuerpo semienterrado en la arena, el padrino sospechado. Suficiente material para desplegar el circo mediático”, dice Valeria Sampedro.

Para Gabriela Barcaglioni, comunicadora social y periodista de Radio Provincia de Buenos Aires, “la clase social es una variable que incide en el tratamiento periodístico y arrastra una serie de clichés que distinguen la pertenencia a un grupo socio-económico u otro”. Sostiene que “cuando las adolescentes son parte de un colectivo con menos posibilidades de educación formal y económica estos aspectos se ponen en juego y determinan las ´hipótesis´ de las posibles causas del femicidio”. El caso más cercano es el de Melina Romero, y a diferencia del de Lola, esto no aparece con tanta insistencia.

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“Los relatos periodísticos en el femicidio de Chomnalez están más centrados en aspectos informativos relacionados con la causa judicial y no, como en el anterior, en los aspectos vinculados con la vida íntima de la joven (…); creo que esto tiene que ver con la clase social o grupo socio económico con el cual puede asociarse a la adolescente y a su familia”, sostiene la periodista de Radio Provincia.

Para Barcaglioni “esta modalidad pone en evidencia el disciplinamiento de los medios; marcar lo deseable, lo esperable, y si no se cumple con determinadas cuestiones, como estudiar, por ejemplo puede pasar esto”, te matan. “Es una relación unidireccional, sencilla que nada tiene que envidiarle a las primeras teorizaciones basadas en el conductismo”.

Para Sibila Camps si bien “todos los días desaparecen adolescentes de ambos sexos en la Argentina”; “los medios de alcance nacional, se ocupan de muy pocos casos”. Dice que las coberturas se sostienen “en tanto se trate de una niña y sea bonita, dos condiciones que los prejuicios y la ignorancia ´consideran´ imprescindibles para generar morbo sexual. Y el morbo, se sabe, es un buen combustible del rating, lo suficientemente rendidor como para estirar la cobertura con especulaciones cuando no hay información, en especial si la niña fue asesinada”.

Sostiene que “en este punto, el tratamiento de los medios diverge. Si la adolescente fue violada, buena parte de la ausencia de información es llenada con ´investigaciones´ que ponen el foco en la víctima, buscando ´explicaciones´ al ataque a través de su conducta, como en el caso de Melina Romero. Si no hubo ataque sexual, la cobertura continúa sólo si la chica era de clase media para arriba, como en el caso de Lola Chomnalez”.

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