Faro de la utopía: Nora Cortiñas

En todo reclamo, violación de derechos, ya sea en el conurbano bonaerense o en cualquier otra región de la Argentina, Norita está. Allí aparece su figura, su voz. Su pequeño cuerpo, su pañuelo blanco, la foto de su hijo al cuello, su voz tranquila y contundente, con la vehemencia de quien distingue qué formas tiene la injusticia. Pocas personas despiertan tanta admiración como ella y su lucha inclaudicable en los derechos humanos de ayer y hoy. Hace unos días cumplió 91 años Norita Cortiñas. Y lo celebramos con esta nota.

Por Luz Ailín Báez | Foto de Julieta Colomer*

-¿En qué momento descansa Norita Cortiñas?

-Descanso cuando converso con ustedes, nos es un trabajo, es un placer poder compartir las ideas, pensamientos que tengo a través de 44 años ininterrumpidos en la calle. Gracias a Dios nunca estuve enferma ni tuve que abandonar. A veces me abruman las injusticias. Lo que ocurrió en [el desalojo a las familias en] Guernica, la represión policial en una marcha, me abruma la situación de Milagro Sala, ver que le soltaron la mano después de que centenares de personas fueron a sacarse una foto con ella en la puerta del penal. Un día cuando toda esa gente- políticos y personas de nombre- tuvieron un empleo o un cargo, le soltaron la mano. Está injusta e inconstitucionalmente detenida. En la apertura de sesiones del Congreso hablaba el presidente de la Justicia y resulta que permiten que en la Argentina haya una presa mujer inconstitucionalmente detenida. ¿Qué hacen por Milagro las asociaciones nuevas que nombraron? ¿Los ministerios, secretarías y toda esa pompa? Todo ese ruido que se hace diciendo que hay tantos centros y oficinas públicas para defender a la mujer y Milagro Sala sigue detenida. Y cuando una mujer sin casa para defender a sus hijitos se mete a vivir en una vivienda desocupada que tiene la ciudad de Buenos Aires, la llevan presa por usurpación. Todo eso me hace mal, me desgasta y pienso ¿Qué más hay que hacer?

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Un 15 de abril de 1977 a las nueve menos cuarto de la mañana, Gustavo era secuestrado por un grupo de tareas. Norita sabía de su militancia política en la Juventud Peronista y de su trabajo solidario en barrios humildes, primero en el Barrio de Retiro, junto con el Padre Mujica y luego en Morón. En el momento de su secuestro, Gustavo tenía veinticuatro años, estaba casado y tenía un hijo pequeño, Damián. Apenas quince días después, 30 de abril de 1977, un grupo de madres salían por primera vez a la Plaza de Mayo. Norita  recuerda:

“Ese día [el 30 de abril] no fui, pero desde ese momento ya empecé a salir para ir a la Plaza de Mayo para reclamar por mi hijo y por todos los desaparecidos que ya había en ese momento de la historia. Esa fue la impronta de las Madres: salir a la Plaza a reunirnos a través de la voz de Azucena Villaflor de De Vincenti que propuso ese sitios en vez de ir a locales cerrados, a las oficinas de los abogados, a los organismos que ya existían, la APDH, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. Decidimos ir a la Plaza de Mayo, ya a cielo abierto, a gritar nuestra angustia y nuestra exigencia de la aparición con vida. Y ahí empezamos a salir, a ir a todos lados a pedir por nuestros hijos e hijas”.

Para muchas personas, Norita es una de las principales referentes política y ética que hay en el país. La avalan los 44 años caminando en círculos alrededor de la Pirámide de Mayo junto con otras Madres, pero también levantando, ya como opción personal, consignas contra el ecocidio, la violencia de género, la violencia institucional actual y las luchas de trabajadores, entre tantos otros reclamos. Un año atrás, en su cumpleaños número 90, pidió como regalo la anulación de la deuda de los países empobrecidos de todo el mundo por las políticas económicas del Fondo Monetario Internacional y en el caso de Argentina, la suspensión del pago de la deuda y la realización de una auditoría “para que todos y todas sepamos qué es lo que nos quieren cobrar de esta deuda ilegal, ilegítima y usurera”. Pasos que, con el tiempo conformaron una verdadera agenda de la resistencia.

-¿Hay un hilo conductor que une las luchas históricas de las Madres Línea Fundadora con estas luchas que usted acompaña en el presente?

-Hay una correlación de situaciones porque nosotras levantamos las banderas de lucha de nuestros hijos e hijas. Ellos luchaban, como hoy luchan los movimientos de trabajadores, la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), el Frente Popular Darío Santillán y otros. El correlato es que levantamos las banderas de lucha de nuestros hijos e hijas. Y ahora en estos momentos se unieron los dos pañuelos, el verde y el blanco. No todas las madres tomamos el pañuelo verde, no todas somos feministas.

¿En qué momento se dio cuenta de que era feminista, cómo fue ese proceso?

-Yo no era feminista, yo me crié en un hogar patriarcal cinco hijas mujeres mi mamá era muy calladita, sumisa y la voz de él era la principal. Después tuve novio, me casé con un muchacho muy bueno pero también muy machista. Como yo ya me había criado en ese ambiente con mi papá, era seguir con un ritmo de hogar donde había que ir manejando el machismo de mi marido. Yo me casé muy joven, y me había hecho la idea de que tenía deberes. Cuando se llevaron a Gustavo, salí a la calle y empecé a estar con otras mujeres y luego en los primeros Encuentros Nacionales de Mujeres, me di cuenta de que tenía derechos. Entonces fui creciendo así hasta que un día me di cuenta y sonaron los varones (se ríe). Me di cuenta que quería defender mis derechos y ahí empecé a tomar conciencia, a tener amigas feministas muy centradas, muy inteligentes. Yo le había huido siempre al feminismo porque entendía que también era patriarcal en un punto, por las actitudes que tomaban algunas mujeres. Pero empecé a ver las cosas distintas y a saber que al final de cuentas, después de muchos años, me di cuenta de que las madres éramos un grupo feminista. Un grupo de mujeres enfrentando la dictadura cívico-militar-eclesiástica, a una iglesia cómplice y partícipe del terrorismo de Estado. Y las Madres tomamos decisiones en nuestra lucha. Yo tenía a mi papá, mi marido, mis dos hijos varones, los nietos varones. Tenía miedo de hacerme feminista y odiar a los hombres y no aceptar nada. Me di cuenta con los años que nosotras teníamos una actitud feminista de defensa de la mujer, y ahí empecé a ir a los encuentros de mujeres, a conocer mujeres muy maravillosas y empecé a no tener más miedo.

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Según los datos estadísticos del Registro Unificado de Víctimas de Terrorismo de Estado de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación  (RUVTE), de la totalidad de las desapariciones forzadas denunciadas, un 87, 4%de los mismos permanecen sin información sobre el deceso. Apenas un 3,5% cuenta con información documental o testimonial sobre las circunstancias del deceso y se ha podido probar sólo un 9% de los decesos. Sobre el total de víctimas, el informe refiere que las mujeres representan casi el 26% de los casos y un 16% de las mismas se  encontraban embarazadas al momento de su secuestro.

Cuando se organizó en 1986 el primer Encuentro Nacional de Mujeres, en el Centro Cultural San Martín (CABA), Norita asistió junto con otras dos compañeras de militancia, Madres de desaparecidos: “Íbamos con la intención de transmitir el drama de la desaparición forzada de personas a las mujeres que iban al Encuentro y que no sabían del tema. En esos primeros Encuentros no había todavía talleres de derechos humanos, donde se hablara sobre las y los desaparecidos. Muchas de las mujeres desaparecidas tuvieron familia en cautiverio en las condiciones más horribles, torturadas, atadas a un árbol, a la intemperie, la mayoría fueron violadas, entonces eso había que compartirlo con las mujeres que iban a estos Encuentros. Siempre fuimos bien recibidas, bien tratadas bien escuchadas. Era ir a transmitir lo que estábamos viviendo. Y muchas mujeres se plegaron, apoyaron y fue muy importante que fuéramos a esos encuentros. Las Madres aprendíamos de las mujeres que iban a los Encuentros y les  aportábamos nuestro aprendizaje dramático y difícil de entender. Así también nos ayudaron a entender mejor qué era el feminismo”, relata.

-En sus inicios como activista estaba en contra de que dijeran que la actividad de las Madres era una actividad política. ¿Qué le dirías hoy a esa Norita?

-La gente al principio, para desvalorizar la lucha decía “Las Madres hacen política”. Política hacíamos pero no partidismo político. Estamos hace 44 años en la calle y nunca adherimos a un partido político. Ahora con el paso de los años, en los últimos 15 años ya algunas madres empezaron a querer expresar su partidismo, pero es de modo individual, no se ubica a la institución dentro de un partido político. Hubo otros organismos de Derechos Humanos, como la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) o la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, cuyas autoridades tenían su partidismo. En la Liga la mayoría era del Partido Comunista. En la APDH, había mucha gente del radicalismo, el peronismo y varios políticos socialistas… Nosotras habíamos decidido no hacer partidismo político expreso. Lo mantuvimos muchos años. Cuando asumió [Néstor] Kirchner no todas las madres nos hicimos kirchneristas. Nuestros hijos e hijas, la mayoría fue una generación de izquierda socialista. No venían del radicalismo. Sí del peronismo. Mi hijo [Gustavo] era de la Juventud Peronista. Pero las madres no militábamos dentro del peronismo. Y hoy por hoy las madres que se arrimaron al kirchnerismo, muchas están arrimadas al albertismo pero muchas seguimos siendo independientes. Y esto nos trae más satisfacción que si una está apegada a un partido político. Tratamos de no involucrarnos partidariamente. Es una posición que es respetada. Si uno no se embandera en ningún partido se puede estar en todas las acciones donde hay injusticia. Porque siempre los derechos humanos los viola el Estado. Así que para defenderlos tenés que ser independiente. Las madres vamos a  las movilizaciones donde se reclaman por las injusticias o violaciones a los derechos humanos cualquiera sea el partido.

-¿Para Norita, qué es resistir ?

-Cuando uno ve que hay una injusticia y la denunciás, la rechazás, no la aceptás. Esa es la resistencia. La de los pueblos que ante la pobreza resisten, la resistencia de las poblaciones indígenas desde hace más de 500 años a ser esclavizados e invadidos, hay tantos tipos de resistencias pero siempre por causas justas.

-Este año será un nuevo 24 de marzo que no nos encontrará a todas y todos en las calles.

No nos va a encontrar a todos, pero estarán muchos. Hay organismos y partidos políticos de izquierda e instituciones que están preparando las marchas como nosotras, un grupo de Madres estamos preparando una marcha virtual, convocamos a la gente que puede y quiere salir a la calle, respetando todos los protocolos. Será una marcha respetuosa.

-¿Cómo alimenta la esperanza?

-La resistencia me alimenta la esperanza. Hay una juventud muy hermosa. Hay que acompañarla y ayudarla que encuentre sus cauces y tenemos que seguir trabajando para que se termine la pobreza. Uno de los caminos es suspender el pago de la deuda externa que hasta el mismo presidente [en su discurso de apertura de sesiones del Congreso] dijo que era ilegal, odiosa e impagable. Tenemos que trabajar para un futuro que es presente. Donde queremos que pueda haber libertad de  pensamiento y que se respete a los jóvenes especialmente.

*Publicada originalmente en mundolesa