Fernández-Fernández: perder para ganar, o viceversa

El anuncio de la fórmula Fernández-Fernández tiene un sabor agridulce. La coyuntura permite comprender muchas referencias sobre el Gral. Perón en la presentación de su libro Sinceramente, en la Feria del Libro de este año.

Por Ana Paula Marangoni

La decisión de CFK de oficializar su candidatura en el lugar de vice presidenta, y con Alberto Fernández encabezando la fórmula, fue tan sorpresiva que incluso muchos afirmaron que fue una definición ideada la semana pasada.

Sin embargo, en la presentación del libro Sinceramente del 9 de mayo de este año, la ex mandataria ya estaba dando las claves de la que sería la decisión más importante en este año electoral, al menos hasta la fecha.

Las menciones a los diversos contextos de crisis no fueron mera introducción oratoria, sino que, de algún modo, se estaba haciendo referencia a las dificultades que se presentan en estas circunstancias. En esta línea, la referencia directa al Pacto social de Perón en el ´73 y luego, de uno de sus discursos del 12 de junio del ´74, aludieron no solo a una crisis social sino también política.

No hay una sola alusión histórica de las mencionadas que pueda remitir a un momento épico o festivo. El Perón del regreso, luego del exilio, es el más encriptado, oscuro y plagado de fracasos.

Su pacto social de 1973, poco menos de un año después era un fracaso evidente. Y en su discurso del 12 de junio de 1974, absolutamente consciente de las limitaciones en las que se encontraba, afirmó: “cuando acepté gobernar, lo hice pensando en que podría ser útil al país, aunque ello me implicaba un gran sacrificio personal. Pero si llego a percibir el menor indicio que haga inútil ese sacrificio, no titubearé un instante en dejar este lugar a quienes lo puedan llenar con mejores probabilidades”.

Cristina dejó en estas referencias el resultado de reflexiones que fueron mucho más allá de lo esperado por su militancia y su entorno. De algún modo “lee” que su retorno, aunque gran parte del arco opositor se lo pida, no alcanza para lograr la gobernabilidad, en un contexto de crisis que no se puede minimizar. Dicho con sus palabras: “es imposible resolver bien, si no se entiende ni comprende la magnitud, la densidad y la profundidad de los problemas”.

CFK deja estas referencias e incluso pronuncia una vez la palabra renunciamiento. Reflota el discurso de Perón que fue opacado por el de la Plaza, cuando se despide de su pueblo poco tiempo antes de morir. Y a la vez da un discurso que no se pudo comprender en su momento, cegados por la idea de que no había nada más evidente que su candidatura.

La decisión de Cristina no solo transformó el panorama electoral, sino que en un solo movimiento puso a un costado sus prerrogativas con el fin de aspirar no solo a ganar las elecciones, sino también a tener una alternativa de gobernabilidad. Tanto su presidencia como una renuncia completa hubieran permitido la persistencia de grietas y rupturas al interior del peronismo. Con su lugar en la fórmula, se asegura “ofrecer” al movimiento peronista su caudal de votos, dando lugar a que otros actores intervengan, ya sin ofuscarse por su centralidad. Cristina restauró, en una sola jugada, al peronismo (necesario por entero -o casi- para pensar en un mínimo esquema de acuerdo en ambas cámaras y con el apoyo suficiente de gobernadores) y diezmó la principal estrategia discursiva de campaña de la derecha, que se concentró demasiado en su figura y tal vez ya no tenga tiempo para construir otra estrategia de ataque mediático con la misma solidez.

La estrategia es brillante por donde se la mire. Pero sería de una ingenuidad asombrosa teñir de épica una estrategia de derrota (insinuada por CFK en las referencias mencionadas y luego remarcada en la caracterización del presente) y no ver que la jugada magistral es un retorno a los viejos y más tradicionales esquemas del peronismo. Si bien el kirchnerismo siempre fue una expresión peronista, supo deslumbrar con medidas osadas que permitieron una revitalización en su seno, y lograron esa extraña mixtura entre peronismo y progresismo. La nueva fórmula parece dejar poco espacio para la innovación y renueva la expresión “conservadora” en su sentido más literal. Conservar el empleo, al país, recuperar algo de lo perdido. Pero, sobre todo, no irnos (más) a pique.

La salida moderada no deja del todo satisfecho a nadie, y sin embargo hay en ella un baño de realismo casi imposible de contradecir. Prácticamente, no hay demasiadas argumentaciones en contra ni desde la derecha, del peronismo de centro, los convencidos kirchneristas o las izquierdas. Sí hay un desagrado que muchos tratan de ocultar, y una desorientación que se reparte silenciosamente entre filas propias y ajenas.

En sintonía con las fechas patrias, pero también con el final de la serie Game Of Thrones, la fórmula expresa a la perfección una sensación agridulce y contradictoria. La fórmula gana. Y con ella, por lo que se gana, mucho también se pierde.