“Este ciclo regional de fuerte componente plebeyo está muy lejos de agotarse”

Por Gerardo Szalkowicz

Se cumplen 10 años del “entierro” al ALCA en la IV Cumbre de las Américas, punto de inflexión en la historia contemporánea de América Latina. La conmemoración de ese hito fue el principal motivo de gestación del libro “Del no al Alca a Unasur – Diez años después de Mar del Plata”* (ediciones del Centro Cultural de la Cooperación), que hace un recorrido por la última década pero también aborda los dilemas de la etapa actual en la región. Marcha dialogó con el politólogo Agustín Lewit, coordinador del libro (junto a Juan Manuel Karg), quien destaca que “aquella derrota de Estados Unidos fue el puntapié inicial para construir nuevos consensos regionales”.

-¿Cuál es el significado histórico de aquel grito suramericano de NO al ALCA y qué pautas marcó de cara a los 10 años que siguieron?

-Creo que lo que sucedió en aquella IV Cumbre de las Américas en Mar del Plata, hace ya diez años, fue un acontecimiento en el más amplio sentido de la palabra: uno de esos episodios de la historia que marcan un punto de inflexión, una torcida del rumbo en la región. Efectivamente, allí comenzó algo nuevo –eso que a falta de mayores precisiones llamamos “un nuevo tiempo regional”- promovido por la voluntad de varios presidentes suramericanos, principalmente Lula y Kirchner, que decidieron acoplarse a una temprana resistencia de Hugo Chávez, quien ya en la cumbre de Quebec, en 2001, se había opuesto en solitario al ALCA. Fue esa convergencia de voluntades la que logró frenar al proyecto imperial de Estados Unidos, que por aquel entonces capitaneaba Bush hijo, lo cual de algún modo se inscribió como novedad: los países del sur frenaban una embestida del gigante del norte.

Pero también -para ser justos con la historia- hay que decir que aquel grito de no al ALCA llevó en sus espaldas una larga tradición emancipatoria, que abarca desde Bolívar hasta experiencias de resistencia contemporáneas como el Caracazo, la irrupción del zapatismo, el diciembre argentino de 2001 o la guerra del agua en Bolivia. Esa conexión histórica, que en absoluto es forzada, me parece crucial para comprender lo que sucedió en Mar del Palta en toda su complejidad.

Por otro lado, aquel encuentro fue de alguna manera el que propició muchas de las cosas que vinieron después y que transformaron la cartografía regional: la creación de Unasur, de la Celac, la ampliación del Mercosur y del Alba. Y, en términos más generales, aquella derrota de EEUU fue el puntapié inicial para construir nuevos consensos regionales respecto a la recuperación de la centralidad estatal, a la inclusión de las mayorías, al reforzamiento de la integración regional.

-En este sentido, ¿qué elementos intenta aportar el libro en la revisión de esta década de cambios?

-El libro surgió a partir del objetivo de conmemorar los diez años de la Cumbre de Mar del Plata. Pero en la medida que fuimos madurando el proyecto, fuimos también ampliando los objetivos. Ya no sólo procuramos revisitar aquellos días de noviembre de 2005, sino también aprovechar la ocasión para hacer, en la medida de lo posible, un diagnóstico lo más completo posible sobre los últimos diez años de la región e, incluso, atrevernos a ensayar algunas claves respecto al futuro que se nos viene.

En virtud de esos objetivos, convocamos a una serie de investigadores argentinos y de otros países de la región para que profundizaran en algunas de las tramas, escenarios o aspectos de la última década. En ese sentido, el libro incluye artículos con una mirada económica sobre los diez años, artículos que trabajan la integración regional y el surgimiento de los nuevos organismos, otros que profundizan acerca del papel de los líderes de estos procesos, y otros trabajos que reflexionan sobre las transformaciones de la democracia en la última década desde una mirada más teórica. Además de los artículos, el libro se completa con una serie de entrevistas que realizamos a destacados políticos, intelectuales y referentes periodísticos de la región, que aportan una voz en primera persona, con el condimento extra de que algunos de ellos son o fueron verdaderos protagonistas de los procesos de cambio. Por ejemplo, hay entrevistas a Jorge Taiana, quien por entonces era vice-canciller y fue nada más ni nada menos que el coordinador general de la Cumbre, a Ernesto Samper, actual secretario general de Unasur, a Florsivaldo Fier, alto representante de Mercosur, y a Guillaume Long, ministro de Cultura de Ecuador, entre otros.

En fin, creo que los artículos y las entrevistas, sumado a un prólogo/introducción de Atilio Boron, proponen múltiples entradas al proceso abierto tras el No al ALCA, lo cual da un marco bastante exhaustivo. Que, además, en absoluto se queda en la celebración, sino que marca los puntos grises y las cuentas pendientes.

-¿Cómo analizás la etapa actual que atraviesa la región (principalmente Suramérica) en relación a los debates sobre el supuesto “fin de ciclo” de algunos gobiernos progresistas o ciertos retrocesos que se visualizan en algunos países?

-La sentencia del fin de ciclo me parece cuanto menos apresurada. Dicho esto, me parece que es claro cierto amesetamiento tanto a nivel regional, es decir, en la profundización del accionar de los nuevos organismos, como en los distintos escenarios nacionales.

Respecto a lo primero, son evidentes los avances en términos de integración política a partir del surgimiento de Unasur o la Celac. Sin embargo, creo que aún resta mucho por hacer –y es una cuestión que se ha dejado un tanto de lado- en términos de integración económica, tanto en lo que se refiere a la profundización de los vínculos comerciales entre los países de la región como así también fortalecer posiciones comunes de la región frente al mundo.

Por otro lado, situándonos en algunos países en particular, también se constata cierto estancamiento, sino algún retroceso. Y el caso más paradigmático es Brasil y toda la política de ajuste que Dilma está llevando adelante en su segundo mandato.

De todos modos, creo que hay algo cíclico en los procesos, que, al igual que las personas, a veces se cansan y es necesario que bajen la intensidad: no podemos demandarle que matengan todo el tiempo el ímpetu de años anteriores. Lo más importante –creo- es que estos gobiernos demostraron que se puede mejorar, que se puede caminar un rumbo con cierta soberanía, que se puede enfrentar las presiones del mercado, de las potencias internacionales, de los medios concentrados. Eso se ha inscripto en la memoria colectiva y es muy difícil de borrar de un día para el otro.

En suma, aunque se advierta cierto retroceso, creo de todos modos que todo este ciclo político de fuerte componente plebeyo está muy lejos de agotarse.

– ¿Hay un estancamiento en el proceso de integración latinoamericana? ¿Por dónde creés que pasan las principales trabas que atraviesa?

-Muchos de los países que se inscriben en el eje posneoliberal, y que de alguna manera han comandado y llevado la delantera en el proceso de integración, se encuentran atravesando fuertes tensiones en sus coyunturas internas. Brasil con su ajuste, Venezuela enfrentando una furibunda guerra económica, Argentina disputando la continuidad o no del kirchnerismo, Ecuador con toda la tensión suscitada en torno a las leyes de Herencia y Plusvalía. En fin, creo que las urgencias aparecidas en los distintos escenarios nacionales han quitado un poco de vigorosidad al proceso de integración.

Sin embargo, no hay que perder de vista que los avances a nivel regional fueron, antes que nada, productos de la sinergia de los distintos procesos nacionales. Pero para que ello siga funcionando, los países de la región tienen que estar en contacto, apuntalándose unos a otros, reforzándose mutuamente. Con diferentes intensidades, y atravesados por singularidades de cada historia nacional, Venezuela, Ecuador, Brasil, Argentina, Uruguay y Bolivia están dando la misma batalla y enfrentándose contra los mismos actores. Esa lucha busca, como dijo Chávez en la contracumbre ante un estadio abarrotado, parir una nueva historia. Eso no es sencillo, está claro. Pero la primera condición de posibilidad para soñar al menos con algún tipo de emancipación es seguir apostando por la integración.

* El libro “Del no al Alca a Unasur – Diez años después de Mar del Plata” se puede conseguir en el Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1543, Ciudad de Buenos Aires.